Iberá: una reserva para la humanidad

Los esteros de Iberá, un lugar de la provincia de Corrientes considerado hasta hace poco un sitio inaccesible, inhóspito, refugio de extrañas aves, fieras y cazadores furtivos, representa hoy una de las más grandes áreas naturales del país. Se trata de una de las avifaunas más fascinantes de la tierra.

Iberá, palabra de origen guaraní que significa "aguas brillantes", hace alusión a la manera en que el reflejo de la luna reverbera sobre la serena superficie de las lagunas, los esteros y las islas flotantes. A lo largo de las últimas cuatro décadas, varios proyectos intentaron convertir este lugar excepcional en el Parque Nacional Iberá, pero ninguno prosperó, quizá por falta de interés de las autoridades correntinas o por la excesiva dilatación de las gestiones políticas.

En 1983, finalmente, el gobierno provincial resolvió convertirlo en reserva provincial. Luego, su designación como sitio Ramsar -de acuerdo con la convención internacional para la conservación de los humedales- lo ubicó entre otros lugares naturales protegidos. Actualmente el gobierno de la provincia de Corrientes plantea su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como sitio natural de la humanidad.

El Iberá comparte, en cierta medida, el pasado histórico de otros humedales del mundo, considerados durante siglos como tierras marginales que debían ser drenadas o recuperadas para la actividad productiva, lo que hizo que en países como los Estados Unidos se perdieran más del 50% de los humedales naturales en manos de la explotación agrícola, ganadera, forestal, minera, industrial e hidroeléctrica o en "aras del progreso", como también se suele decir.

Afortunadamente, el área ha mantenido hasta hoy, debido a las dificultades de acceso, un entorno relativamente intacto, en el cual las funciones ecológicas básicas, la diversidad de hábitat y los nichos ecológicos todavía permanecen inalterados. Eso lo convierte en uno de los ecosistemas más productivos del mundo y en un inagotable recurso alimentario para la fauna: los esteros de Iberá albergan 18 especies de mamíferos, 360 de aves, 11 de reptiles, varios anfibios y una gran cantidad de peces.

No es fácil describir este espectacular paisaje, adornado por una fauna que, favorecida por el clima subtropical, despliega un escenario notablemente armonioso. En él se destacan los bosques húmedos, con ejemplares de palmeras pindó, lapacho, higuerón, viraró, ombú, timbó y muchas otras especies de árboles, surcados por juncales de cortadera, totoras, camalotes e irupés. El conjunto compone una sintonía palustre imposible de imitar.

Pero ocurre que los motivos que mantuvieron hasta ahora las actividades en baja escala se han modificado y, además de los escasos recursos destinados a su planificación, el nivel de uso del suelo está creciendo rápidamente: en la actualidad hay explotaciones forestales y se ha expandido la superficie dedicada a la actividad agrícola-ganadera y forestal, con los cultivos de arroz y pastoreo. Hay, además, incendios intencionales, provocados para la captura de animales, con la consiguiente destrucción de nidos, refugios y crías. Y se está desarrollando una caza comercial y de subsistencia que no reconoce vedas ni prohibiciones y que a menudo impulsa la sobreexplotación de la fauna silvestre para poder subsistir.

La fragilidad del Iberá requiere hoy un enfoque integrado de conservación, que responda a los objetivos planteados desde la Convención Ramsar para todos los humedales del mundo. Es bueno recordar cuáles son esos objetivos: "desarrollar un uso sostenible, que otorgue beneficios a la humanidad de una manera compatible con el mantenimiento de las propiedades naturales del ecosistema".

Satisface poder afirmar que se está llevando a cabo, con la financiación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en la Argentina (PNUD) y con recursos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), el proyecto denominado "Manejo y Conservación de la Biodiversidad en la Reserva del Iberá". El proyecto es dirigido por la organización conservacionista Fundación Ecos Corrientes, que tiene por objetivo poner en marcha una propuesta de manejo integrada del ecosistema, en el cual confluyen los objetivos de conservación con los de sustentabilidad económica.

Así, se aspira a lograr una zonificación y delimitación que favorezca el desarrollo de futuros proyectos productivos sustentables, que modifiquen los actuales niveles de pobreza y marginalidad de las pequeñas comunidades ubicadas en la reserva. Existe la intención de que esos proyectos estén resguardados por un marco legal y normativo que asegure la conservación de los esteros en su conjunto.

Se espera contar con una reserva organizada, equipada con moderna infraestructura de señalización, servicios, carteles indicadores, puestos de control, patrullas de vigilancia permanentes, monitoreo ambiental y estaciones de interpretación que permitan el avance planificado de una actividad que será clave para el desarrollo local: el ecoturismo. Esta actividad, que requiere de una delicada planificación para evitar la desvalorización de los atractivos, constituye una fuente de ingresos fundamental para un sitio de estas características.

El programa demandará seguramente la participación de todos los sectores, en un esfuerzo destinado a posibilitar una gestión que asegure la conservación de sus condiciones naturales. La fundación Ecos también ha sido seleccionada en el concurso Iniciativas, en un proyecto que beneficiará a 600 alumnos que concurren a escuelas de la reserva.

La propuesta de presentarse al concurso surgió a partir de las necesidades sociales vinculadas con el medio ambiente y detectadas por Ecos Corrientes. Con la financiación que se recibirá del programa Iniciativas se atenderán los problemas de alimentación e higiene sanitaria en seis escuelas de Loreto, Concepción y San Miguel: tres pequeñas localidades ubicadas en el corazón del Iberá.

También integrante del proyecto, la emblemática Fundación Iberá, constituida para la preservación del sitio, está instrumentando un programa para aumentar la protección y reducir el furtivismo y la matanza de animales salvajes.

Se debe reconocer el mérito de las organizaciones no gubernamentales en tareas como las ya mencionadas y en la indispensable construcción del porvenir de muchas comunidades rurales, ubicadas en lugares remotos, que a menudo carecen de las riquezas tradicionales, lo que determina que su acceso a las inversiones o fondos públicos sea limitado.

Se cuenta con un paisaje inolvidable, con una vegetación única, con una particular diversidad biológica o, simplemente, con una cultura especial. La buena coordinación de tareas con las autoridades y con el conjunto de la comunidad demostrará que todos los sectores se benefician y que la Argentina empieza a mirar su geografía de una manera más inteligente.

Fuente: La Nación (Argentina)
Octubre 14, 2003