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De un día para el otro no se procesaron más aguas servidas.
Pero esto no quiere decir que los efluentes cloacales hayan dejado de ser
vertidos allí. Es más: todos los días, los camiones
atmosféricos hacen cola para descargar sus desechos. Pero no lo
hacen directamente en la planta, porque no los deja la compañía
que se hizo cargo de la vieja AGOSBA en esta zona, Aguas del Gran Buenos
Aires (AGBA). El proceso es algo más complicado.
Ahora los desechos cloacales se tiran en una casucha que había
sido construida años antes de la privatización frente a la
planta, pero del otro lado de las vías del ferrocarril. La obra
pertenece a la Cámara de Transportes Atmosféricos de General
Sarmiento.
Allí hay un pequeño piletón, donde los camiones
dejan su pestilente carga, tal como la recogen de los pozos ciegos. Una
malla de hierro muy rudimentaria se encarga de detener el paso de los objetos
grandes como las botellas de plástico o latas al piletón.
Desde allí, el líquido barroso continúa su paso por
un caño que pasa por debajo de las vías del tren y que va
a dar a la planta. Y así como entra a la planta, sale de ella por
otro caño que se descarga en el río Reconquista. Todo esto
parece un acto de mímica, pues los desperdicios cloacales no son
tratados en ninguna parte. La Cámara de Transportes Atmosféricos
paga un canon de 1.800 pesos a la Municipalidad de San Miguel por este
vano ejercicio ambiental, un dato que la Justicia, que está investigando
la situación en la planta, desconocía hasta que se lo informó
Clarín.
El señor R tiene mucho miedo porque cree que hay "mafias"
complotando para contaminar el río Reconquista. Estas organizaciones
pueden ser reales o imaginarias, pero su pánico es palpable. Sea
como fuere, la Justicia quiere saber qué está pasando aquí.
Por eso, el 11 de junio pasa do el fiscal José Guozden, de la Unidad
Fiscal Número 11 de San Martín, mandó a la flamante
unidad de delitos ambientales de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires (de hecho, fue su primer caso) a allanar la planta. El fiscal presume
que se está violando el artículo número 200 del Código
Penal, que prohíbe la contaminación de fuentes de agua.
Funcionarios judiciales aseguraron a Clarín que en las próximas
semanas se producirán "importantes novedades" en torno
a la investigación, sin ser muy específicos. Pero el hecho
es que el expediente no ha avanzado sustancialmente, entre otras cosas,
porque no se logra establecer de quién es la planta. La única
persona que trabaja allí, Mario Pascual Giménez, viste un
impecable uniforme de AGBA. Pero la compañía dice que no
es responsable "ni del mantenimiento ni de la operación ni
de la remodelación ni la posesión" del lugar y que Giménez
sólo "está afectado a tareas de mantenimiento de redes
colectoras existentes".
La situación en la planta puede llamar la atención de la
Justicia, pero no del ingeniero Juan Vries, director de Medio Ambiente
de la Municipalidad de San Miguel. "Todo el mundo tira el crudo al
río", le dice despreocupadamente a Clarín, y a continuación
se queja de que las leyes ambientales se hicieron pensando en un país
del Primer Mundo, cuando la Argentina, luego del default, "pasó
a ser un país del cuarto mundo".
Curiosamente, hay algo de verdad en eso: debido al default, el gobierno
del Japón castigó a la Argentina negándole un crédito
prometido por 40 millones de dólares para ampliar la planta depuradora.
Tokio exigía que el país pagara al menos los intereses de
los 9 mil millones de dólares de la deuda pública emitida
en yenes, que compraron desafortunados jubilados japoneses, gente probablemente
de la misma edad que el señor R. El pasa por la calle Lebensohn
todos los días y maldice el olor en mil idiomas. No puede dejar
de percibir una pintada frente a la planta. "Esperamos tu venida.
Ven, Señor Jesús". Y luego pide salvarse del hedor.
Tal vez suceda: el presidente Néstor Kirchner prometió en
agosto que la obra de la ampliación se pondrá finalmente
en marcha. Esta debería comenzar en 2004. Mientras tanto, los camiones
siguen haciendo cola. Como si nada.
por Marina Aizen. . - maizen@clarin.com
Fuente: Clarín (Argentina)
Octubre 13, 2003
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