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Investigan si hubo derrame tóxico en el río Neuquén
Vecinos
de Centenario denunciaron la presencia de un productor lavando una curadora
en el río, en cercanías de Centenario. Y luego
aparecieron dos manchas blancas en el curso de agua. La presentación
derivó en un pedido de informes de la fiscalía de Graves
Atentados Personales para que Medio Ambiente y la AIC analicen el agua.
NEUQUEN (AN)- La fiscal de Graves Atentados Personales, Sandra González
Taboada, ordenó que peritos especializados tomen muestras de las
aguas del río Neuquén luego de recibir una denuncia en
la que vecinos de Centenario aseguran haber visto dos manchas blancas
que temen hayan sido residuos de agroquímicos.
Testimonios de vecinos que pasaban el fin de semana junto al río
aseguran haber visto a un hombre lavando una máquina curadora
en la costa, en un lugar aledaño a una chacra. La fiscalía
pidió que se analice el agua, que se haga una inspección
ocular y que tomen intervención los organismos competentes, es
decir la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) y la dirección
de Medio Ambiente de la provincia de Neuquén.
La denuncia de los vecinos se hizo el domingo y en ese momento tomó intervención
la comisaría Quinta de Centenario.
La limpieza de los tanques de las máquinas curadoras, lo mismo
que el volcado de los envases de agroquímicos, es un problema
de larga data en la región y el río Neuquén, uno
de los más afectados por la práctica.
Las malas artes tienen lugar a uno y otro lado del curso de agua que
separa a Neuquén y Río Negro. En junio de este año,
este diario detectó que frente al coun-try Rincón Club
de Campo -del lado cipoleño- había un verdadero cementerio
de envases de agroquímicos, tanques, cajones y hasta un chancho
muerto.
Cuando se le consultó a la dirección de Saneamiento Ambiental
de Cipolletti, el encargado del área, Daniel Fraile, dijo que
su cartera no tiene ingerencia en el tema. Y derivó el caso a
la comisión de Control de Calidad y Preservación de los
Recursos Hídricos (Cocaprhi) donde el técnico Ernesto Ortega
manifestó que no tenían conocimiento del caso, a pesar
de que el resumidero ribereño era de evidente larga data.
El caso de Centenario llama la atención por la magnitud que los
testigos le adjudican a las manchas, que representarían un vertido
que va mucho más allá de la clásica limpieza de
tanques. Es qu para provocar una mancha de gran magnitud hace falta una
cantidad importante de plaguicidas. Por caso, cada kilogramo del metil
azinphos (con el que se combate la carpocapsa) se diluye en 1.000 litros
de agua y es con esa concentración que podría detectarse
su presencia en un curso de agua limpia.
Si -hipotéticamente- se limpió un tanque de 2.000 litros,
lo que se volcó fue el residuo de esa carga que se volvió a
diluir con la misma limpieza.
En ese contexto, la fiscal pidió que se tomen muestras en el
curso de agua apuntando a los sectores que fueron señalados por
los testigos.
Los efectos de los agroquímicos están siendo seguidos
de cerca por investigadores de la Universidad Nacional del Comahue, que
analizan no sólo los efectos en la napa freática sino también
en los seres humanos, además de otros estudios muy avanzados sobre
las consecuencias en la fauna. La UNC cuenta con un equipo de expertos
que trabajan en el laboratorio de investigaciones bioquímicas,
químicas y de medio ambiente (Libiquima) donde, por caso, han
detectado una alarmante disminución de la población de
sapos.
Los expertos han advertido que la presencia de plaguicidas en los cursos
de agua no constituye una amenaza sólo para el proceso de fertilización
sino que también afecta el proceso de desarrollo embrionario y
larval de los sapos.
Han determinado en el laboratorio que los agroquímicos afectan
los patrones de desarrollo normal de la especie, y modificando su tamaño,
su peso y determinando una reducida supervivencia.
Alarmante resultado de un experimento
NEUQUEN (AN).- Cuentan en un laboratorio de la UNC de una experiencia
que les puso los pelos de punta. Fue hace un par de años, cuando
los expertos del laboratorio Libiquima brindaron una capacitación
destinada a docentes secundarios.
Trabajaron con mojarritas que estaban en un recipiente con agua, al
que se agregaba un elemento químico con distintas concentraciones
que, avanzado el experimento, mostraba cómo los pececillos perecían.
La actividad mostraba la nocividad de algunos químicos al volcárselo
en grandes concentraciones. Las tres primeras pruebas fueron exitosas:
las mojarritas o viejitas de río morían recién cuando
el agente químico era excesivo; es decir en la última etapa.
En la cuarta experiencia, los científicos llegaron a la última
fase sin que los peces tuvieran inconvenientes, por lo que -extrañados-
aumentaron la concentración del químico, una, dos, tres
y hasta cuatro veces.
Sin entender lo que pasaba hicieron análisis y consultas hasta
que llegaron a la persona que recogía a los peces para el experimento.
Las tres primeras veces, las mojarritas habían sido capturadas
en el río Limay, pero la cuarta salió del río Neuquén.
La conclusión es sencilla, por la exposición a un cierto
grado de contaminación los peces del Neuquén han desarrollado
anticuerpos para determinados tóxicos contenidos en su hábitat.
En esta compleja problemática, no sólo se sospecha de la
acción de los agroquímicos sino de algunas empresas que
operan en el parque industrial de Neuquén y otras que se ubican
río arriba, en la zona de explotación hidrocarburífera
y aún más allá.
La falta de conciencia y los escasos controles ponen en riesgo la salud
de las miles de personas que viven aguas abajo. Los inconvenientes se
notan en los ríos y también en los canales, habituales
fuentes de descarga, y lugar de provisión de la población
rural.
Fuente: Río Negro (Río Negro - Argentina)
Noviembre 04, 2003
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