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Humo versus desocupación
Viernes 10 de octubre, 8 horas, año 2003; la ciudad de Neuquén
inmersa en una densa nube de humo. El sol puede mirarse de frente, sin
protección ocular alguna. Desesperación en vastos sectores
de la población. ¿Nos estamos envenenando? ¿Qué
será de nuestros hijos? ¿Quedará huella en nuestros
pulmones de este no esperado intruso? Lo esencial es invisible al ojo humano,
dijo Antoine de Saint Exupéry en El Principito. Mucho
ruido, pocas nueces, reza el antiguo adagio popular. También,
No confundir gordura con hinchazón. O, No todo
lo que reluce es oro. Así podríamos seguir con una
interminable lista de depuradas destilaciones sensitivo-intelectuales de
nuestra población promedio.
Resulta inevitable tratar de objetivizar, dentro del alcance humano, la
situación concreta. Y es así como rutinariamente lo hace
nuestra fundación, donde nos vimos en la obligación de caracterizar,
al menos en una primera aproximación, la calidad de
los humos que imprevistamente nos visitaron el viernes 10 de octubre de
2003 en horas de la mañana.
Resultados: porcentual de partículas de tamaño mayor a 100
micrones: 98%. Partículas de tamaño de entre 10 y 100 micrones:
inferior al 1%.
Análisis: las partículas de gran tamaño (mayores a
50 micrones) tienen velocidades de traslación muy bajas, en comparación
con la velocidad de los componentes normales del aire (principalmente nitrógeno
y, en segundo lugar, oxígeno). En consecuencia, el recorrido libre
promedio de estas partículas es despreciable, comparado con el de
las moléculas de oxígeno (alimento celular imprescindible).
Estos simples hechos muestran que la probabilidad de que las partículas
de humo alcancen el interior de los pulmones es ciertamente ínfima.
En su mayor parte, dichas partículas quedan atrapadas en tractos
superiores de las vías respiratorias (mucosa nasal, principalmente).
Y, a no dudarlo, producirán reacciones alérgicas molestas
en ciertos individuos predispuestos, lo que está ciertamente muy
lejos de generar lesiones irreversibles o fatales.
Pequeñas partículas: todos aceptamos las combustiones domiciliarias
(cocinas, calefactores) y también las combustiones con propósito
motriz (automóviles, camiones, aviones, trenes). En estos casos,
los componentes no deseados de estas combustiones legales (óxidos
de nitrógeno, de azufre, dioxinas) carecen de las limitaciones de
tamaño y movilidad a que están sometidas las enormes partículas
de humo. Por tanto, sus excursiones en el interior de las vías respiratorias
de los humanos son de mucho mayor alcance. Llegan a lo más íntimo
de los alveolos pulmonares. Y es aquí donde pueden desarrollar su
actividad nociva.
Balance: toda actividad productiva implica ciertas transformaciones en
el medio circundante. Nada es gratis en la naturaleza. La inteligencia
del hombre debe cuantificar los pro y los contra de cada actividad transformadora.
Cada vez que movemos un jet consumiendo 10.000 kilogramos de combustible,
estamos empleando unos 3.000 kilogramos para nuestro genuino propósito.
Los 7.000 restantes son el tributo que debemos pagar a la Naturaleza por
no haber sido capaces de burlar (aún) el Ciclo de Carnot. Y, de
allí en más, debe el hombre tomar decisiones que son notoriamente
políticas (esto es, van más allá de los dictados científicos
puros). Y aquí, naturalmente, surge el concepto de balance: ¿a
cuántos perjudico ejecutando la transformación elegida? ¿A
cuántos perjudicaré al no tomar la decisión elegida?
Del correcto balance de ejecución de obras transformadoras de la
estructura del hábitat natural, virgen, impoluto, bucólico,
depende, casi linealmente, la relación ocupados/desocupados del
enigmático tejido que denominamos sociedad. Finalmente, y dicho
sin ambages, atesorar un 50% de desocupados en nuestra sociedad, ¿materializa
o no la figura de contaminación ambiental?
Una vez más, lo relevante es invisible para nuestros ojos. Nada
es más difícil que adivinar lo que quieren decir las personas,
cuando no dicen lo que quieren decir. Erwin Scrödinger.
Por Jorge Guala-Valverde - Fundación Julio Palacios
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Octubre 14, 2003
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