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Otro problema para el gobierno de Brasil
Un obispo puso en jaque la mayor obra de infraestructura de Lula
Se trata de un polémico plan para desviar el cauce de un río
SAN PABLO.- Desde un poblado pobre y árido del interior profundo
de Brasil, un obispo franciscano hizo retroceder al presidente Luiz Inacio
Lula da Silva y lo obligó a postergar el inicio de un proyecto
de 1800 millones de dólares que él espera mostrar como
una de las grandes obras de su gobierno.
"Rezo para que Lula sea iluminado por el Divino Espíritu
Santo y no cargue el peso de mi muerte por el resto de su vida",
dijo el obispo Luiz Cappio, de la ciudad de Barra, interior del estado
de Bahía. El aviso retumbó como un trueno en el Palacio
del Planalto, la casa de gobierno, y dejó a Lula entre la espada
y la pared.
Cappio, de 59 años, inició hace once días una huelga
de hambre para impedir que el gobierno comience la obra de transposición
del río San Francisco, un río que atraviesa buena parte
del interior árido y seco del nordeste brasileño. El objetivo
del gobierno es canalizarlo hacia diferentes ciudades que sufren la sequía
y realizar tomas de agua para bombearla a lugares alejados del río.
No hay unanimidad sobre los beneficios de la obra. El gobierno afirma
que facilitaría el desarrollo de una producción rural.
Otros, como Cappio, dicen que el proyecto está completamente equivocado:
que no llevará agua a ciudades donde la gente sufre la sequía
endémica, sino a lugares donde hay grandes proyectos comerciales
que necesitan agua; que los lugares donde el agua va a ser llevada no
tienen un suelo apropiado para plantar; o que el agua transportada será tan
cara que sería más barato auxiliar de otra forma a las
personas que la recibirán. Algunos técnicos incluso afirman
que como el río es usado para generar energía hidroeléctrica,
la reducción del caudal reducirá también la producción
de electricidad.
La polémica es grande y no sólo el obispo se opone. El
estatal y autónomo Instituto Brasileño de Medio Ambiente
y Recursos Naturales (Ibama) tiene 31 cuestionamientos sobre la obra,
de dos años de duración. Sin embargo, el gobierno ya había
decidido iniciar la obra.
Pero se cruzó en el camino el obispo Cappio. Asustado, según
colaboradores directos, con la posibilidad de verse envuelto en un escándalo
justo cuando la crisis política de cuatro meses generada por las
denuncias de corrupción comenzaba a amainar, Lula decidió paralizar
el lanzamiento del proyecto.
"Esa es una obra que no tiene fecha para comenzar", dijo ayer,
reconociendo la marcha atrás. Hizo, sin embargo, una defensa del
proyecto: "Yo estoy tranquilo sobre lo justa que es esa obra y,
como soy un cristiano que cree en Dios, creo que vamos a tener una buena
solución". El presidente decidió enviar ayer un emisario
a la capilla São Sebastião, en el poblado de Cabrobó -el
semiárido del Estado de Pernambuco-, donde está el obispo.
La capilla se transformó en un lugar de peregrinación
en apoyo al religioso, que ya comienza a mostrar signos de debilidad
debido a los once días de huelga de hambre. Sólo come apenas
la ostia de la comunión y bebe agua del propio río San
Francisco. Cuatro militantes del Movimiento de Pequeños Agricultores
se sumaron ayer al gesto de obispo e iniciaron también una huelga
de hambre.
Según el secretario general de la Comisión Nacional de
Obispos Brasileños, Odilio Scherer, el Vaticano está al
tanto de la decisión del Cappio. "La Santa Sede está informada
sobre todo lo que ocurre aquí."
El ministro de Relaciones Institucionales, Jacques Wagner, llegó ayer
a Cabrobó. "Voy a conversar con él. Quiero que él
sienta la presencia de una persona que llega representando al presidente",
dijo. "Le llevo al obispo un mensaje personal del presidente."
El obispo, sin embargo, ya lanzó su advertencia: nada, a no ser
el fin del proyecto de transposición del río, lo hará desistir
de su huelga de hambre.
Por Luis Esnal
Fuente: La Nación (Argentina)
Octubre 06, 2005
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