|
El talón de Aquiles de la forestación con árboles
exóticos
por Movimiento Mundial por los Bosques
Dos especies de polillas australianas y dos especies de hormigas cortadoras
latinoamericanas tienen algo en común: les gusta comer pinos y/o
eucaliptos. Ese solo hecho las convierte en enemigas públicas,
a ser exterminadas por la aplicación indiscriminada de productos
tóxicos. No importa que los venenos utilizados afectan la salud
de la gente y del medio ambiente; lo que importa es proteger a las empresas
forestales de esta amenaza
Esto es lo que está ahora ocurriendo en Nueva Zelanda y lo que
viene sucediendo desde hace años en Uruguay, como se detalla en
los dos artículos incluidos en esta sección.
Nueva Zelanda: fumigan gente para proteger monocultivos de árboles
Dos pequeñas polillas están siendo motivo de una confrontación
social y ambiental en Nueva Zelanda. En West Auckland, la gente y el
medio ambiente están siendo sometidos a la fumigación aérea
con peligrosos productos químicos con el objetivo de proteger
las plantaciones de pino contra el ataque de una polilla (Teia anartoides).
En South Auckland, las plantaciones de eucalipto están sufriendo
el ataque de otra polilla (Uraba lugens) y todavía se desconoce
si allí se aplicará el control químico para enfrentarla.
El pino radiata y el eucalipto son árboles exóticos en
Nueva Zelanda y también son exóticas las dos polillas cuyos
gusanos hoy se comen activamente sus hojas. Lo que está sucediendo
ahora había sido previsto hace varios años cuando el WRM
publicó El papel del Sur. En aquel momento habíamos afirmado
que "La homogeneidad de estas grandes plantaciones constituye un
serio problema para la propia plantación. La gran ventaja inicial
de las especies exóticas (la inexistencia de una fauna local a
la que sirva de alimento), se puede convertir en su talón de Aquiles
a largo plazo, en la medida en que comiencen a aparecer predadores adaptados
a dichas especies. En ese caso, el desierto alimenticio se convierte
súbitamente en un festín para una especie, que podrá desarrollarse
exponencialmente y llegar a dañar seriamente o incluso aniquilar
a la plantación".
También hubo advertencias en la propia Nueva Zelanda. En 1994,
el activista e investigador local Grant Rosoman publicó The Plantation
Effect (El efecto de las plantaciones) y en referencia a la vulnerabilidad
intrínseca de las plantaciones de monocultivos de árboles
afirmó que "la incertidumbre mayor de la invasión
de plagas y enfermedades no es SI sucederá sino CUÁNDO
sucederá".
Ahora se ha confirmado la invasión prevista de estas plagas,
pero el precio no lo pagan las compañías plantadoras de árboles
-que causaron el problema- sino el pueblo de Nueva Zelanda. Su salud
es parte del precio a pagar, e incluso se les ha negado información
detallada sobre las sustancias con las cuales están siendo rociados.
Si bien conocen el nombre del producto (Foray 48B), el fabricante se
niega a divulgar sus componentes. En el extranjero se ha determinado
que algunos de estos productos contienen tolueno, parabenos, ácido
sulfúrico, ácido fosfórico, hidróxido de
sodio (lejía) y una larga lista de otras sustancias potencialmente
nocivas o carcinógenas. Al mismo tiempo, los impuestos que pagan
los pobladores se utilizan para instrumentar el programa de fumigación.
Los pobladores de West Auckland están reaccionando cada vez más
contra la fumigación con químicos. Han formado su propia
organización, Pobladores de West Auckland contra la Fumigación
Aérea (WASP - West Aucklanders Against Aerial Spraying) y han
realizado varias acciones contra el programa de control del gobierno.
Afirman que la polilla "ya ha costado a los contribuyentes más
de 23 millones de dólares y ahora el gobierno pretende gastar
90 millones más. La única amenaza potencial parece estar
dirigida contra los monocultivos de árboles clonados de pino transgénico
de la industria forestal. Preguntamos ¿por qué los pobladores
de West Auckland debemos pagar para proteger la explotación forestal
privada?". Sin duda, una muy buena pregunta.
Uruguay: contaminando con Mirex para defender plantaciones contra hormigas
El 26 de mayo, El Poder Ejecutivo envió al parlamento uruguayo
un proyecto de Ley para aprobar el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes
Orgánicos Persistentes, suscrito en esa ciudad el 22 de mayo de
2001. Este convenio identifica un grupo de sustancias altamente contaminantes
con el objetivo de llegar a su eliminación a escala mundial.
Sin embargo, si bien el gobierno por un lado pretende que se ratifique
el convenio, por otro lado, a solicitud del Ministerio de Ganadería,
Agricultura y Pesca, solicita una exención para la eliminación
del Mirex, el único plaguicida de los que figuran en el Convenio
aún autorizado en nuestro país. De ser esto aceptado, permitiría
el uso por cinco años más de este peligroso contaminante,
utilizado para el control de hormigas cortadoras.
