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No genera gases de efecto invernadero
El biogás, un combustible que surge de la basura
En Santa Fe y el país, varias instituciones utilizan biodigestores
para obtener gas natural y hacer funcionar cocinas, termotanques y calefones.
Ventajas de una tecnología que en algunas ciudades de Europa se
utiliza a escala y como método para resolver el problema de la
basura.
María Sol Pogliani
En la ciudad, los santafesinos generamos 250 toneladas de residuos cada
día. Los plásticos, metales, vidrios y cartones son separados
para su posterior reciclado, pero lo orgánico llega al relleno
sanitario y se acumula. Tras varios años, reaparece la necesidad
de encontrar nuevos espacios para arrojar los desechos que no se pueden
comercializar.
¿Tienen la yerba húmeda, las cáscaras de naranja
y los restos de comida que arrojamos al cesto algún valor? ¿Son
reutilizables? ¿Pueden generar, a partir de su descomposición,
algo más que olores hediondos?
Los residuos orgánicos que las ciudades producen pueden transformarse
en biogás, un "combustible biológico" que permite
poner en funcionamiento cocinas, calefones, termotanques y heladeras
con ciclo de absorción y producir electricidad en motogeneradores.
Para convertir basura en energía se requiere de un biodigestor,
una cámara de hormigón o de plástico reforzado con
fibra de vidrio a la que se incorporan bacterias anaerobias -que viven
en ausencia de oxígeno-. "Estos microorganismos, al alimentarse
de la materia orgánica para poder subsistir, producen metano (más
conocido como gas natural) y dióxido de carbono. El metano es
el mismo que circula por los gasoductos de todas las ciudades, pero es
biológico, no genera gases de efecto invernadero y es renovable
porque, mientras existan residuos, vamos a tener biogás",
explicó el Ing. Eduardo Groppelli, integrante del Grupo de Energía
No Convencional de la Facultad de Ingeniería Química de
la Universidad Nacional del Litoral y coordinador del Programa de Tecnología
Socialmente Apropiada de la Fundación Proteger, quien destacó que
las bacterias anaerobias se encuentran en el intestino de los mamíferos
y se pueden obtener del estiércol de los animales.
Cuando el proceso de biodigestión termina, no sólo genera
combustible, sino también un abono que tiene características
similares al humus y de granulación más fina que el estiércol,
que facilita su penetración y mezcla en el suelo, donde actúa
como mejorador.
Experiencias locales.
Los biodigestores en la Argentina comenzaron a construirse a fines de
los 80 y desde entonces prosperaron en distintas provincias. El Rotary
Club Santa Fe Los Constituyentes, del Distrito 4.830 -precisó Groppelli-,
financió y favoreció la instalación de 18 equipos
para abastecer comedores escolares, guarderías, escuelas, hogares
y centros comunitarios de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y
San Juan.
En nuestra ciudad, la Fundación Proteger cubre desde 2004 su
demanda de gas natural con su propio biodigestor y el mes pasado también
se puso en funcionamiento el de la Vecinal Juana Azurduy.
Pero fue en Emilia, un pueblo de Santa Fe, donde en 2002 se instaló el
primer biodigestor de la Argentina para tratar los residuos domiciliarios. "Es
la primera experiencia grande a nivel país. Con los desechos orgánicos
de todo el pueblo se genera biogás para la escuela agrotécnica
Monseñor Zazpe y el abono orgánico que sale se utiliza
en un monte frutal que se plantó al lado", comentó Groppelli.
El profesional mencionó que en Humberto Primo la comuna construyó un
digestor con un subsidio de la Secretaría de Medio Ambiente de
la Nación y está próxima a ponerlo funcionamiento.
Le seguirá el de La Criolla, donde el Rotary financia la instalación
de un equipo para procesar los desechos de un pueblo de tres mil habitantes.
Beneficios
El biodigestor es una tecnología sencilla que no requiere de inversiones
millonarias, sino de decisión política. "Para un municipio
de hasta 6 mil habitantes, invirtiendo 25 pesos por habitantes se puede
instalar un biodigestor para tratar los residuos orgánicos de
todo el pueblo", comentó Groppelli.
En nuestra ciudad sería posible producir unos 6.500 metros cúbicos
de metano por día, a partir de las 125 toneladas de restos orgánicos
que generan los santafesinos. "Una familia tipo en invierno consume
alrededor de 4 metros cúbicos por día. Por lo tanto, estaríamos
abasteciendo a un poco más de 1.600 familias", afirmó Groppelli.
Las producción de gas proveniente de los residuos no alcanza
para que la ciudad se autoabastezca, pero sí para favorecer el
medio ambiente. "Una característica importante que tiene
la biodigestión es que nos da la alternativa de tratar los residuos,
estabilizarlos y generar un abono orgánico, a la vez que permite
producir metano, sustituyendo el gas propano-butano derivado del petróleo
o el gas natural extraído de los pozos de petróleo",
explicó Groppelli.
El Viejo Continente tiene una vasta experiencia en el procesamiento
de residuos a través de procesos de biodigestión. La primera
en aplicarlo fue la ciudad francesa de Amiens, en la década del
80, y desde entonces, "no pararon de crecer".
"En Europa hay más de 60 plantas de tratamiento de residuos
orgánicos. Tenemos el ejemplo de Barcelona, con tres ecoparques
para tratar todos los residuos de su área metropolitana, y estamos
hablando de biodigestores construidos en hormigón que tienen entre
2.500 y 3.500 metros cúbicos de volumen y que son capaces de procesar
entre 600 y mil toneladas de residuos orgánicos por día",
comentó Groppelli.
En el Viejo Continente, los biodigestores se utilizan como "una
alternativa para el saneamiento de residuos, con el beneficio de que
obtienen de la basura la energía eléctrica para mover toda
la planta y quedarse con un excedente del 60 % para introducir en la
red pública", sostuvo Groppelli.
Dificultades locales
En la Argentina, la mayor parte de las experiencias que están
en marcha utilizan la biodigestión para "sustituir propano-butano" ya
que gran parte de los emprendimientos "están en comunas donde
no hay gas natural, que es el más caro", dijo Groppelli.
A pesar de su utilidad y los beneficios para el medio ambiente, no siempre
se implementa con éxito. "El talón de Aquiles que
aparece es cierta falta de colaboración de la gente; no es un
problema de la tecnología. En los lugares en donde no funciona
es porque las personas no entienden los beneficios en favor del ambiente
que puede aportar el biodigestor", afirmó el especialista.
Los equipos funcionan muy bien en establecimientos rurales o industriales,
pero también podrían hacerlo en las grandes ciudades. Para
ello es necesario, tener "decisión y convicción de
que los residuos deben ser tratados" para no contaminar el ambiente
y el financiamiento para llevarlo a la práctica, algo que "faltaba",
pero que "ahora se está destrabando un poco", sostuvo
Groppelli.
Fuente:El litoral
Septiembre 17, 2007
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