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Justicia ecológica
El juicio a Texaco demuestra que el sur también
puede influir en el norte
El juicio que enfrenta a campesinos e indígenas contra la petrolera
Texaco demuestra que, a pesar de la actual globalización, el sur
puede influir en el norte. Las pruebas contra la multinacional siguen
llegando a los tribunales.
Han tenido que esperar diez años pero, por fin, los campesinos
e indígenas ecuatorianos ven sentada en el banquillo de los acusados
a la multinacional petrolera Chevron Texaco, acusada de graves daños
ambientales y a la salud de los pueblos que viven cerca de sus áreas
de trabajo. El juicio, que se inició el pasado 21 de octubre,
descubre que la globalización no tiene un único sentido
y que las comunidades más humildes del sur también pueden
poner entre las cuerdas a una de las cinco petroleras más grandes
del mundo.
Durante toda la semana, demandantes y demandados han pedido al presidente
de la Corte Superior de Justicia de Nueva Loja la posibilidad de aportar
más pruebas a su favor. Desde la empresa multinacional piden la
comparecencia de varios ministros de energía y minas y dos expertos
medioambientales estadounidenses, mientras que los demandantes reclaman
la inspección de varias estaciones petroleras y 90 pozos petroleros
controlados por Texaco.
La espectación que ha levantado el juicio contra la compañía
petrolera ha traspasado en pocos días las fronteras de Ecuador.
Organizaciones ambientalistas y sociedad civil están pendientes
de la evolución del caso, que de momento ya ha demostrado que
es posible hacer responsables a las empresas de sus actos. De hecho,
incluso varios líderes de comunidades religiosas estadounidenses
han viajado estos días hasta el país sudamericano para
informarse de la situación y darla a conocer, a su regreso, en
sus congregaciones. “Lo que pasa en Ecuador también nos
afecta en California”, afirman estos líderes al diario ecuatoriano
'El comercio'. Toda esta espectación, además, ha afectado
la imagen internacional de Chevron Texaco, según ha reconocido
hace unos días el representante de la compañía en
Ecuador, Rodrigo Pérez.
Según las poblaciones campesinas e indígenas y varias
organizaciones y expertos, durante los 28 años que la petrolera
ha explotado los recursos de las provincias de Napo y Sucumbios se han
producido “deliberadas descargas y emisiones” en el medio
natural, que se suman a los “frecuentes” derrames accidentales.
La contaminación provocada ha aumentado, además, la desnutrición
en las comunidades vecinas. Según la entidad Acción Ecológica, “se
extinguió la cultura Teté, los pueblos indígenas
de la zona quedaron reducidos a minorías étnicas, se afectaron
los patrones culturales de alimentación y de vida y se debilitó el
sistema tradicional de salud, toma de decisiones y organización”.
De manera indirecta, la deforestación aumentó y surgieron
ciudades donde la violencia, el alto consumo de alcohol y la prostitución
son los protagonistas.
Para poder juzgar a Texaco, sin embargo, los indígenas y campesinos
han tenido que esperar una década. El 'juicio del siglo', como
denominan ya al proceso iniciado en la región de Nueva Loja, se
lleva a cabo ahora, a pesar de que el 3 de noviembre de 1993 se presentó la
primera demanda contra la multinacional en la Corte de Justicia de Nueva
York (Estados Unidos). En todo este tiempo, Texaco ha conseguido que
el caso se transfiriera a varias jurisdicciones, pero no al país
sudamericano; la compañía también consiguió que
gobiernos ecuatorianos como el de sixto Durán Ballén aportaran
documentos que negaban la ciudadanía ecuatoriana a los indígenas
y, por lo tanto, su autoridad sobre las tierras.
Por primera vez, y tras la presión social, el juez encargado
del caso en ese momento consideró la posibilidad de someter a
Texaco a la jurisdicción ecuatoriana, aunque no obligó a
la empresa a aceptarla. Finalmente, en 1998, la reforma constitucional
en Ecuador hizo posible someter a la petrolera a la jurisdicción
del país, por lo que los demandantes optaron por el cambio y la
justicia ecuatoriana juzga ahora si Texaco ha sido o no responsable en
sus acciones. En caso de ganar los demandantes, unos 30.000 campesinos
e indígenas recibirán una compensación de 1.000
millones de dólares y serán testigos de la eliminación
de 600 vertederos de residuos de crudo.
Dirigente campesino asesinado
A la espera de conocer el resultado del juicio contra Texaco, las organizaciones
sociales y ambientalistas han denunciado el asesinato de Ángel
Shingre, dirigente campesino defensor de derechos humanos en Coca, en
la provincia ecuatoriana de Orellana. Según Medicus Mundi, Shingre,
asesinado "a sangre fría", era coordinador de una organización
que asesora a las comunidades de la Amazonia de Ecuador frente a los
abusos de las compañías petroleras y que la ONG española
apoya. La víctima también asesoraba a varias comunidades
afectadas por las actividades de la multinacional Texaco.
Por ello, desde Médicus Mundi y numerosas entidades sociales
y ecologistas exigen la "investigación y sanción" de
lo ocurrido, así como más recursos para "combatir
la impunidad con la que han quedado hasta la fecha los delitos ambientales
y sociales en la región".
Fuente: Canal Solidario (Catalunya - España)
Noviembre 11, 2003
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