PROTECCIÓN LEGAL PARA LOS ANIMALES

El Gobierno británico prepara una carta de derechos de los animales y estudia cambios legales para endurecer las penas contra quienes los maltraten. En España, la barbarie humana con los animales es tan frecuente o más que en el Reino Unido, pero el PP ha hecho valer su mayoría parlamentaria para rechazar una iniciativa que proponía tipificar como delito los actos de crueldad extrema que quedan habitualmente impunes.

No se entiende la negativa del PP a modificar el Código Penal, que en el mejor de los casos resuelve con sanciones económicas mínimas las conductas execrables de quienes torturan y matan a víctimas indefensas. Episodios tan espeluznantes como el que se produjo recientemente en Tarragona, donde unos desconocidos serraron las patas delanteras a 15 perros, no pueden quedar sin castigo. Como sostiene el PP, un hecho concreto no puede justificar la modificación del texto legal. Pero ignora que éste no es un suceso aislado. En muchos pueblos españoles se mantiene la costumbre de ahogar en los arroyos a los cachorros de perros y gatos no deseados por sus dueños; a los ejemplares adultos se les reserva el sacrificio por ahorcamiento. Miles de mascotas son apaleadas a diario por sus propietarios, y en el mejor de los casos abandonadas a su suerte cuando a los pequeños de la casa les aburre el juguete.

Está claro que la legislación debe combatir con contundencia estos comportamientos, incorporando sanciones económicas de mayor cuantía e incluso penas de arresto que puedan ejercer una deseable función disuasoria. Estas medidas básicas para proteger la vida y el bienestar de los animales no deben entenderse como una cesión gratuita hacia las organizaciones protectoras, sino que representan una obligación para cualquier sociedad civilizada, recogida expresamente en la Declaración de los Derechos del Animal, refrendada por la Unesco y la ONU en 1978. Se trata simplemente de cumplir con una exigencia ética, sin caer en la astracanada de quienes, como en EEUU, defienden el derecho de los chimpancés a ser representados por un abogado, invocando su semejanza genética con la raza humana.

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Fuente: El Mundo
Abril 30, 2002