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Nada es verde en el ALCA
TORONTO, nov (Tierramérica) - A pesar del claro vínculo
entre comercio y ambiente, la agenda verde es completamente ignorada
en la batalla por crear un mercado único panamericano, afirman
analistas.
Hubo muy poco de ”verde” en la conferencia ministerial a
puertas cerradas que discutió el jueves 20 la creación
del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en la
ciudad estadounidense de Miami.
De hecho, las cuestiones ambientales jugaron muy poco desde el inicio
del plan lanzado en la Cumbre de las Américas de 1994, también
en Miami, por 34 países del continente, todos excepto Cuba.
”Los negociadores ni siquiera hablan de los impactos ambientales
del comercio”, dijo a Tierramérica el director de comunicaciones
del no gubernamental Consejo de Canadienses (Council of Canadians), Bill
Moore-Kilgannon, que encabeza la oposición al ALCA en este país.
La propuesta presentada esta semana por Estados Unidos y Brasil como
copresidentes de las negociaciones, permite a los países elegir
las obligaciones a las que están dispuestos, pero ni siquiera
menciona la palabra ambiente, dijo Moore-Kilgannon.
”El principio rector aquí es que no puede haber ninguna
restricción a las corporaciones”, opinó.
Existe amplio acuerdo en la comunidad internacional acerca de que el
intercambio comercial y el flujo de inversiones afectan el ambiente.
Hasta la Organización Mundial del Comercio reconoce que sin políticas
ambientales adecuadas, la liberalización comercial puede conducir
a más contaminación y a un uso no sustentable de los recursos,
afirman los investigadores de la Universidad de Yale, Mónica Araya
y Daniel Esty.
Los acuerdos comerciales deben incluir un componente de política
ambiental, y el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN) podría ser un buen modelo para el ALCA, argumentan los
autores del reporte ”Cerrando la brecha entre comercio y ambiente
del ALCA”.
El TLCAN, que comprende a Canadá, Estados Unidos y México,
entró en vigor en enero de 1994, tras cinco años de intenso
debate.
Contiene provisiones y un acuerdo paralelo sobre cooperación
ambiental que, al contrario de lo que se temía, no se convirtieron
en una nueva herramienta para el proteccionismo ni dañaron la
economía mexicana, concluye el trabajo.
Duramente criticado por la sociedad civil de los tres países,
la presión pública forzó a incluir en el TLCAN acuerdos
paralelos sobre derechos laborales y ambiente.
Moore-Kilgannon no cree que el TLCAN sea un buen modelo, aunque sí considera
que los tratados de comercio deberían incluir una protección
ambiental efectiva. Un grupo reducido de corporaciones y de gobiernos
rechaza cualquier restricción ambiental, pues su ventaja competitiva
descansa en la ausencia de normas, sostiene.
Las cláusulas ambientales del TLCAN no lograron proteger el ambiente
mexicano, según un estudio de tres años del Global Development
and Environment Institute (Instituto de Ambiente y Desarrollo Global).
”La gran ola de inversiones extranjeras directas fue la falla
definitiva respecto de la introducción de tecnología limpia
en la industria mexicana”, sostiene Florencia Copley, directora
ejecutiva de la costarricense Fundación Pacificar.
”Desde que el TLCAN entró en vigor, el gasto real en ambiente
cayó 45 por ciento y las inspecciones a fábricas y plantas
industriales se redujeron en una proporción similar”, agrega.
Por otra parte, existen problemas notables en el capítulo 11
del tratado que dio origen al TLCAN, referido a inversiones, y que se
propone como modelo para el ALCA.
Ese capítulo fue concebido para proteger de pérdidas a
los inversores extranjeros en países del TLCAN, explicó a
Tierramérica Daniel Magraw, presidente del Centro por el Derecho
Ambiental Internacional.
Según sus normas, los gobiernos de países anfitriones
de tales inversiones no pueden expropiar la propiedad de los inversores
sin el debido proceso y deben ofrecer igual tratamiento a empresas nacionales
y extranjeras.
Además, las empresas pueden demandar al país ante tribunales
por compensaciones económicas especiales si estiman que ha violado
sus derechos de inversores.
Paradójicamente, el capítulo 11 fue inicialmente elogiado
por una cláusula ambiental, según la cual los gobiernos
se comprometieron a no buscar inversiones extranjeras relajando o ignorando
sus regulaciones sobre salud, seguridad laboral y ambiente.
Pero dicho compromiso no cuenta con un mecanismo que lo convierta en
obligatorio. ”El problema es que el capítulo 11 está muy
mal concebido, todo el mundo sabe que algunas partes no tienen sentido
y otras no significan lo que se supone que significan”, sostuvo
Magraw, quien contribuyó a redactar el acuerdo como funcionario
de la estadounidense Agencia de Protección Ambiental.
En 1999 la corporación canadiense Methanex apeló al capítulo
11 para evitar que el occidental estado estadounidense de California
prohibiera el aditivo de gasolina MTBE por ser peligroso para la salud
humana.
La empresa reclamó una compensación de 1.000 millones
de dólares por ganancias perdidas, pero un tribunal del TLCAN
falló contra el reclamo en 2002. Methanex presentó una
nueva demanda, y el gobierno de California suspendió la prohibición
al MTBE.
Los costos de la defensa contra la acusación de Methanex fueron
enormes. ”No hay modo de que pequeños países como
Bolivia puedan afrontarlos”, opinó Magraw.
A su juicio, la mayoría de los países estarían
mejor sin incluir el capítulo 11 en el ALCA, aunque la protección
ambiental debería ser parte del acuerdo. ”Pero no soy optimista”,
dijo Magraw.
La falta de interés gubernamental en la cuestión proviene
de la convicción de que los asuntos ambientales deben ser tratados
en forma separada, dijo a Tierramérica el director del no gubernamental
Centro para los Derechos Ambientales, Gustavo Alanis, de México.
Pese a todo, en la Comisión de Cooperación Ambiental del
TLCAN ”existe apertura para que la sociedad presente denuncias
públicas. Este mecanismo tiene gran peso aunque no implique sanciones.
Creo que podría usarse como ejemplo para el ALCA”, apuntó.
La sociedad civil latinoamericana ha montado grupos de presión
para incorporar el tema en las negociaciones que aún deben desarrollarse
en 2004 y 2005.
Según el cronograma original del ALCA, el acuerdo debería
estar concluido en enero de 2005 y luego debería someterse a ratificación
parlamentaria para entrar en vigor a fines de ese año o en 2006.
Cunde sin embargo el escepticismo. ”El ALCA será otra carrera
hacia abajo, alimentada por las corporaciones. No tiene sentido intentar
hacerlo verde”, estima Anuradha Mittal, codirectora de Food First/Institute
for Food and Development Policy (Primero Alimentos/Instituto para Políticas
de Alimentación y Desarrollo).
Aunque el canadiense Moore-Kilgannon no va tan lejos, coincide en que
el ALCA no puede ”reverdecerse”.
”La esencia del ALCA es permitir a las corporaciones moverse con
libertad y hacer lo que quieran”, concluye.
Por Stephen Leahy -
colaborador de Tierramérica. Con aportes
de Diego Cevallos (México). Publicado originalmente el 22 de noviembre
por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
Fuente: Tierramérica
Noviembre 26, 2003
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