Agentes cancerígenos del 'Prestige', detectados en la cadena alimentaria
Un estudio de la Universidad de La Coruña demuestra que el nivel de los hidrocarburos aromáticos en almejas, percebes, pulpo y gambas es muy superior a lo registrado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria

Los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (HAP), presentes en el fuel que el Prestige comenzó a verter frente a las costas gallegas hará mañana un año, han empezado a entrar en la cadena trófica marina: desde las bacterias del fondo a los peces de la superficie. Los HAP son una cuarentena de sustancias peligrosas, la mayoría de ellas probablemente cancerígenas, según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer.

Un estudio del Departamento de Biología Animal, Vegetal y Ecológica de la Universidad de A Coruña al que ha tenido acceso EL MUNDO, demuestra que aunque no superan los niveles aceptables, son elevados en muchas especies. Las más afectadas son las sedentarias (almeja, berberecho, percebe, pulpo, cigala o camarón) y comienzan a estar tocadas las más móviles (rape, rodaballo, sepia, lubina, lenguado, gallo o jurel).

Todo depende también del metabolismo de cada especie y de la mayor o menor presencia de fuel en el fondo del área donde habita.

Estos niveles difieren de los divulgados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA) y el Centro de Control del Medio Marino, organismos oficiales del Estado y la Xunta de Galicia, que se mantienen muy por debajo de los que tiene la Universidad de A Coruña.

El estudio, que se presentará mañana -aniversario de la catástrofe- en un acto de la Comisión de las Cofradías Afectadas, afirma que «no es posible todavía conocer el alcance de los efectos en el ecosistema [...]. Entendemos que el proceso más relevante será la incorporación de productos del vertido del Prestige a las redes tróficas...».

Sentado este principio, el estudio analiza la vía por la que los HAP entran en los seres vivos. Y esa vía se encuentra en el fondo del mar, donde han ido a parar y están las toneladas del fuel no recuperadas en tierra, que pueden oscilar entre 20.000 o 30.000, según los datos variables que se van facilitando.

Los seres más pequeños que viven en el sedimento o sobre él [con o cerca del fuel], desde las bacterias a los que tienen menos de un centímetro de longitud, son los primeros en acumular en sus tejidos los HAP. Los demás, según vayan depredando unos sobre otros, los incorporarán en sus organismos dependiendo de su metabolismo. Los HAP son bioacumulativos, es decir, pocas especies pueden excretarlos, y quedan en los órganos del sistema digestivo y pasan al ejemplar que depreda al anterior.

Entre enero y marzo de 2003, un análisis de los HAP en almejas y coquinas en Baldaio y Fisterra daba presencia de hasta 700 microgramos [igual a partes por millón] por kilo de peso en seco.Esta medición fue hecha teniendo en cuenta los 16 HAP que la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU considera más peligrosos, de entre los 40 catalogados y analizados.

Encima de lo peligroso

Pero, si sólo se tienen en cuenta los seis HAP que se consideran analizables en España, la cifra baja a 250 partes por millón.Es decir sólo 50 unidades por encima de lo que en la legislación se considera peligroso.

En esos mismos meses y en Laxe, se analizaron los percebes. Según el análisis de la Universidad de A Coruña (con los 16 HAP) había 1.700 partes por millón, pero si se consideran sólo los seis de los organismos oficiales españoles la cifra baja a 550, también muy por encima de lo aceptado. Las muestras se tomaron en un momento en el que no había transcurrido aún tiempo suficiente para la presencia de HAP en los seres vivos.

Hay que tener en consideración que de la UE, sólo España y Francia tienen avanzada la normativa de los HAP, por ser los únicos que han tenido vertidos petrolíferos. También en EEUU, por haber sufrido la catástrofe del Exxon Valdez. En el caso francés existe un doble nivel de los seis HAP que se analizan en España y los 16 que se analizan en EEUU.

En España no hay legislación y se están aplicando los criterios que elaboró el Ministerio de Salud a raíz de la crisis del aceite de orujo. Es decir, las 200 partes por millón autorizadas en el marisco y las 20 partes por millón autorizadas en el músculo del pescado nacen de aquella precipitada norma alimentaria de Celia Villalobos.

Datos «no creíbles»

«Los datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria no son creíbles. Además, no dicen cómo los realizan, los publican de tal manera que no siguen un ritmo científico, sino interesado, y, por los detalles que conozco, han recogido las muestras donde no hay ni hubo fuel», afirma Juan Freire, director del departamento universitario que ha realizado el estudio que se viene desarrollando desde el inicio de la crisis del Prestige.

Freire añade que es «muy sospechoso que los niveles que los franceses detectaron antes del accidente del Erika sean incluso más altos que los que se han tomado aquí tras el Prestige». «No sé, no debo dudar, pero desconfío», afirma.

Es la primera vez que se conocen los resultados de la analítica de los HAP, identificados y cuantificados mediante cromatografía de gases acoplada a espectometría de masas. Las muestras, cientos de ejemplares de una treintena de especies, entre las que destacan las comerciales por el interés para Galicia, fueron tomadas entre enero y marzo de 2003, entre el norte de la ría de Arosa y Cedeira.

Los valores son medios; es decir, algunos ejemplares presentaban mediciones muy altas, por encima de lo aceptado. Y no sólo se ha medido el músculo comestible, sino también el hígado, que se come en el caso de los mariscos. También permite identificar cómo progresa o disminuye la contaminación. Los análisis incluyen también los 40 HAP existentes, donde los niveles, lógicamente, se disparan.

«Ahora, según las últimas muestras de junio, los niveles permanecen estables. Pero pueden ir a más», declaró ayer Freire. Los HAP tienen efectos muy llamativos y fácilmente detectables a corto plazo, «pero los realmente preocupantes, por su efecto subletal en la dinámica poblacional, son a medio y largo plazo», señala el informe. Entre dos y 10 años.


Análisis «sospechosos»

Raúl García, biólogo marino y coordinador en el 'caso Prestige' de la ONG WWF/Adena, conoce el informe de la Universidad de A Coruña.

En opinión de Raúl García, el estudio demuestra lo que se había anunciado desde el principio: «Al menos hay que dejar pasar una década para conocer los efectos finales del vertido».

«Las diferencias entre los datos oficiales y los del informe universitario deben obedecer a que no son comparables las metodologías o que no están adaptadas a una marea negra», añade el especialista de WWW/Adena.

La metodología utilizada por la Universidad de A Coruña es la misma que la que empleó la NOAA (Agencia para los Océanos y la Atmósfera) de Estados Unidos, según declaró ayer.

«No entiendo cómo en otros vertidos sí han pasado a la cadena trófica y en este caso no», afirma María José Caballero, experta de Greenpeace. Caballero considera que es «demasiado sospechoso» el resultado oficial.

«Nos resultan sorprendentes esos datos, pero animamos a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria a continuar durante los próximos años con ellos y dar transparencia a los resultados», manifiesta la experta de Greenpeace. «Los españoles nos los merecemos», añade.

Gustavo Catalán Deus

Fuente: El Mundo (España)
Noviembre 12, 2003