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Entrevista con el ministro de Obras y Servicios Públicos bonaerense
El campo deberá esperar por las obras
hidráulicas
El funcionario anticipó
que a fin de año se licitarían las primeras etapas del Plan
Maestro de la Cuenca del Río Salado.
Le preocupa el destino del Fondo Hídrico Nacional.
"Difícilmente las obras de infraestructura resuelvan el problema
de las inundaciones. Pueden conducir los excedentes de agua, pero no solucionar
un problema de orden natural", dijo ayer el ministro de Obras y Servicios
Públicos de Buenos Aires, Julián Domínguez, durante
una entrevista con La Nación.
El funcionario explicó que los proyectos hidráulicos, que
estarían en condiciones de licitarse en el último trimestre,
apuntan a acelerar el escurrimiento en la cuenca del río Salado,
pero no pueden hacer magia en un sistema saturado por lluvias que superan
varias veces los valores normales.
Frente a las quejas de los productores rurales, Domínguez justificó
la demora de los trabajos en el déficit presupuestario "que
excede los límites de la provincia" y señaló
que en el verano las empresas constructoras no estaban dispuestas a encarar
nuevos trabajos porque a partir de la devaluación los costos habían
alterado su ecuación económico-financiera.
El funcionario, que inició su gestión de la mano de Carlos
Ruckauf, reconoció que su prioridad es la defensa de los cascos
urbanos hoy amenazados (principalmente Chascomús y San Miguel del
Monte), el acondicionamiento de canales y desagües en varias localidades
y la profundización del cauce del Salado inferior. A esos trabajos
la provincia ya destina unos 50 millones de pesos.
Por otra parte, Domínguez lamentó la demora con que se
dispuso del Fondo Hídrico Nacional (los $ 24 millones asignados
a Buenos Aires sólo estuvieron disponibles a principios de este
mes) y aseguró que el gobernador Felipe Solá reclama al ministro
de Economía, Jorge Remes Lenicov, por la posible asignación
del dinero a otros fines.
Las obras estructurales que se priorizan son la vinculación de
la laguna La Picasa con la laguna de Gómez (que supone la adecuación
de la capacidad reguladora de las lagunas Salada y Mar Chiquita) por unos
$ 102 millones, y la construcción de un canal paralelo al Jauretche-Mercante-República
de Italia, para regular el aporte del complejo Hinojo-Las Tunas al río
Salado, por unos $ 130 millones.
-¿Cómo explica la constante acusación de inacción
política por parte de los productores?
-Ante la pérdida de la cosecha y el corte de los caminos, qué
puede decir el productor si no que se siente abandonado y reconocer que
las obras estructurales se debieron hacer hace mucho. Estamos realizando
lo técnicamente posible y lo económicamente factible. Es
inevitable que el hombre de campo se sienta abandonado ante semejante fenómeno,
de difícil resolución, que incluso genera enfrentamientos
entre los partidos.
-¿Y no es la política la herramienta para solucionar
esa puja por sacarse el agua de encima?
-Buenos Aires ha liderado la resolución del problema hídrico,
propuso "la alternativa Sur de la Picasa", que viene a resolver
un problema con las provincias limítrofes. Buenos Aires es la primera
en presentar un proyecto de infraestructura integral. En cuanto a lo económico,
hay una ineficiencia presupuestaria que excede a la provincia, por eso
Solá reclama a la Nación que no desvíe el destino
del Fondo Hídrico. Es evidente que ante una emergencia que lleva
tres años haya intereses encontrados, pero nosotros no eludimos
nuestra responsabilidad de proteger las ciudades.
-Pero mientras tanto se siguen construyendo canales clandestinos y
se extienden los perjuicios de un partido a otro. ¿La provincia
no fiscaliza esa irregularidad?
-En Adolfo Alsina me tocó ir con la Justicia a cerrar canales...
Es cierto, persiste una respuesta alocada a la emergencia y se construyen
obras indiscriminadamente. Estamos haciendo todo lo posible para ordenar
esta situación, pero muchas veces se nos escapa de las manos.
-Otra queja es que se hayan priorizado las obras en el noroeste bonaerense
en lugar de asegurar primero una mejor salida del excedente hídrico
hacia el mar. ¿Qué explicación puede dar?
-Ya empezamos por las obras de dragado en el Salado inferior, con el
aporte de 24 millones del Fondo Hídrico Nacional porque hoy el problema
es la gran masa de agua que pone en riesgo a Chascomús y a San Miguel
del Monte. No dijimos que empezábamos por el Noroeste, sino que
los trabajos debían ser simultáneos en toda la cuenca. Hubo
una confusión generalizada porque explicamos que el área
del Salado Superior es la zona de mayor producción agropecuaria,
donde es más fácil recuperar la inversión de las obras
y donde, además, se solucionaría el problema con las provincias
limítrofes.
-A pesar de las explicaciones que los técnicos dieron en el
interior bonaerense, persiste el descreimiento sobre el desarrollo del
Plan Maestro. ¿A qué cree que se debe?
-La gente tiene razón, quiere que le aportemos soluciones. Pero
no podemos mentir, hemos logrado que los estudios se convirtieran en proyectos
ejecutivos, hemos creado los instrumentos de financiamiento y ahora reclamamos
que se respete el destino de los fondos. Estamos en el límite de
nuestras posibilidades humanas.
-Una vez que se realicen las obras, ¿cómo se organizará
el manejo del sistema?
-El año pasado empezaron a organizarse los comité de cuenca,
que esperamos que sean un instrumento de consenso. Por otra parte, el Código
de Aguas dispone que también intervenga la autoridad del área.
El Plan Maestro, por su parte, cuenta con diagramas de operación,
que determinan la función reguladora o conductora de la obra de
infraestructura.
Por Analía H. Testa
Fuente: La Nación
Abril 18, 2002
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