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Reunión científica
en Puerto Madryn
Atrae interés un fenómeno patagónico
Se trata de las tormentas de polvo hacia
el océano,
sobre las que no existen datos
Todo comenzó cuando un científico argentino que analiza
imágenes satelitales en la agencia espacial de los Estados Unidos
(NASA) observó manchas difusas que salían de la Patagonia
hacia el océano Atlántico. Tras descartar las nubes en
el cielo sureño, vio que se trataba de tormentas de polvo del
desierto, un fenómeno que atrae la atención en el mundo
por su posible capacidad para reducir el calentamiento terrestre y explicar
las glaciaciones.
"Se conoce el impacto local que tienen las tormentas de polvo patagónicas
sobre la salud respiratoria de la población, pero se ignora que
también influyen en el clima", comentó a LA NACION
el doctor Santiago Gassó, investigador asociado de la Universidad
de Maryland (EE.UU.) y la NASA, donde se dedica a la detección
satelital de aerosoles, partículas en suspensión dispersas
en el aire.
Según un estudio que realiza desde 2004 con el doctor Diego Gaiero,
del Centro de Investigaciones Geoquímicas y Procesos de la Superficie
de la Universidad Nacional de Córdoba, la cantidad de polvo que
sale de la Patagonia y se deposita sobre el agua del Atlántico
es aproximadamente de unos 30 gramos por metro cuadrado por año.
Este dato, según Gassó, es comparable a la cantidad de
polvo que el Mediterráneo recibe del Sahara, el desierto más
grande del mundo.
Desde entonces, con Gaiero trabajan para reunir a 50 científicos
de Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia,
Nueva Zelanda, Chile, Brasil y la Argentina en el Centro Nacional Patagónico
(Cenpat), en Puerto Madryn, y empezar a producir datos. "Existe
mucho interés en saber si el polvo patagónico influye en
el crecimiento del fitoplancton del Atlántico y, también,
por qué hay pequeñas franjas de polvo en muestras de hielo
de la Antártida, cuyo origen se desconoce", dijo Gaiero,
de visita en el país.
Uno de los nutrientes que posee el polvo es el hierro, que aumenta la
necesidad de oxígeno del fitoplancton cuando se dispersa sobre
el océano. Esto eleva el consumo de dióxido de carbono
(CO2) a través de la fotosíntesis. "En una zona con
mucho polvo, sería una forma de controlar los gases de efecto
invernadero, ya que cuando los organismos del fitoplancton mueren, se
van al fondo del mar. Es una hipótesis atractiva. Se podrían
fertilizar zonas oceánicas para capturar CO2", propuso.
Fabiola Czubaj
Fuente: La Nación
Octubre 9, 2007
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