Buenos Aires, ciudad ruidosa

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Buenos Aires se ha convertido en la ciudad más ruidosa de América latina y en la cuarta en el orden mundial, detrás de Tokio, Nagasaki y Nueva York. De acuerdo con los parámetros establecidos por la OMS, por encima de los 70 decibeles -el máximo tolerable- el sonido ya resulta molesto; si supera los 90 se vuelve dañino y después de los 120 se torna absolutamente insoportable y hasta doloroso. De un estudio realizado en más de 100 esquinas de avenidas porteñas surgió que el nivel de ruido superó los 70 decibeles y que en determinados lugares de la ciudad sobrepasa la marca de los 80.

Si bien las fuentes del ruido son numerosas y diversas, el tránsito vehicular es el principal responsable, con los camiones recolectores de basura y los colectivos en los primeros lugares. En una escala menor se ubican los ruidos producidos por las bocinas, sirenas de ambulancias o autos de la policía, los aviones y los aparatos de aire acondicionado, entre otros factores.

La contaminación sonora es uno de los males que debe soportar estoicamente el que vive en una gran ciudad. En varios países del mundo, el ruido es considerado como la primera causa de enfermedad profesional y contaminación ambiental de la cual se quejan los habitantes. Además de las perturbaciones conocidas, los ruidos excesivos son fuente y causa de alteraciones psicológicas, como el aumento del estrés y la alteración del sueño; en ciertos casos llegan a producir daños físicos, como -por ejemplo- las hipoacusias.

El ruido es una agresión que provoca daño lentamente, pero de manera acumulativa, lo cual determina que el oído vaya perdiendo sensibilidad y calidad auditiva. Por encima de los 90 decibeles, el ruido produce dolor y desplazamiento del nivel de tolerancia a toda agresión acústica; todo eso genera, con el tiempo, pérdida auditiva.

Diversas son las normas que velan por un nivel de ruidos aceptable. En primer lugar, la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires contempla expresamente la limitación de ruidos molestos que produzcan contaminación sonora. La ordenanza 39.025 establece los niveles de ruido permitidos según zonas y horarios en los locales habilitados por las autoridades porteñas.

Por su parte, la ley nacional de tránsito brinda amparo frente a los vehículos que exceden los límites de ruido permitidos. La Dirección General de Control de la Calidad Ambiental es el organismo porteño encargado de controlar que no se produzcan violaciones a los niveles sonoros permitidos o tolerados que establece la normativa vigente, pero las conclusiones de la OMS revelan que muy poco se ha podido hacer desde esa dirección para evitar que nuestra ciudad se encuentre entre las más ruidosas.

Para revertir esta situación será necesario exigir que las autoridades correspondientes ejerzan -con decisión y firmeza- el poder de policía que les ha sido conferido, mediante controles periódicos y la imposición de sanciones efectivas a los infractores. Por otro lado, es imprescindible comenzar a generar una cultura menos ruidosa mediante campañas informativas destinadas a divulgar los trastornos y daños que provoca la contaminación sonora en los ciudadanos.

Fuente: La Nación (Argentina)
Noviembre 19, 2003