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El abandono del
desarrollo sustentable
San Martín de los Andes crece y el caos también. Así y todo,
soporta y aún conserva sus montañas verdes, sus aguas claras, su
aire puro y, a veces, sus silencios intensos cuando una alarma antirrobo no comienza
a sonar con estridencia.
La bondad de la naturaleza nos dio el privilegio de gozar de un lugar al que
nada le falta, sólo una política clara de preservación.
Nada más ni nada menos.
San Martín atraviesa por una instancia en la cual, de no actuar en forma
activa y responsable, su problemática ambiental será costosísima,
si no inabordable, pues son varios los ejes descuidados en materia de preservación.
Hoy el cuidado del medio ambiente se constituye como una de las asignaturas fundamentales
en la agenda mundial, pues la naturaleza es el soporte de nuestras vidas y en
la medida en que mejor se preserve, mejor será nuestra calidad de vida.
No en vano nació el concepto de desarrollo sustentable, superador de la
antinomia desarrollo vs. preservación, y que nos propone un marco viable
atendiendo al crecimiento económico, la equidad social y la conservación
de los recursos naturales.
Marco del que no se requiere ni gran ingenio, ni grandes capitales para poner
en práctica. Simple y sencillo: planificar el crecimiento y “concretar” acciones
preventivas y/o restauradoras.
Cuando asumí como intendenta de San Martín mi gran desafío
fue proponer a la comunidad, mediante acciones de gobierno, emprender juntos
una política de preservación de nuestra ciudad y su entorno. Para
ello se diseñaron planes y estrategias de gestión ambiental con
el fin de rescatar, ordenar y preservar nuestros recursos naturales.
Así fue que se emprendieron acciones para el saneamiento y sistematización
del lago Lácar. Esta experiencia, que no me voy a cansar de citar, fue
tal vez la que nos alertó de la vulnerabilidad de nuestros recursos, por
más en abundancia que éstos se encontraran. Por ello emprendimos
también la planificación y sistematización del lago Lolog,
origen del agua que bebemos; y la restauración de sitios degradados y
cursos de agua, como la recuperación integral de los arroyos Trabunco,
Quitrahue y Pocahullo.
Pero, además del Plan Maestro, que contemplaba la materia hídrica
y cloacal, también se avanzó en la planificación territorial
y urbanística. Fue entonces que ampliamos el ejido municipal y diseñamos
un plan integral de ordenamiento, zonificación, edificación y conservación
plasmado en normativas, a los efectos de conservar la armonía urbano-ambiental
que caracteriza a nuestra ciudad, otorgándole el perfil de “Aldea
Ecológica de Montaña”. Ejemplo concreto de acciones son la
construcción de las plantas de tratamiento de efluentes cloacales Lago
Lácar y Villa Vega Maipú, la ampliación de la red cloacal
hasta servir a más del 90% de la población y obras de desagües
pluviales, la erradicación del basural a cielo abierto de Trompul y habilitación
de un relleno sanitario en una zona apta para la disposición y tratamiento
de este tipo de residuos, rehabilitación de barrios periféricos,
construcción y mejoramiento de viviendas, construcción de contenciones;
restauración y creación de espacios verdes y reforestación
urbana; colocación de contenedores de basura y permanente limpieza de
calles y espacios públicos y la creación del cuerpo de guardas
ambientales.
Estas y muchas acciones más fueron llevadas a cabo, todas ellas con un
objetivo muy claro... hacer de San Martín de los Andes una ciudad y una
sociedad enmarcadas en el desarrollo sustentable, para garantizar no sólo
nuestro ecosistema, sino también la materia prima de la economía
local y en consecuencia la genuina posibilidad de una sociedad para su pleno
desarrollo.
Con profunda frustración compruebo cada día que recorro San Martín,
que ese “inicio” por el camino del desarrollo sustentable se encuentra
vedado por la falta de continuidad de políticas destinadas a sustentar
el crecimiento de nuestra ciudad.
Tal es así, que ese tremendo esfuerzo que nos significó rescatar
las aguas puras de nuestro lago, hoy puede convertirse en un esfuerzo en vano,
pues nuevamente nos encontramos con el vertido de aguas servidas producto de
la falta de construcción de los nuevos módulos requeridos para
el pleno funcionamiento de la planta tratadora de efluentes Lago Lácar.
Que los barrios crecen con total anarquía, sin reglamentación y
con total ausencia de políticas sociales de contención y reubicación.
Que esa urgencia por lograr un basural modelo con la separación y tratamiento
de basura no parece ser un tema crucial ante el crecimiento explosivo. Que esa
política de “pueblo” ordenado y limpio no llegó a instalarse
como atributo de una sociedad, y da lo mismo las veredas con “emblemáticas
rosas” que pedazos de nailon enredados en sus espinas.
A pesar de ello, todavía estamos a tiempo, siempre que el generoso paisaje
no siga distrayendo la mirada de muchos. Es necesario comenzar a coordinar un
abanico de acciones, desde el Estado pero también desde cada uno de los
habitantes. El gobierno local tiene el deber de garantizar el crecimiento sostenido,
velando por los recursos naturales, diseñando y ejecutando políticas
afines. Pero la sociedad también es responsable del ambiente que habita,
respetando y cumpliendo con las normas para preservar nuestro medio.
Como dicen... “Vivir en San Martín es impagable”... ¿No
será que tendremos que empezar a pagarle con responsabilidad y respeto?
No olvidemos que la bondad de la naturaleza se acaba cuando el hombre insiste
en depredarla.
Por Luz Sapag
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Septiembre 05, 2003
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