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La contaminación de los lagos
La imprevisión es uno de los males argentinos, al cual, de modo
ilusorio, se solía dar por descontado que era posible corregirlo
con la improvisación. Todo como parte de esa errónea ecuación
propia de cierta soberbia nacional, que entre bromas y verdades solía
afirmar que “Dios es argentino”...
Hoy, ni el país ni el mundo están para esta clase de autoindulgentes
insensateces. Es por esto que hay que incentivar los desarrollos dirigidos
a corregir las falencias que nos tocan de cerca, de las cuales el pueblo
y las autoridades están perfectamente conscientes y que requieren
pronto remedio, pues una profundización en el deterioro de las
actuales circunstancias nos llevaría a problemas de una magnitud
cada vez más difícil de solventar.
El informe ofrecido por este diario en torno de la situación
de los lagos de la provincia de Córdoba es indicativo de la necesidad
de promover su pronto remedio, así como también de un aumento
de la conciencia oficial en torno del tema.
Los datos que aporta el informe no sorprenden, de tan acostumbrados
que estamos los argentinos a contemplar deterioros que pudieron haber
sido evitados, a poco que una planificación sistemática
y provista de cierta visión de futuro hubiera sido adoptada ante
evoluciones sociales que podían darse por descontadas.
La cuenca del lago San Roque, esencial para la provisión de agua
a la capital de la provincia y para el turismo que frecuenta esa zona
y constituye el motor de su progreso, está amenazada desde hace
años. La presencia de bacterias coliformes fecales y totales,
detectada en algunos puntos de la cuenca, es un indicio fehaciente de
que las aguas del San Roque y del río San Antonio sufren el vertido
de líquidos cloacales en forma constante y de que éste
es el agente principal de la contaminación.
Y aunque la cantidad de bacterias detectadas no supera en mucho los
estándares legales fijados por la provincia, excede con largueza
los parámetros precautorios que establecen los organismos sanitarios
internacionales.
La Dirección Provincial de Agua y Saneamiento (Dipas) se rige
por parámetros que permiten la presencia de hasta cinco mil bacterias
coliformes totales por cada 100 mililitros y de mil para las coliformes
fecales en aguas para uso recreativo. Empero, de acuerdo a la Organización
Mundial de la Salud (OMS), tales parámetros no pueden exceder,
en el primer caso, las mil bacterias por cada l00 mililitros de agua
y 200 para las bacterias coliformes fecales.
Puede descontarse que estos indicadores se dispararán no bien
comience la temporada turística, lo cual replanteará el
problema de manera más aguda que la actual. Y aunque la previsión
de las lluvias indique que esa amenaza podrá disminuir ya entrado
el verano, el conjunto de factores que inciden en el deterioro es manifiestamente
negativo.
Las autoridades por fin han comenzado a reaccionar ante el problema.
En Villa Carlos Paz, se estima que la primera etapa de la obra de cloacas
de la ciudad estará lista antes del verano. Cuando estas tareas
estén cumplidas en su totalidad, en aproximadamente cuatro años,
se calcula que se podrá solucionar el deterioro del lago San Roque
en un 40 por ciento de su actual magnitud.
Pero esta estimación optimista no atiende a otros problemas conexos
al deterioro ambiental general, que hacen a la destrucción de
las superficies boscosas en las Sierras Grandes para incentivar el pastoreo,
lo que acarrea erosión y mayor posibilidad de incendios, lo que
a su vez incentiva el arrastre de tierra hacia los afluentes del lago;
ni la proliferación de herbicidas y detergentes que también
contribuyen a deteriorar la cuenca del San Roque.
Lo esencial, sin embargo, es mirar en perspectiva y estimar que estos
problemas no pueden ser resueltos a través de ataques parciales
y a corto plazo. El deterioro del San Roque proviene, en gran medida,
del descuido que se tuvo en calcular la expansión demográfica
que era lógico que se produjera en el área y los cambios
ambientales que habían de seguirla.
La situación en otras áreas acuíferas de la provincia
no es tan seria, pero lo ocurrido con el San Roque debe servir de alerta
para evitar evoluciones similares en Los Molinos o en el Embalse de Río
Tercero. La situación del San Roque puede y debe ser revertida
a través de políticas que fomenten la lucha contra la eutrificación
o falta de oxígeno del agua; por medio de la construcción
de cloacas y plantas depuradoras y a través de la reforestación
y del control del río San Antonio. Pero todo esto sólo
alcanzará a ser realmente efectivo si va acompañado por
previsiones en proyección del futuro, que evalúen también
la situación en los otros lagos de la provincia, aprovechando
la lección del San Roque para impedir que el caso se repita.
Fuente: La Voz del Interior (Córdoba)
Octubre 27, 2003
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