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Ecologicamente muertos
Los laboratorios del Pentágono norteamericano están a punto
de lograr un increíble invento tecnológico: balas que matan
pero que no contaminan el medio ambiente. O sea, balas ecológicas.
Como en el párrafo de Don Hilarión en La verbena de la
Paloma , "hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad" y
es posible cometer genocidios "manu militari" con absoluto
respeto al entorno natural.
El país que más se ha distinguido por el desprecio al medio
ambiente, el que más promociona el miedo ambiente, el que no firmó el
protocolo de Kioto, matará con limpieza en sus futuras guerras
imperialistas. La destrucción de vidas humanas se dignificará.
Mientras una bala perdida mata a un José Couso o segrega los brazos
del niño Alí, las flores y las plantas y los pájaros
serán testigos de dichas atrocidades sin el más mínimo
deterioro. ¡Lástima que dichas balas ecológicas no
hayan estado disponibles en el reciente genocidio de Irak que nuestro
presidente del gobierno sigue considerando ecológica lucha antiterrorista!
Un parque o un jardín sembrado de cadáveres con las vísceras
desparramadas en la gran sinfonía de la muerte tendrá la
misma belleza de aquella escena de Apocalipsis now de Coppola, con los
helicópteros sembrando metralla y destrucción sobre los
campos de Vietnam bajo la batuta de Von Karajan interpretando La cabalgata
de las walkirias . Len! i Riefhenstal, que acaba de morir con más
de cien años, hubiera sacado un enorme partido de esa mezcla de
belleza y de muerte. Consideremos la cínica ecología de
los tiempos futuros, desde las esquelas necrológicas de las cajetillas
de tabaco a las balas que pueden matar a un niño mientras respetan
la vida efímera de una rosa. Sólo que aquellas tratan de
prevenirnos de la muerte y estas últimas tratan de mantener limpio
su entorno. Bellos logros para la humanidad.
Serán más persuasivos cuando a las cajetillas de cigarrillos
las orlen con impactos emocionales tan sublimes como una necrosis bucal
o pulmonar. Sugiero que podrían ponerle, en el caso del tabaco,
algunas fotos de políticos. Yo sería capaz de abandonar
definitivamente la insana adicción al "ducados" si lo
enmarcan con una foto de cualquiera del trío de las Azores o alguna
de Bin Laden, Sharon o Sadam Hussein e incluso de Castro, para ser imparcial.
Particularmente, con la foto de Aznar me sobraría, más
que nada porque me cae más de cerca por aquello del impacto emocional
negativo. Podrían probar lo de las fotos y, como sugerencia añadida,
que a las nuevas balas que van a disparar los marines las impregnen con
un perfume de dama de noche, más acorde, como metáfora,
con el objetivo que persiguen. Lo que me sorprende no es el invento de
esas "balas verdes" ni el intolerante acoso a los fumadores
con las causas de los efectos nocivos del tabaco, sino el cinismo de
los gobiernos ! que permiten y promueven guerras sin justificación,
que se saltan las reglas de un protocolo aumentando la contaminación
ambiental, desforestan bosques, envenenan ríos, lagos y mares,
favorecen el desarrollo de las industrias que emiten gases a la atmósfera.
Los que salen de los tubos de escape de los millones de automóviles
que circulan por el mundo y que respiran los bebés a las alturas
de sus naricitas mientras las ecológicas mamás los llevan
al parque, ¿serán sólo considerados como "bacterias
domésticas" mortalmente necesarias para la comodidad de la
vida? En este mundo corrosivo se permite todo. Hasta matar con balas,
siempre que los muertos lo estén ecológicamente o los paquetes
de los cigarrillos lleven su orla necrológica persuasiva pero
sigan vendiéndose con probadas sustancias cancerígenas
añadidas al tabaco para aumentar la adicción. Mientras
el Ministerio de Sanidad prepara las futuras esquelas con necrosis de
toda índole, el Ministerio de Hacienda autoriza la ap! ertura
de no sé cuantos nuevos estancos en el país. Ocurre lo
mismo con el juego, con el tráfico, con el alcohol. Se hacen campañas
para combatir las ludopatías de las tragaperras y se sigue permitiendo
su extensión en los establecimientos hosteleros. De las ludopatías
cuyas culpas conciernen a los Estados, que las promueven como beneficio,
como las loterías, las quinielas, etcétera, córrase
un tupido velo.
por Carlos Rivera
Fuente: Diario Córdoba (Córdoba - España)
Septiembre 16, 2003
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