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Un estudio científico demuestra que
algunos transgénicos son daniños para el medio ambiente
Un grupo de científicos ingleses demuestra finalmente
que determinadas especies de transgénicos resultan dañinas
para el medioambiente tras llevar a cabo el mayor experimento sobre este
tipo de cultivos desarrollado en el mundo.
Mientras en Brasil, el principal exportador mundial de semillas
de soja, se legaliza el cultivo de soja transgénica, en la Unión
Europea se da un duro golpe a los defensores de la producción de
este tipo de alimentos. En la UE ya estaba prohibida, mediante una moratoria
comercial, la importación de alimentos modificados genéticamente
a falta de pruebas científicas sobre su inocuidad para la salud
o para el medio ambiente. La semana pasada, salieron a la luz, en el diario
británico The Guardian, las conclusiones del mayor experimento sobre
transgénicos llevado a cabo hasta la fecha y las recomendaciones
de los científicos pasan por la prohibición de dos de las
tres especies con las que se ha experimentado.
Durante tres años, los científicos británicos han
comparado campos cultivados con semillas transgénicas de maíz,
colza y remolacha azucarera con cultivos convencionales de las mismas especies.
En las primeras, la remolacha y la colza modificadas afectaban seriamente
la biodiversidad de los campos adyacentes. Mala noticia para las multinacionales
del sector, Monsanto, Syngenta y Bayer, que se encontraban negociando una
nueva moratoria que permitiese la comercialización de estos productos
dentro de la UE.
Consecuencias
Después de que el lobby por la liberalización de la soja
transgénica ganara la lucha en Brasil, la batalla pasa a ver quien
controlará ahora el mercado. Los combatientes son las grandes empresas,
dueñas de latifundios y en control de los avances tecnológicos
que apuestan por las semillas genéticamente modificadas, y los medianos
y pequeños agricultores. Es de esperar que ganen los grandes y las
consecuencias son bien predecibles, el aumento del éxodo y la miseria
rural, de la concentración de la tierra y de la dependencia tecnológica.
Por no decir que Brasil deberá olvidarse de sus exportaciones de
soja a Europa.
Mientras, en el Reino Unido, donde la oposición popular a los
transgénicos es bien conocida, parece muy probable que se deniegue
la autorización al cultivo de colza y remolacha modificada. El maíz
transgénico podría recibir el visto bueno pero nunca para
el consumo humano, bajo unas normas muy estrictas (ya que existe la posibilidad
de que contaminase cultivos convencionales) y como concesión a las
grandes empresas. EE.UU., por su parte, donde el cultivo de transgénicos
está liberalizado, amenaza a la UE con pleitear ante la Organización
Mundial del Comercio si continúa la moratoria que prohíbe
este tipo de cultivos dentro de las fronteras Schengen.
por Liliana Marcos / Canal Solidario / http://www.canalsolidario.com
Fuente: Canal Solidario (España)
Octubre 14, 2003
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