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Preservación del ambiente
Una de cal y otra de arena en las cuestiones mediomabientales.
Dos cartas de lectores, aparecidas ambas en la edición de LA GACETA
del martes último, pueden relacionarse para hilar una reflexión
común. Una de esas misivas estaba suscrita por el titular de la
Dirección de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y aspiraba
a informar que en Tucumán se está llevando a cabo la primera
experiencia público-privada de “producción limpia” en
la Argentina. Hasta ahora hay 28 empresas adheridas y se espera a una
decena más, para esta iniciativa que apoyan Ambiente de la Nación
y el Banco Mundial. Señala, como logros, que un ingenio y un frigorífico
ya han reducido en más de un 90 por ciento el vuelco de residuos
en ríos y arroyos; que la melaza se usa para levaduras y el bagazo
para papel; que se ha comenzado a instalar filtros de chimeneas; que
hay dos plantas de tratamiento de residuos urbanos y una tratadora de
aceites, etcétera. Sostiene que de ese modo incipiente se ha disminuido
la contaminación en un 25%, como lo prueba el hecho de que en
los dos últimos inviernos no se produjo la mortandad masiva de
peces en el dique Frontal.
En la otra carta, una lectora deplora que en la última campaña
electoral se haya utilizado la totalidad de los troncos de plátanos
de las calles General Paz, Bernabé Aráoz y aledañas,
para pintar leyendas proselitistas. Considera que es un atentado contra
la naturaleza y contra la sociedad, que nadie se ha preocupado por enmendar
y por el cual nadie ha pedido las disculpas que la población merece.
Las misivas muestran, respectivamente, dos caras de la realidad ambiental.
Una de ellas expone que, aunque todavía no en la escala deseable,
se empieza a operar en contra de la polución de los cursos de
agua y del aire que respiramos los tucumanos. La otra llama la atención
sobre ese otro tipo de polución que parece crecer, y que es el
desdén por los árboles, cuyo tronco se utiliza irresponsablemente
para pintadas partidarias, afectando a la vez a esos ejemplares y al
paisaje de la ciudad. Cabría agregar, respecto de esto último,
que tal polución no se limita a la ciudad. Varias veces hemos
deplorado que las piedras del camino a los Valles se utilicen con el
mismo fin, cada vez que se trata de publicitar candidaturas.
Es sabido por todos que el medio ambiente es uno de los rubros de la
máxima importancia, en la actualidad, para las comunidades civilizadas.
En las naciones más importantes del mundo tienen prioridad acciones
concretas para protegerlo, y ello es tema constante de conferencias internacionales
y de tratados.
La cuestión, además, está claramente precisada en
nuestros máximos estatutos jurídicos. Conocemos que la
Constitución Nacional, en el artículo 41, dispone que el
Estado proveerá a la protección del ambiente, “a
la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación
del patrimonio natural y cultural”, entre otros rubros. Y la Constitución
de Tucumán, en el mismo sentido, expresa (artículo 36)
que la Provincia “arbitrará los medios legales para proteger
la pureza del ambiente, preservando los recursos naturales, culturales
y de valores estéticos que hagan a la mejor calidad de vida”.
Los árboles forman parte, precisamente, de ese “patrimonio
natural y cultural” que la Constitución Nacional ordena
preservar, y es uno de los “recursos naturales, culturales y de
valores estéticos” que manda proteger la Constitución
provincial. Debemos honrar tales disposiciones, que han de estar -como
todas las normas constitucionales- incorporadas sin discusión
a la conducta de todos. Ellas aspiran, en última instancia, a
rodear de un entorno más sano y mejor nuestras existencias.
Fuente: La Gaceta (Tucumán - Argentina)
Octubre 02, 2003
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