La descontaminación del Río Medellín tiene dos años de retraso, según la Contraloría (Colombia)

Hace una década, el país puso sus ojos en este cuerpo de agua debido a la creación de Mi Río, instituto que se dedicaría a descontaminar el único río que atraviesa a Medellín de sur a norte. Sin embargo, los turistas de hoy preguntan asombrados por qué el río huele tan mal y se ve tan sucio.

Lo cierto es que Mi Río fue liquidado hace dos años, en aplicación de la Ley 617, de ajuste fiscal. Sus funciones, relacionadas con la recuperación de las cuencas de las 250 quebradas que desembocan en el río, fueron asumidas por Metro Río, adscrito a la Secretaría del Medio Ambiente.
Por lo tanto, la dispersión de funciones en varias entidades (sin un ente coordinador) es una de las críticas que ha recibido el proceso.

Sur y norte

En la descontaminación del río se reflejan desigualdades que se ven en Medellín entre el sur y el norte: en el sur es evidente la mejoría, pero en el norte la situación es crítica.
En el sur está la obra más importante que se ha construido en los 35 años de esfuerzos de descontaminación. Se trata de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales San Fernando, que hace tres años entró a operar en Itagüí, al sur de Medellín, con un costo de 100 millones de dólares.

Como la planta opera en solo 20 de los 100 kilómetros del recorrido del río, su efectividad en remoción de materia orgánica y sólidos suspendidos, calculada en 85 por ciento, solo beneficia el líquido del primer tramo.

En cuanto a aguas residuales también hay una gran diferencia entre los dos puntos cardinales. Las quebradas del sur están en mejor estado. Las más contaminadas están en el norte, pues allí es difícil instalar colectores de aguas residuales debido a los continuos procesos de urbanización ilegal.

Además de estos contaminados afluentes, la corriente del río recibe el contenido del interceptor de aguas residuales del centroriente de la ciudad, que no tiene todavía una planta para su tratamiento, pues la que fue planeada empezará a operar en el 2010. Hoy están en licitación los diseños de esa infraestructura, que costará entre 200 y 250 millones de dólares.

Otra de las obras clave para que la descontaminación sea realidad es el interceptor norte, que recogerá todas las aguas residuales del nororiente para llevarlas a la nueva planta de tratamiento. Estará listo en el 2006.

De acuerdo con un estudio de la Contraloría sobre la calidad del agua de 23 quebradas, entre el 2001 y el 2002 el porcentaje de las muy contaminadas disminuyó de 30,4 a 26 por ciento. Las contaminadas pasaron del 21,7 al 17,37 por ciento. En contraste, las cuencas se deterioraron tras la abolición del programa Parce, de Mi Río, que contrataba la limpieza con la comunidad.

Según Pedro Betancur, gerente de Aguas de EPM, para que los patos y los peces encuentren un hábitat en sus aguas es necesario incrementar el caudal en un 40 por ciento.
Las aguas necesitan un mínimo de cinco miligramos de oxígeno por litro para albergar vida. Esto solo será posible cuando se remuevan 200 toneladas diarias de materia orgánica, y la meta es que esto suceda en 2010.

Fuente: PNUMA
Octubre 15, 2003