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El ambiente, los políticos y las políticas de gobierno
Este breve trabajo surge como una reflexión a partir de los accidentes
ocurridos en la Ruta Provincial Nº 5 de la provincia del Neuquén,
pero es extensivo a las acciones resultantes de las políticas
locales que hoy ignoran los mecanismos del desarrollo sustentable, al
partir de una visión restringida de la realidad propia del modelo
neoliberal vernáculo imperante, liderado, en este caso, por quienes
detentan el poder en nuestra provincia.
Desde la década del 70 (Estocolmo 1972, 1º y 2º Informe
del Club de Roma 1972 y 1974), el tema ambiental fue incorporándose
a nuestro lenguaje cotidiano, nos fuimos sensibilizando respecto de que
nuestro accionar generaba impactos sobre los ecosistemas y que ello,
en el corto o mediano plazo, se nos volvería en contra como especie;
es más, que la próxima generación sufriría
los desatinos cometidos por las anteriores. Así se llegó a
la Cumbre de Río en 1992 y la de Johannesburgo el año pasado.
Esto haría suponer que en una sociedad moderna lo ambiental ya
forma parte de la agenda del Estado en los niveles municipal, provincial
y nacional. Ahora bien: ¿realmente las instituciones del Estado
tienen la visión integral que hace de lo ambiental una política
de Estado? La realidad muestra que no es así y lo vemos en nuestra
provincia: desde no reconocer el actual gobierno provincial (año
2000) el pasivo ambiental dejado por las petroleras por un valor de 1.000
millones de dólares, hasta el poner en operación obras
inconclusas sin cumplir con las recomendaciones ambientales.
No hay dudas de que en nuestra provincia lo ambiental es discursivo
y que a la hora de planificar, formular proyectos y programas, este componente
no es considerado desde las etapas iniciales del proceso de preinversión,
ni es participado a la comunidad, a la sociedad, para su análisis,
opinión e incorporación de propuestas superadoras. No son
'comprehendidos' los factores ambientales (abióticos, bióticos,
socioeconómicos, paisajísticos, de seguridad e higiene
laboral) como parte de la esencia y de la existencia de las obras proyectadas.
Se ha transformado el tema en una pesada y molesta carga para algunos
y en un excelente negocio para otros, ya que -a partir de la Constitución
Nacional (reforma de 1994), los pactos internacionales, las leyes nacionales
y provinciales y las directivas de los organismos multilaterales de crédito-
deben presentarse los Estudios de Impacto Ambiental -EIA- de acuerdo
con la magnitud de los proyectos y su potencial agresividad sobre los
factores del ambiente. En muchos casos los EIA son meramente descriptivos,
siendo su único objetivo cumplir con el trámite jurídico-administrativo
requerido. Las advertencias, obras complementarias, programas de monitoreo,
trabajos de restauración, recuperación, etc., que deben
formar parte de los EIA, muchas veces quedan en el olvido, por lo que
no son tenidos en cuenta ni aplicados en las etapas de inversión,
operación y desmantelamiento de los proyectos.
La Ruta Provincial Nº 5 es una muestra más de lo que no
debe hacerse. La necesidad de inaugurar obras en tiempos de elecciones
-a pesar de que estén inconclusas y con carencias que las hacen
incompletas y con ello peligrosas- parece ser la prioridad de los gobernantes
que buscan, solamente, mantenerse en el poder cueste lo que cueste. Los
efectos de estas decisiones están a la vista y, lamentablemente,
no se recapacita que la pérdida de una vida humana es una tragedia
para quienes la conocían, mientras que para la provincia pasa
a formar parte de una estadística de muertos en accidentes de
tránsito.
Es aquí importante destacar que no sólo pecan los políticos,
sino los responsables de las instituciones del Estado que permiten la
entrada en operación de obras no terminadas, ya que la ruta no
es sólo la cinta asfáltica, sino que contiene una serie
de elementos que le dan ese nombre y que deben ser apropiados, acordes,
teniendo en cuenta el sistema natural y socioeconómico sobre el
que se asientan. De esto hay numerosos ejemplos.
En una política de mediano y largo plazos, que tiene como objetivo
el desarrollo integral de la provincia, las obras públicas deben
ser pensadas, diseñadas, ejecutadas y operadas de forma tal que
hagan máximos los beneficios y mínimos los efectos negativos
sobre los factores ambientales y que, al mismo tiempo, tengan la menor
vulnerabilidad respecto de los efectos del ambiente en que se encuentran,
obteniéndose con ello la persistencia de los beneficios esperados
en el tiempo.
Qué lamentable es escuchar, como respuesta, que no hay presupuesto
para resolver los problemas generados por la incompetencia institucional
y la hipocresía política. Qué importante sería
que el Banco Mundial que ha financiado la obra a través del Programa
de Caminos Provinciales, y es tan celoso de los temas ambientales, verificara
el cumplimiento de las directrices establecidas para este tipo de proyectos.
Quiero finalizar con una mención especial para aquellos agentes
de la administración pública que con coraje resisten las
prácticas contrarias a los intereses de la sociedad presente y
futura, y decirles que continúen con su prédica y mantengan
su posición, ya que quien nos paga es el pueblo del Neuquén.
Por Enrique José Schaljo - Ingeniero Agrónomo
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Noviembre 11, 2003
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