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El desafío de lograr una producción
sustentable
Es un hecho que el petróleo y sus derivados tienen los días
contados. Ante esta situación aparecen nuevos
combustibles. ¿Compiten
con los alimentos? ¿Reemplazan a los combustibles fósiles? ¿Son
un complemento?
Son varias las voces que se alzan a favor y en contra de los biocombustibles.
Quienes apoyan la iniciativa sostienen que el abandono paulatino del
petróleo como consecuencia de su agotamiento ya ha comenzado.
En 15 o 20 años los combustibles generados a partir de biodegradables
cubrirían el 25 por ciento de las necesidades de la energía
mundial. Esto se refleja en la creciente participación de las
inversiones del sector energético en las energías renovables.
Quienes que se oponen, en cambio, consideran que la producción
de biocombustibles aumentará la presión sobre la superficie
cultivada con alimentos (que -por cierto- cada día crece más
como consecuencia del boom sojero) y esto traerá un aumento de
los precios. Desde esta óptica, es una competencia que ya comenzó.
Sin embargo, más allá de las posturas a favor o en contra
lo cierto es que los biocombustibles ya son parte del mercado mundial.
“
Lo tomamos o lo dejamos, es algo que está y que va a crecer, no
podemos dejar de ser partícipes”, dijo Edgardo Caracotche,
presidente de la Confederación General de la Industria (CGI) en
un seminario realizado sobre el tema. “Por eso, Argentina debe
tomar medidas acerca de la provisión de energía”,
aseguró.
Por su parte, Cristian Folgar, subsecretario de Combustibles, dijo: “La
antinomia biocombustibles o alimentos es una discusión de corto
plazo. Se puede estar a favor o en contra, pero nadie puede negar que
están, que existen”, dijo.
Y el funcionario agregó: “Algunos países quieren
importar esta nueva forma de energía y otros quieren producirla
ellos mismos. En este sentido, Argentina, como muy pocos países,
tiene ventajas concretas. Nuestro país tiene una participación
muy grande de combustibles fósiles no renovables en su matriz
energética, casi el 90%”.
Con una posición de rechazo hacia esta nueva política energética,
la cátedra libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP considera: “Lo
que está en juego es una alianza entre los capitales transnacionales:
las petroleras, que quieren disminuir la dependencia del petróleo
de países considerados enemigos; las automotrices, que quieren
seguir con su patrón de producción de transporte individual
para mantener sus ganancias; y las multinacionales del agronegocio, como
Cargill y Monsanto, que quieren seguir monopolizando el mercado mundial
de productos agrícolas”.
En cuanto a la relación biocombustibles o alimentos, Osvaldo Bakovich,
director del área de biocombustibles de la secretaría de
Energía de la Nación, dijo: “No podemos definir el
impacto de los biocombustibles sin definir el escenario temporal donde
lo vamos a efectuar”. Además explicó que la producción
de biocombustibles se encuentra en una primera generación tomando
como insumos principales el aceite de soja, de girasol y de caña
de azucar. Se estima que en una segunda generación (dentro de
unos 5 a 10 años) se pasará a utilizar cultivos que no
son comestibles y que por lo tanto no competirán con los alimentos.
Ante el inevitable agotamiento del petroleo, las energías alternativas
surgen como una posibilidad concreta. En ese sentido, el hambre y la
falta de alimentos no será culpa de los biocombustibles, como
tampoco es culpa de la soja el desmonte de grandes superficies de bosques.
En todo caso, el próximo gobierno deberá tomar las medidas
necesarias para lograr un equilibrio tanto de la producción sojera
como de los nuevos combustibles para lograr una armonía entre
todas las partes.
C.R.L
Fuente: Diario
Hoy
Septiembre 3, 2007
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