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Rosa Montero y los asesinos tordesillanos
Las fiestas mayores de Tordesillas
se celebran la segunda semana de Septiembre. Se hacen en honor a Nuestra
Señora la Virgen de la Peña,
patrona de la Villa y Tierra de Tordesillas. El día más
sangriento es el martes, cuando se corre el famoso "Toro de la
Vega". Este tradicional espectáculo taurino viene celebrándose
desde hace siglos. El Toro de la Vega es, además, la pervivencia
de uno de los rituales taurinos más antiguos y únicos
de España: El Alanceamiento del Toro, una suerte que era la
estelar del torneo antes de la introducción de las corridas
en el siglo XVIII. Para ello se pone mucho cuidado en escoger un buen
ejemplar, de por lo menos 500 kilos de peso y varios años de
edad que además haya procreado, y desde luego, tenga estampa.
Hacia las 11 de la mañana del martes, da comienzo el Toro de
la Vega, tradicionalmente en la Plaza Mayor ( aunque actualmente se hace
desde una calle cercana - la de San Antolín ). Desde allí va
haciendo el recorrido tradicional por las calles de la villa hasta el
puente. Atravesando el puente, el toro se enfrenta a su suerte. Al otro
lado le esperan caballistas y peones provistos de lanzas que no pararán
hasta matarle a través de un espacio acotado de la amplia vega
que se extiende al otro lado del río. Este Torneo se rige actualmente
por unas normas establecidas por el Ayuntamiento de Tordesillas, que
básicamente consisten en la prohibición de intentar abatir
el toro hasta que no llega a una zona delimitada a tal efecto y la total
prohibición del uso de cualquier vehículo a motor en la
zona del Torneo.
El mozo que haya conseguido darle al lanzazo mortal tiene el derecho
de arrancar los testículos al toro y mostrarlos orgulloso en el
extremo de su pica.(Desde hace varios años, esto último
no se permite, aunque algunos bestias lo intenten). El Ayuntamiento otorga
al ganador una insignia de oro y le obsequia con una lanza de hierro
forjado.
"
Cada año, en Septiembre este pasado, se perpetró, un
año más, una de las mayores bestialidades del reino de
España: el Toro de la Vega de Tordesillas. Es una de esas salvajadas
repetitivas a la que los energúmenos llaman pomposamente "tradiciones",
otorgando a la palabra un carácter sacrosanto. Pero el circo
romano también fue una tradición centenaria en nuestro
país, y desde luego ha sido de lo más tradicional, durante
siglos, el poner a los "herejes" en la picota. Sólo
que, por fortuna, la sociedad ha superado esa barbarie.
Sin embargo, y para nuestra vergüenza, todavía existe el
Toro de la Vega, una "fiesta" consistente en que más
de cien lanceros acosan al animal por el campo dándole lanzazos,
hasta que el pobre bicho, chorreando sangre, acribillado, con la carne
hecha piltrafas por las puñaladas presurosas, se derrumba sin
fuerza, momento en que se supone le dan la puntilla y le cortan los testículos.
Esto último, a menudo, cuando aún está con vida,
como han asegurado testigos presenciales. Es una tortura lenta, vociferante
y tumultuosa, una sádica diversión de matarifes. Y a este
horror sin nombre llevan a los niños para que aprendan.
Esta indecencia lleva celebrándose unos tres siglos, aunque fue
prohibido varios años, pero lo más inconcebible es que
era ilegal hasta que la Junta de Castilla y León la legitimó en
1999. Lo cual ya me parece el colmo del reaccionarismo y la burricie
política. La Asociación Nacional para el Bienestar Animal
ha pedido al menos la "humanización de la fiesta", y
ha entregado como prueba un documento en el que el Ayuntamiento de Tordesillas
solicitaba que se permitiera el Toro de la Vega, prometiendo que la humanizarían
y que y que no herirían ni golpearían al toro de ningún
modo. Luego ellos mismos han admitido que la tradición no exige
el alanceamiento del animal.
Por otra parte, no hay tradición que valga frente a una crueldad
tan monstruosa que contraviene toda la legislación vigente (incluido
el reglamento taurino), además de la compasión y cordura.
Pobre Toro de la Vega (y otros toros que como en Arcos de la Frontera,
Coria, etc., corren la misma suerte) que huele a dolor y sangre en esta
España tenebrosa e inmovilista".
Rosa Montero
Fuente: El País
Octubre 06, 2005
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