El antecedente de los nuevas heladeras está en el Protocolo de Montreal,
de 1987, cuando se instó a que la industria mundial sustituyera los
gases refrigerantes que afectan a la capa de ozono. En 1992, la organización
ambientalista diseñó un modelo de refrigeración ecológico
y lo ofreció al mercado europeo. Ninguna de las grandes empresas tomó la
idea, pero sí lo hizo una pequeña firma de Alemania que, en poco
tiempo, incrementó sus ventas hasta no poder satisfacer la demanda.
Por la presión de los usuarios europeos, que demandaban un mayor cuidado
del medio ambiente, las multinacionales comenzaron a producir heladeras ecológicas,
pero nunca repitieron la medida en los países subdesarrollados.
“ Tienen la tecnología y los recursos para hacerlo. Saben que las
heladeras con estos nuevos gases son de primera calidad y de amplia aceptación
por los consumidores, pero no quieren hacerlo. Lo que se deduce es que, a las
multinacionales, en algunos países les interesa cuidar el medio ambiente
y en otros no”, remarcó el especialista en tecnología de
Greenpeace Argentina, Emiliano Ezcurra.
El nuevo producto también tiene la ventaja de ahorrar el cinco por ciento
de energía y, con su producción masiva, el gas refrigerante utilizado
puede ser producido en el país, sin necesidad de importar, como sucede
con los químicos que se implementan en la actualidad. El único
lugar de América donde ya se utiliza un método similar es Cuba,
que por el bloqueo económico le es imposible acceder al clásico
y contaminante refrigerante de uso masivo en toda la región.
“ Somos los primeros, pero no queremos ser los últimos”, aseguró en
gerente de Autosol, Juan Pedro Birnie, que también recordó que “las
pymes estamos resistiendo a la competencia feroz y desigual de las multinacionales,
de las empresas brasileñas, y también sufrimos la desprotección
que tenemos, la falta de apoyo estatal a la industria nacional. A pesar de todas
estas contras, igual apostamos al país y a producir artículos que
no perjudiquen el medio ambiente”.
Con una producción mensual de 5000 refrigeradores, la empresa realizó una
inversión de 1,5 millones de dólares para modificar su sistema
de producción. “Este es un gran avance, si una pyme nacional pudo
emprender el desafío no existe ninguna excusa para que las grandes empresas
también comercialicen productos ecológicos”, destacó la
coordinadora de Propuestas Greenpeace, Mariana Walter.
Las nuevas heladeras de Autosal tienen un precio de fabricación mínimamente
superior a las que sí contaminan, pero la firma optó por absorber
ese costo, por lo que el precio en góndola podrá competir con
las otras empresas. La compañía comercializará dos marcas:
Koh-i-noor y Columbia, ambas con el mismo sistema ecológico. La empresa,
donde trabajan 180 personas, tiene un participación en el mercado local
del 12 por ciento, con un volumen de venta de 20.000 unidades anuales. Cifra
que apuestan a superar con el nuevo electrodoméstico, que el próximo
mes ya estará en todos los comercios del país.
La implementación de esta “tecnología greenfreeze” está enmarcada
en la política de la ONG por las “Propuestas Greenpeace”,
un espacio que centra su labor en dar a conocer una serie de opciones y avances
científicos que ya existen y, de ser ampliamente difundidas y aplicadas, “podrían
ser una de las claves para superar la crisis ambiental que actualmente atraviesa
el mundo”, destacaron en la organización.
Informe: Darío Aranda.
Fuente: Página 12 (Argentina)
Noviembre 20, 2003 |