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Los efectos de los agroquímicos y otros contaminantes en la salud
Pérdida de embarazos, malformaciones genéticas, mutaciones,
cáncer, leucemia, afecciones respiratorias severas son sólo
algunos de los problemas de salud cada vez más recurrentes. Las
modificaciones en el medio ambiente no demoran mucho tiempo en advertirse
en el hábitat, e irremediablemente en nuestros cuerpos. Sin embargo,
aún se discute si los casos que ya se contabilizan son debido
a que hoy existe una mayor difusión de estos temas, o si en realidad
se comienza a visualizar la real dimensión de las modificaciones
en nuestro medio ambiente. Los organismos internacionales advierten sobre
los peligros directos sobre nuestra salud.
Días atrás un periodista de Gualeguaychú relataba
que tres madres de un mismo barrio de esa localidad se habían
sorprendido al coincidir en el Hospital Materno Infantil San Roque de
Paraná, donde sus chiquitos habían sido derivados por distintos
tipos de afecciones. En ese barrio existen transformadores de energía
y desde el Ente Provincial Regulador de Energía (EPRE), presidido
por el arquitecto Francisco Taibi, se estaba por iniciar las medidas
de contralor sobre los equipos suministrados por una cooperativa eléctrica.
En Nogoyá, los pobladores se han movilizado detrás de
lo que consideran un problema tremendo, la coincidencia de distintos
tipos de cáncer en habitantes de una misma zona, un radio céntrico
en el cual se ha dado la situación de que hasta dos chicos hermanos
deban pensar en el transplante de médula.
Los casos se repiten. En la Escuela Tabaré de Paraná,
lindante con las chacras de la salida de la ciudad hacia Oro Verde, dos
maestras que asisten desde hace años a ese establecimiento y cursaron
todo su embarazo trabajando en el lugar se preguntan sobre la casualidad
de haber tenido chiquitos con problemas neurológicos. Demasiadas
coincidencias.
Datos certeros
Lo que hasta aquí pueden llegar a ser registros casuales se convierten
en pruebas evidentes cuando son analizados en forma sistemática.Desde
el hospital de la localidad de Cerrito, el médico Darío
Gianfelici manifestó en reiteradas ocasiones su preocupación
por la utilización de agrotóxicos en la producción
regional, lo que a su entender ha aumentado notablemente el registro
de casos de algunas enfermedades como son fundamentalmente las dermatitis
-afecciones en la piel- y en las vías respiratorias.
Gianfelici analizó el registro de casos de seis afecciones que
requirieron la atención en ese centro asistencial entre 1994 y
2004. De esta manera, comprobó que mientras la hipertensión
y las enfermedades gastrointestinales tenían un leve aumento de
casos, en función del incremento poblacional, las enfermedades
de las vías respiratorias -tanto superiores como inferiores- se
habían duplicado, mientras que las afecciones de piel se habían
cuadruplicado.
Por ello, señaló que “hubo un incremento de patologías
relacionadas al uso de estos productos como abortos espontáneos,
embarazos con complicaciones y nacimientos de niños con malformaciones”.
Gianfelici remarcó que “siempre se vuelve a pensar cómo
se hace para que el productor abandone la práctica de fumigaciones
de cultivos que le resultan económicamente muy rentables, y la única
posibilidad es que desde el Estado se brinden políticas que den
alternativas de producción sin perder la rentabilidad y que sean
menos agresoras del medio ambiente. Por ahí pasa el meollo de
la cuestión y hasta tanto eso no suceda continuarán las
complicaciones causadas por las fumigaciones con agrotóxicos,
ya que el medio ambiente tenía espacios que servían de
amortiguadores de contaminación, que lamentablemente hoy ya no
existen”.
Una generación de niños idiotas
Si bien son muy pocos los que se animan a formular declaraciones sobre
este tema, por estos días no dejó de sorprender cuando
el jefe de Cirugía del Hospital de Pediatría de Posadas,
Hugo Gómez Demaio, dio a conocer un estudio realizado en 64 niños
menores de un año para evaluar sus capacidades. Al aplicar una
prueba diseñada por un científico japonés en el
hospital local y en una población cercana -Colonia Alicia-, evidenció que
ninguno de los pequeños logró aprobarlo.
