|
En la ciudad de Esperanza, situada a 45 kilómetros
de la capital provincial
Contaminación ambiental
en Santa Fe
Preocupación por un informe que confirmó el desmanejo
de residuos, que afecta al suelo, el aire y el agua
- El pueblo afectado tiene 35.000 habitantes
- El año último sufrió 24 casos de leucemia
aguda y varios más de cáncer de piel, riñón
y pulmón
- Paralelismo con el caso de Las Toscas
ESPERANZA, Santa Fe.- En esta ciudad, la primera colonia agrícola
del país, ubicada 45 kilómetros al oeste de la capital
provincial, sus 35.000 habitantes padecen una comprensible preocupación:
un informe de la Secretaría de Medio Ambiente santafecina
confirmó que existe una acentuada contaminación del
aire, el agua y el suelo, producto del desmanejo de residuos industriales
como ácido sulfhídrico, dióxido de azufre,
fenoles y cromo 6 (hexavalente).
Este polo agroindustrial del interior santafecino soportó
sólo el año último 24 casos de leucemia aguda
-tres mortales- y varios más de cáncer de piel, riñón
y pulmones.
El efecto letal de la contaminación ambiental sería
también la causa de un porcentaje importante de nacidos con
malformaciones congénitas en las últimas dos décadas.
Este panorama no es nuevo en la provincia. Un año y medio
atrás se denunció un escenario similar en Las Toscas,
al norte, casi en el límite con Chaco, donde decenas de personas
murieron por iguales razones: enfermedades oncohematológicas
(por contaminación de la sangre).
Según pudo saber LA NACION, las causas que originan estas
enfermedades serían las mismas: alteración genética
inducida; es decir, adquirida en el medio, ya sea por contaminación
de productos químicos, radiaciones o virus. En algunos casos
se define como la influencia del tóxico ambiental durante
la gestación de las mujeres, que puede producir una alteración
fetal.
Hay un punto común entre ambos grupos de enfermos, aunque
no necesariamente vinculante. En ambas ciudades, la mayor capacidad
industrial instalada la conforman curtiembres que para la preparación
de sus cueros emplean, entre otros productos, cromo y benzeno. Pero
en Esperanza existe un gran desarrollo de la industria maderera,
que utiliza solventes también tóxicos, así
como en Las Toscas un ingenio azucarero emplea ácido sulfhídrico.
Es llamativa también la coincidencia del medio ambiente
entre dos grupos poblacionales separados por 330 kilómetros.
Ambos estuvieron expuestos durante años a un ineficiente
manejo de los desechos industriales, hasta la sanción de
la ley provincial de Medio Ambiente.
Según explicó Roxana Valentini. hematóloga
del servicio especializado del hospital Iturraspe, de Santa Fe,
"se sabe que los derivados del benceno son inductores de enfermedades
hematológicas. El cromo no es inductor, pero es llamativa
su incidencia en este tipo de enfermedades. Aun así, se necesita
el estudio genético de la paciente para poder confirmarlo".
En Esperanza, las organizaciones no gubernamentales Vivir y Puelches
motivaron a la población para reclamar que se conozcan las
causas que originan este cuadro. En febrero del año último,
Vivir concluyó un censo con 24 casos de leucemia aguda.
"No deja de preocuparnos la cantidad de casos, cada vez más
frecuentes, especialmente en menores de 18 años. Nos llamó
la atención en el censo la alta incidencia de enfermedades
alérgicas por encima de las cardiovasculares, cuando debería
ser todo lo contrario", detalló el médico Florencio
Castoldi, integrante de Vivir.
Reconoció que en este tipo de enfermedades "siempre
hay una multicausalidad", pero citó el caso de un estudio
efectuado en Esperanza entre 1995 y 1998, cuando se comprobó
alta presencia de malformaciones en menores, aun aquellas que las
estadísticas señalan que se registra una entre un
millón. Actualmente, más de 50 niños minusválidos
reciben asistencia en escuelas especiales.
La mortandad de peces en cursos de agua próximos a los volcamientos
de los residuos industriales de las curtiembres no es un hecho nuevo
para Santa Fe. Greenpace lo denunció en Las Toscas.
En este caso, la investigación apunta a enero de 1995. Por
entonces, en el río Salado, a la altura de Esperanza, se
registró la mortandad de peces más importante del
siglo último.
A lo largo de más de un kilómetro y medio, millones
de ejemplares cubrieron todo el curso de agua. Los primeros informes
indicaron que la causa era la ausencia de oxígeno en las
aguas por una bajante del río, aunque no descartaron los
pesticidas empleados en los campos de la zona.
Esas conclusiones fueron circunstanciales. No pudo ser un pesticida
el único causante de la mortandad masiva de peces, ya que
para que un fosforado pudiera ocasionar semejante daño se
hubiesen necesitado centenares de litros. Aun así, el parathión,
por ejemplo, se degrada pronto en el agua (hidrólisis). Además,
la comercialización de ese producto, conocido por su alta
toxicidad, estaba vedada desde 1994. Si alguien quería provocar
semejante desastre hubiera tenido que utilizar una cantidad de pesticida
que no había en el país.
Los informes oficiales destacaron que "los peces analizados
parecían pasados por un hervor de agua" y los especialistas
apuntaron que "la contaminación fue tan horrible que
los caranchos, que comen carroña, no probaron nada del festín
que les ofrece el río", según el diario El Litoral.
Si bien se insistió en la primera hipótesis (falta
de oxígeno en el agua), los especialistas que trabajan compuestos
tóxicos admiten que el cromo es un gran demandante de oxígeno,
aunque las curtiembres también utilizan otros compuestos
para el lavado y desengrasado de cueros e infraestructura.
Meses después de aquella falla contaminante, muchos nacimientos
ocurridos en la zona de Esperanza fueron defectuosos. Algunas empresas
realizaron infraestructura para tratamiento de efluentes, pero ya
era tarde. Aunque algunos prefieren ignorar sus consecuencias.
Fuente: La Nación
Enero 9, 2002
|