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ELIMINARÍA EL 99%
Diseñan un reactor nuclear para reducir al mínimo los residuos
radiactivos
Central nuclear de Trillo, Guadalajara (EL MUNDO)
GUSTAVO CATALÁN DEUS
MADRID.- "Es obvio que existirá un reactor para reducir los
residuos radiactivos", afirma con rotundidad Juan Antonio Rojo,
director del Centro de Investigaciones Energéticas y Medioambientales
(Ciemat). Lo dice con firmeza, porque él mismo coordina el Programa
Eurotrans de la UE que investiga esta tecnología, con ya siete
años de recorrido y decenas de millones de euros gastados.
La llamada transmutación pretende resolver el problema número
uno de las centrales nucleares de todo el mundo, que ya han generado
cientos de miles de toneladas de residuos altamente radiactivos, para
los que ni la comunidad científica ni la industria ni los gobiernos
han hallado el destino adecuado.
La vía de la transmutación es, básicamente, reducir
por 1.000 el volumen de los residuos de alta actividad contenidos en
el combustible nuclear gastado, mediante las técnicas de reprocesamiento
ya en uso. Con el resto, donde se encuentran los actínidos radiactivos
de más larga vida y toxicidad, se aplicaría la transmutación.
Se trata de un proceso de fisión mantenido con el bombardeo de
trillones de protones por segundo hasta lograr la reacción nuclear
continua que quemaría la parte más activa de los residuos.
Pero a esta tecnología le faltan todavía muchos años: "Como
poco, habrá que esperar 20 o 30 años para tener el reactor
nuclear subcrítico que debe ir acompañado de un acelerador
de neutrones", confirma Rojo. Un reactor subcrítico necesita
una permanente inyección de neutrones para mantener activa la
fisión dentro de la vasija.
De hecho, todavía no existe ni un prototipo de este nuevo reactor,
y tampoco del acelerador que sólo están en la mente y en
planos de los investigadores de Eurotrans. "La transmutación
ha podido ir avanzando según se ha ido investigando en los aceleradores
de partículas", reconoce el físico.
Este proyecto de investigación de la UE, que agrupa a decenas
de universidades, institutos científicos y empresas europeas,
entre las que están el Ciemat, el CSIC, seis universidades españolas
y una empresa privada, avanza a los pasos de tortuga de los grandes proyectos
internacionales.
Juan Antonio Rojo junto a su colega italiano, el Nobel Carlo Rubbia
y otros físicos del Consejo Europeo de Investigaciones Nucleares
(CERN), empezaron a dar los primeros pasos en 1994 en la tecnología
de la transmutación, en el acelerador de partículas de
Ginebra.
Accidentes nucleares
"
La energía nuclear civil nació con un pecado original.
Se desarrolló sin que se tomaran todas las medidas de seguridad
que se debían haber tomado antes de lanzarse. Y cuando llegaron
los accidentes de Chernobil y Three Mille Island hubo un gran impacto
en la sociedad", afirma Rojo.
Sin embargo, tras más de dos décadas, este físico
considera que la tecnología ha evolucionado en el aspecto de seguridad,
aunque no ha resuelto qué hacer con los residuos: "Yo no
estoy de acuerdo con su enterramiento y no me parece la mejor solución".
La fórmula de Rojo es la transmutación, que permitiría –al
menos según los principios físicos– eliminar una
gran parte de los residuos, "particularmente el plutonio".
Según sus cálculos, cuando la tecnología esté disponible,
las 300.000 toneladas de residuos radiactivos que hay en el mundo, que
sólo contienen 3.000 toneladas de actínicos de larga vida,
se podrán someter a la transmutación y quedarían
tan sólo tres toneladas. "Este material ya sería más
sencillo de almacenar durante miles de años", dice.
Lo pasos europeos para avanzar en la tecnología incluyen el construir
un transmutador para inicios de los años 20 en el recinto del
almacenamiento de residuos nucleares de Bélgica. Se instalaría
un reactor de 50 megavatios con su acelerador correspondiente.
El paso siguiente sería construir otro prototipo de 300 megavatios,
con un coste de 1.500 millones de euros, que serviría para tratar
los residuos de una central de potencia normal. "Esto podría
funcionar como muy pronto en el año 2030", aclara el director
del Ciemat. Éste sería el modelo comercial del futuro que
evitaría que las nucleares produjeran los peligrosos residuos
y hubiera un rendimiento de la energía que contienen. Los 300
megavatios se añadirían a los de la propia producción
de la planta.
Fuente: El mundo
Septiembre 19, 2007
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