Es evidente que esta solicitud de exención tiene nombre y apellido:
el sector forestal. Es sabido que unas de las pocas especies de la fauna
nativa capaces de alimentarse de las hojas de estos árboles son
las hormigas cortadoras y para defenderse de ellas el sector forestal
ha liberado al ambiente grandes cantidades de Mirex. Es por ello que
viene al caso citar un informe de mayo de 1999 realizado por el investigador
estadounidense Thomas F. Geary*, que analiza los impactos ambientales
de la forestación con eucaliptos y pinos exóticos. El informe
del estudio está en inglés, lo que explica en parte su
escasa difusión en el país, pero otra explicación
es que el autor identifica una serie de impactos ambientales importantes
del modelo forestal, seguramente no del agrado de sus promotores y beneficiarios.
En el resumen de su trabajo, Geary sostiene que "a nivel local,
donde las plantaciones están concentradas, pueden estar teniendo
lugar impactos no deseables. De preocupación inmediata es el uso
de pesticidas a base de dodecacloro para el control de hormigas cortadoras.
Estos productos químicos persistentes dañan a especies
distintas a aquellas contra las que se aplica y se acumulan en los tejidos
humanos".
En su capítulo sobre pesticidas desarrolla más el tema
y señala que el "Mirex, un hidrocarburo clorado como el DDT
-el ingrediente activo es un dodecacloro- es un pesticida comunmente
utilizado en Uruguay para el control de las hormigas cortadoras. Este
producto químico fue empleado extensamente en el sudeste de Estados
Unidos para controlar a la ‘hormiga de fuego’ importada (Solenopsis
sp.) hasta 1977, cuando la Agencia de Protección Ambiental de
Estados Unidos prohibió su uso. Además del peligro que
representa para la fauna silvestre y otros organismos, el Mirex se acumula
en los tejidos humanos y se sospecha que sea cancerígeno (Grosman;
U.S. National Institute of Environmental Health). El uso del Mirex ha
sido recientemente prohibido en Brasil. Uruguay debería adoptar
la misma medida. El Mirenex, también utilizado en Uruguay para
el control de hormigas, es un dodecacloro y tampoco debería ser
usado".
Es decir, que desde 1977 se sabe de los peligros de este hormiguicida,
que llevó a su prohibición total en Estados Unidos. Se
sabe que en Brasil (donde también se plantan eucaliptos masivamente)
fue prohibido a fines de la década del 90. Sin embargo, en 2003
no sólo se lo sigue usando a gran escala en Uruguay (en particular
por el sector forestal), sino que se pretende que se autorice al país
a seguir utilizándolo.
Más absurdo aún resulta el hecho si se tiene en cuenta
que existen alternativas, tanto en Uruguay como en el exterior. Al respecto,
el informe de Geary dice que "Algunos plantadores usan pesticidas
menos nocivos. Aquellos basados en el ingrediente activo sulfluramida,
tales como el Mirex-S, presentan riesgos mucho menores para los organismos
a los que no se apunta a controlar. Fipronil, el ingrediente activo en
Blitz, es también mucho menos peligroso que el Mirex. Los pesticidas
basados en piretroides, tales como Fastac y Renegade, que están
siendo actualmente ensayados en Uruguay, son los que probablemente presentan
el menor riesgo".
Es interesante señalar que el estudio analiza una serie de impactos
ambientales de la forestación (suelos, agua, biodiversidad, etc.)
y no sólo el tema de los agroquímicos. Sin embargo, cuando
llega a las recomendaciones, lo primero que dice, como "acción
inmediata", es que se "dejen de usar pesticidas basados en
el dodecacloro". Asimismo, su primera recomendación en materia
de investigación es que "se debe dar alta prioridad al desarrollo
de medidas para el control de plagas que no sean nocivas para el ambiente
y la salud humana", puesto que "mientras los pesticidas pueden
ser esenciales para una plantación exitosa, existe el potencial
de que su uso puede producir un costo ambiental y social demasiado alto
como para que se justifique su uso".
El estudio y las recomendaciones de este investigador no son en realidad
una novedad para el movimiento ambientalista en general ni para RAP-AL
(Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América
Latina) en particular, que vienen luchando desde hace años por
lograr la prohibición del Mirex y otros agroquímicos nocivos.
Sin embargo, entendemos que constituye un aporte importante a tener en
cuenta en momentos en que el Parlamento de Uruguay debe discutir su prohibición
definitiva en el marco de un convenio internacional.
Autor: Movimiento Mundial por los Bosques
* Thomas F. Geary, Environmental Impact of Afforestation in Uruguay,
May 10-24, 1999 http://www.partners.net/old/English/programs/descriptions/
Farmer/Trip_Reports/Geary_1999.htm
* Revista del Sur, septiembre-octubre de 2003
Fuente: Biodiversidadla.com
Septiembre 19, 2003
|