Contra la polución Ambiental
Hay países donde no se podrá vender motores que emitan grandes emanaciones

  • También se cuida el nivel sonoro
  • El caso del supersónico concorde es un ejemplo
  • Cómo se logró silenciarlo

En los países más adelantados, los ambientalistas han ganado su batalla. La consigna es no contaminar más, o aunque sea polucionar menos. Sus gobiernos, siguiendo la creciente presión popular y el sentido común, son cada día menos contemplativos con quienes dañan el medio ambiente, sin importar si la agresión es química, física, sonora u óptica. Y dictan y hacen cumplir normas cada vez más exigentes.

En la náutica, para Estados Unidos y Canadá ya se estableció la fecha limite: dentro de tres años no podrá comercializarse en sus territorios motores fuera de borda carburados de dos tiempos.

Solamente han pasado hasta ahora las pruebas algunos del tipo de inyección de combustible. Hasta los gasoleros han tenido que replantear sus instalaciones de escape, porque estaban al borde de ser vedados. Los motores nafteros de 4 tiempos, por ahora, aprueban las exigencias, incluso en estados como el de California, que han dictado legislaciones todavía más estrictas.

La pregunta es ¿no estarán estipulando normas que, en el status actual de la ciencia y la técnica, no pueden ser cumplidas? Y los fabricantes, ¿ qué dicen al respecto?

Un modelo atronador

Un caso digno de ser tenido en cuenta es el del avión supersónico Concorde. A finales de los años 60, Francia e Inglaterra anunciaron que iban a fabricar en conjunto un supersónico para pasajeros. En los cálculos, volaría dos veces y media más rápido que un Boeing 707, por entonces el avión estrella norteamericano. Pero las comisiones formadas en el congreso de los Estados Unidos llegaron a una conclusión trascendental: no apostarían, por puro prestigio, a su propio supersónico, porque era caro de construir y operar. Así dieron en la tecla al apoyar el futuro avión de fuselaje ancho y subsónico, como el 747. El tiempo les dio ampliamente la razón.

Luego, con el Concorde ya en servicio, los ambientalistas lo acusaron de ruidoso (en realidad era estruendoso), por lo que las autoridades aéreas norteamericanas lo vetaron y no lo dejaron operar en la meca de los vuelos, Nueva York. Le exigieron una baja en el nivel de decibeles que lo equiparara con los subsónicos convencionales. El emprendimiento francobritánico estaba en graves problemas. No solamente consumían mucho más combustible (por el turbo jet en si mismo que, además, necesitaba un afterburner o pos-quemador innecesario en los turbofan), sino que ahora la brecha sonora con las ordenanzas se ampliaba.

Nobleza obliga, los norteamericanos encontraron una solución que no significara elevar el nivel sonoro admitido con el fin de que el concorde pudiera operar. Finalmente, el supersónico aprobó el exámen de bajos decibeles y retornó a cruzar el Atlántico. Según se aprecia, en los laboratorios de investigación y desarrollo parece haber capacidad técnica suficiente como para lograr lo que, en principio, se declara imposible. Por eso las autoridades deben exigir que baje la contaminación (de cualquier índole que sea) y verificar luego su cumplimiento. Volviendo a la náutica, cuando surcamos nuestro contaminado estuario bonaerense nos viene a la memoria el caso del riachuelo que iba a ser saneado en mil días. Aunque es mejor no hacer comparaciones.

Fuente: La nación
Abril 24, 2002