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En Emaús todo se recicla para ayudar
a los que menos tienen
Las donaciones se venden para sostener la Casa del
Niño, que asiste a 300 chicos
- La entidad benéfica trabaja en Burzaco
desde 1956
- En las traperías y las roperías
se reacondiciona todo lo que llega y luego se vende a bajo precio
"Si mañana tenés fiebre, no vengas.
Quedate calentito en la cama." "Hacé la tarea, por favor."
"Hay que portarse mejor, Mariela, ¿eh?" Es increíble
ver cómo Cristina de Urquiza tiene una frase para cada uno de los
300 chicos que asisten todos los días a la Casa del Niño,
en Burzaco, una de las obras de Emaús.
"Cada uno es un mundo", dice Cristina, para
explicar algo difícil de entender: cómo se acuerda de 300
nombres, de 300 historias, de 300 necesidades únicas.
Hace cinco años que dirige la casa y, aunque su
currículum atestigua que es maestra, lo cierto es que hace de mamá.
"Hay que ejercer una figura maternal con todos, con los chicos y con
sus padres", explica.
En la Casa del Niño se combate en dos frentes:
se hace un trabajo de asistencia inmediata y otro de promoción.
El proyecto comienza con una sala de bebes, con niños menores de
tres años, y continúa con los tres ciclos de educación
inicial, en el único jardín de la zona.
Los chicos que llegan a la Casa del Niño son alumnos
de la Escuela N° 8 Almirante Brown y, en contraturno, pasan sus mañanas
o sus tardes, según el caso, en la Casa del Niño. Allí
desayunan, almuerzan y meriendan, allí tienen clases de apoyo escolar
y hacen actividades deportivas.
Vienen del barrio Ministro Rivadavia, la zona más
baja de Burzaco, y también la más humilde. Las necesidades
de los chicos los obligaron a ocuparse de situaciones cada vez más
complejas. Casos de abuso, de violencia, de maltrato, hicieron que se abriera
un servicio de psicopatología. "Fue necesario fundar este servicio.
No es sólo hacer los deberes, aquí hay problemas muy pesados,
pero acá los chicos están siempre activos, como signo de
vida", reconoce Cristina.
En medio de tantas necesidades, tan visibles y tan dolorosas,
es difícil preguntar qué necesitan. "Siempre hacen falta
alimentos y zapatillas", dice Cristina. Su teléfono es el 4279-0370.
Algunas mamás colaboran. "Acá encontraron otro sentido
a sus vidas -asegura Cristina-. Aunque son pobres, siempre hay alguien
más necesitado a quien ayudar."
Reciclar para ayudar
Emaús fue fundado en Francia después de
la Primera Guerra Mundial. Está presente en 35 países y Emaús
Burzaco trabaja desde 1956.
En la trapería, hombres sin hogar reciclan las
donaciones que reciben (muebles, computadoras, electrodomésticos,
juguetes), así como en las dos roperías, en Burzaco y en
Glew, se hace una selección de la ropa donada. Todo se vende para
sostener la casa y la escuela técnica, que brinda enseñanza
gratuita a jóvenes y adultos. Para hacer donaciones: 4299-0725.
"¿Cómo te fue en la escuela?"
"¡Cómo viniste sin saco, con el frío que hace!"
La llegada de otros chicos hizo que el trabajo de Cristina, entre mimos
y límites, recomenzara una vez más.
Cynthia Palacios
Fuente: La Nación
Junio 24, 2002
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