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Entender para respetar y conservar
Para conservar la naturaleza hay que conocerla, y conocer no es sólo
mirar y ver, sino entender. De allí lo imprescindible de los programas
integrales de interpretación. El turista que entiende, comienza
a ser protagonista en el lugar visitado, creciendo de esta forma en otros
contenidos culturales que le aportan lo esencial de los viajes modernos:
la satisfacción. Por eso es necesario que el turista
aprenda a observar, ya que el desarrollo de esta capacidad le va a permitir
descubrir en la naturaleza un sinnúmero de situaciones que ayudarán
a encontrar la explicación de muchos de los procesos que la caracterizan,
y lo irá convirtiendo en un ser humano, además de inteligente,
por encima de todo respetuoso por convicción.
Es la historia natural de los sectores visitados la que se va a descubrir
en la medida en que el observador paciente vaya analizando lo que despierte
su curiosidad. Cambios en la vegetación, signos que delatan presencia
de fauna, cambios en la geomorfología de las áreas son situaciones
que aportan mucho al conocimiento y entendimiento de los procesos naturales.
En la ecología de un área determinada, la fauna tiene un
rol de primera importancia (por su condición de seres vivos con
gran capacidad de movimiento) y es el elemento de un ecosistema que mayor
atención requiere del observador, ya que por su vulnerabilidad se
ha sabido mantener distante de su peor enemigo: el hombre. Es por eso que
para incorporarla como elemento de análisis es necesario trabajar
en la mayoría de los casos con signos que delatan su presencia más
que a través de la observación directa.
Este es justamente el objetivo de la integral comunicación que hay
que brindarle al turista que debe convencerse, por el camino del conocimiento,
de que no tiene sentido visitar un Area Protegida si no se
informa, con algún nivel de detalle, de los atractivos y su interrelación,
que en última instancia da pie a la frágil red
que posibilita en todos los estamentos la continuidad de la vida.
La Carta Mundial de la Naturaleza (Unesco) era contraria hasta de la
soberanía permanente de los Estados sobre sus recursos naturales,
por considerar que la naturaleza no reconoce las fronteras trazadas por
el hombre y que la biósfera es una sola.
No obstante estas disonancias, la aprobación primero del Compromiso
mundial del respeto al ambiente y ahora de la Carta Mundial
de la Naturaleza en el concierto de las naciones, marcan, sin duda,
un hito en el duro camino del hombre contemporáneo hacia el restablecimiento
de una relación armónica con el mundo natural. Sin pecar
de optimista, dado el incumplimiento de otras cartas como la de los Derechos
Humanos, es razonable esperar que el documento contribuya a reforzar
considerablemente la posición de los defensores de la naturaleza
y a debitar la de sus agresores, conscientes o inconscientes.
La especie humana es parte de la naturaleza y la vida depende del
funcionamiento ininterrumpido de los sistemas naturales.
La civilización tiene sus raíces en la naturaleza.
La vida en armonía con la naturaleza ofrece al hombre posibilidades
óptimas para desarrollar su capacidad creativa, descansar y ocupar
su tiempo libre en su zona de residencia o en condición de turista.
Toda forma de vida es única y merece ser respetada, cualquiera
sea su utilidad para el hombre. Con el fin de reconocer a los demás
seres vivos su valor intrínseco, el hombre ha de guiarse por un
código de acción: El deterioro de los sistemas naturales
que deviene del consumo excesivo y del abuso de los recursos naturales
y la falta de un orden económico adecuado socavan las estructuras
económicas, sociales y políticas de la civilización.
La conservación de la naturaleza contribuye, entre muchas
cosas, a la justicia y al mantenimiento de la paz.
Por Antonio Torrejón
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Septiembre 11, 2003
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