Este profesor titular de Patologías Neurológicas y Genéticas
de la Universidad Nacional de Misiones advirtió lo que muchos
no se atreven a reconocer. “Se está teniendo una generación
de niños que van a ser idiotas para siempre”, por lo cual
reclamó al Estado que garantice una alimentación rica en
proteínas a la población más pobre.
El examen consistía en acercarles a los bebés un objeto
para que lo tocaran y luego volver a mostrárselos en una suerte
de teatrito para títeres. En ese marco, un chico normal cuando
ve la figura por segunda vez pierde el interés y se concentra
en otras. Pero ello no ocurrió con los 64 niños menores
de un año examinados. “Ninguno de ellos lo aprobó,
esto quiere decir que estamos teniendo una generación de niños
que van a ser idiotas para siempre”, sostuvo Gómez Demaio,
que además se encuentra estudiando las lesiones producidas por
los agroquímicos en el sistema nervioso central, como la falla
en el cierre del tubo neural. “Esto es mucho más grave que
lo que fuimos a buscar”, aseguró.
Desde 1987, Gómez Demaio comenzó a realizar investigaciones
por constantes nacimientos de niños con mielomeningoceles -una
falla en el cierre del tubo neural- lo que aparece como la exposición
de la médula. “Es una enfermedad que produce parálisis
de miembros inferiores, incontinencia urinaria y anal, entre otras complicaciones
que requieren rehabilitación y un promedio de entre ocho y diez
operaciones” explicó el especialista.
Al tomar conocimiento de la gran cantidad de casos se comprobó que
los recién nacidos eran hijos de familias afincadas en las zonas
tabacaleras y de fabricación de papel, en donde se utiliza gran
cantidad de agro-tóxicos, por lo cual se realizaron estudios que
permitieron constatar que todos tenían en su cuerpo hidrocarburos
policíclicos aromáticos, a los que eran susceptibles, y
que “comparados con niños recién nacidos sanos, la
composición de estos últimos era normal”.
Aire, tierra y agua:
De acuerdo a la información que brindan entidades internacionales,
cada año mueren aproximadamente cuatro millones de niños
a causa de infecciones respiratorias agudas, relacionadas con la contaminación
atmosférica en locales cerrados y la contaminación atmosférica
exterior (especialmente de la industria), lo que demuestra el aumento
dramático de enfermedades como el asma, asociado a factores ambientales
como la contaminación, los alérgenos de las casas y el
hacinamiento.
Pero también el uso de fertilizantes está perturbando
los ecosistemas costeros, produciendo peligrosos florecimientos de algas,
mejillones de río o la matanza de peces.
Si bien hoy ya nadie discute que las condiciones ambientales tienen
una vinculación directa con el estado de salud de las personas,
aún existen agujeros negros en los trabajos científicos
que permitan establecer sin lugar a dudas, la asociación directa
entre los factores biológicos y químicos en el ambiente,
y distintos tipos de enfermedad.
Sin embargo la evidencia la tienen los profesionales médicos
que realizan atención primaria y constatan día tras día
como los casos se repiten, e inclusive se ve como los efectos aparecen
a con el tiempo.
En un informe denominado “Recursos Mundiales 2000” sobre
la salud y el medio ambiente en el mundo, se advierte que la degradación
ambiental está contribuyendo a aumentar las amenazas evitables
a la salud de las personas. El informe fue presentado conjuntamente por
el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), el Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD), y el Banco Mundial, donde se señala
que los factores biológicos conducen a enfermedades infecciosas.
