Un gas contaminante dejó de crecer
Entre 1997 y 2002, los climatólogos registraron que el metano no aumentó

Tras un aumento constante durante 200 años, impulsado básicamente por las actividades del hombre, los niveles atmosféricos del metano, el segundo gas en importancia en el efecto invernadero, detuvieron su crecimiento.

Así lo afirma un análisis publicado en Geophysical Research Letters y realizado por investigadores del Laboratorio de Diagnóstico y Seguimiento Climático de Estados Unidos y del Instituto para la Investigación del Espacio de los Países Bajos.

Los climatólogos destacaron que a pesar de que la estabilización del metano puede ser temporaria, es una evidencia importante de que los crecientes esfuerzos para reducir las emisiones podrían disminuir el calentamiento global en medio del debate sobre qué hacer con el dióxido de carbono, principal gas de invernadero.

" Esto es un gran acierto", dijo James A. Hansen, climatólogo del Instituto Goddard para Estudios del Espacio, de la NASA, que ha insistido durante años sobre la importancia del metano, un gas que concentra el calor.

Ahora, quizá más que nunca, es evidente que "el metano ofrece una oportunidad para el éxito en la batalla contra el calentamiento global -agregó-. Podríamos detener su crecimiento y también disminuirlo con acciones que, en su mayoría, tengan sentido para otros motivos". Tales acciones podrían incluir detener las pérdidas en las tuberías de distribución o capturar el gas liberado durante los trabajos de minería o extracción de petróleo.

Entre los beneficios derivados se encontraría el mejoramiento de la calidad del aire, según indicó Hansen y otros colegas. El metano no sólo recalienta la atmósfera sino que también favorece la formación del ozono, un ingrediente de la polución.

Las acciones para reducir las emisiones de gas metano producirían, además, resultados mucho más rápidos que las medidas para controlar el dióxido de carbono.

Una vez liberado, el metano, componente principal del gas natural, permanece en la atmósfera sólo entre ocho y diez años antes de destruirse. El dióxido de carbono, que se libera cada vez que se quema un combustible fósil o un bosque, puede durar un siglo y se ha acumulado en el aire.

Los investigadores estadounidenses y holandeses que midieron la variación de los niveles de metano hallaron evidencias de que las acciones de la humanidad, a pesar de no estar dirigidas a atacar el cambio climático, fueron sus causas principales. En especial, el cierre de instalaciones de extracción de petróleo y gas tras la desintegración de la ex Unión Soviética.

Los antiguos métodos de producción liberaban enormes cantidades del gas por tuberías con pérdidas o pozos sin protección. Los métodos más modernos, que evitan las pérdidas, están siendo adoptados lentamente.

Recientemente, algunos especialistas advirtieron que las emisiones de metano eran quizá más controlables, que las de dióxido de carbono. Pero ésta es la primera vez que los científicos hallan una meseta sostenible -de 1999 a 2002- en las concentraciones de metano.

Fuente: La Nación (Argentina)
Noviembre 24, 2003