“Aunque se ha visto que muchas de estas enfermedades son difíciles
de erradicar, se sabe suficiente sobre ellas como para identificar las
acciones que reducirán drásticamente su incidencia. Los
peligros químicos en el medio ambiente pueden causar efectos inmediatos
y dañinos sobre la salud y pueden también contribuir a
los problemas crónicos o de largo plazo. En contraste con las
enfermedades infecciosas, el conocimiento de cómo influyen sobre
la salud las exposiciones químicas, especialmente las exposiciones
muy bajas típicas del medio ambiente, sigue siendo incompleto”,
admiten.
Así mismo las actividades humanas al cambiar el medio ambiente,
deterioran los ecosistemas naturales haciendo más viable la propagación
de ciertos microbios. Así aire, agua y tierra no solo se modifican
sino que alteran la balanza de la cadena.
Por ello existe una gran asociación con lo que se denomina la
reemergencia de enfermedades como la tuberculosis, la malaria, el dengue,
el cólera y otras enfermedades diarreicas, por mencionar algunos
ejemplos, asociadas a un acceso inadecuado al agua limpia y el saneamiento,
como también a una higiene deficiente.
Otro de los casos son las parasitosis que debilitan a la población
afectada y que siempre están en asociación con alimentos
contaminados o mal cocinados -que a su vez surgen de suministros de agua
inadecuados y una preparación o almacenaje inapropiados de la
comida. La malaria, la esquistosomiasis y otras enfermedades contagiosas
necesitan ciertas condiciones ecológicas para que el portador –mosquito
o mosca – sobreviva.
A estas afecciones se podría agregar una lista completa de reacciones
en la piel, reacciones alérgicas,
Los contaminantes ambientales:
El plomo, el mercurio, el cobre, el arsénico y otros metales
pesados usados en la industria son las sustancias más contaminantes,
junto con plaguicidas y otros productos químicos usados tanto
en la agricultura como en la industria, que pueden ocasionar cáncer
y anormalidades genéticas en los seres humanos.
También la denominada ‘lluvia ácida’ -formada
por la combinación del dióxido de azufre y los óxidos
de nitrógeno, con vapor de agua y oxígeno en presencia
de la luz solar- forma una “sopa” diluida de ácido
sulfúrico y ácido nítrico. Ésta puede precipitar
en forma húmeda (lluvia ácida) o de deposición ácida.
Otros de los contaminantes nocivos son el dióxido de azufre, las
partículas en suspensión (hollín, cenizas y humo
del fuego), el monóxido de carbono de las emisiones de los vehículos
y el plomo, sobre todo de las emisiones de los vehículos que queman
gasolina con plomo.
Pero la exposición humana a contaminantes orgánicos persistentes
(COP) se da de distintas formas, por ejemplo en los alimentos, sobre
todo como residuos de plaguicidas como el hexaclorobenceno (HCB) o los
policlorinados de bifenilos(PCB); por motivos ocupacionales, como entre
los trabajadores agrícolas que rocían los cultivos con
plaguicidas; y a raíz de accidentes, como derrames.
Los COP son compuestos orgánicos de larga vida en el medio ambiente
que con el tiempo experimentan alteraciones biológicas, y por
lo tanto tienen una alta peligrosidad ya que tienden a acumularse en
el tejido graso de los animales y los seres humanos. Escalan la cadena
alimentaria, cada vez en mayor concentración a medida que un organismo
devora a otro inferior, alojándose finalmente en los seres humanos
y en los grandes predadores como los osos polares y los lobos. Una vez
en el cuerpo humano, imitan la función de los compuestos esteroides,
como las hormonas, lo que lleva a la perturbación del sistema
endócrino. Esa perturbación puede dañar la salud
reproductiva, causando esterilidad, malformaciones congénitas,
cánceres y abortos espontáneos, entre otros efectos adversos.
Lejos de ser una descripción alarmista, la idea es reconocer
que la contaminación ambiental está haciendo estragos y
no se trata de una película de terror con protagonistas desconocidos,
somos nosotros mismos los que estamos cargando nuestras propias vidas,
y debemos exigir políticas de Estado para frenar este proceso.
SANDRA V. MIGUEZ
Fuente: SEMARNAT (México)
Octubre 06, 2005
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