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Aunque hay más visitantes y menor presupuesto
La Reserva Ecológica ya
no se incendia
Los fuegos eran intencionales y se supone que alentaban una inversión
inmobiliaria, que se fue diluyendo con la recesión.
Desde hace siete meses no hay focos ígneos.
Ocho guardaparques y 21 bomberos
cuidan las 360 hectáreas.
Cada año la visita más
de un millón de personas.
Una década y 99 incendios después,
con crisis y una recesión que desalientan cualquier megainversión
inmobiliaria, la Reserva Ecológica de Buenos Aires parece otra.
Ya no se debate para qué sirve. O, mejor dicho, si cumple una función
o si debe ser convertida en algún proyecto-negocio frente al río,
tema recurrente durante los años 90.
Desde el 6 de septiembre de 2001, cuando ocurrió
el último incendio, las 360 hectáreas que la Reserva ocupa
en la Costanera Sur parecen mucho más funcionales a su idea original:
preservar la diversidad de especies animales y vegetales que contiene.
Récord de fuegos
Desde 1992 hasta estos días, 99 incendios se sucedieron
en la reserva. El récord se dio en 1992, mientras a un lado, paradójicamente,
crecía el ambicioso proyecto de Puerto Madero.
Unas 49 hogueras se produjeron aquel año, a pesar
de que la Reserva es un humedal. Intencionalidad, acusaron muchos. Mas
nunca se aclaró.
Casualidad o causalidad, desde que se agudizó
la crisis la zona no volvió a prenderse fuego. Ahora, con aquel
debate archivado -¿para siempre?-, el principal objetivo es trazar
un plan a largo plazo para afirmar la presencia del lugar sin resquicios
para que se filtren nuevas discusiones.
"Queremos convertir la Reserva en un espacio con
valor agregado. Que el que venga a visitarla se lleve más que un
lindo paseo. Que aprenda sobre la flora y la fauna, por ejemplo",
explicó el director del área, Federico Caeiro.
El Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica
Costanera Sur -tal su nombre original- depende de la Secretaría
de Medio Ambiente y Espacio Público de la Ciudad, a cargo de Eduardo
Ricciutti, aunque el manejo es asesorado por un comité de gestión
en el que participan las organizaciones no gubernamentales Fundación
Vida Silvestre Argentina, Amigos de la Tierra y Aves Argentinas, más
la Universidad de Buenos Aires.
Desde allí existe el convencimiento de que debe
fortalecerse el vértice educativo. Caeiro confirmó la presencia
de siete guías y de una tendencia clara hacia la recepción
de miles de visitantes.
"Cada vez vienen más excursiones escolares,
más gente los fines de semana y más extranjeros", aseguró
el director general.
Según las estadísticas que manejan en la
Reserva, unas 19.000 personas se acercan cada fin de semana a recorrer
el predio.
Durante el año último, 2550 extranjeros
llegaron hasta el espacio verde, procedentes de 11 países. Y 33.784
alumnos aprendieron sobre la biodiversidad que allí se protege.
Este año, con menos presupuesto (de 2.200.000
pesos en 2001 se pasaría a alrededor de 950.000), el plan de acción
prevé insistir en el perfil educativo del espacio, "anular
el divorcio que existe entre la ciudad y el verde, armar un manual de manejo,
preparar el escenario para el presupuesto participativo y dejar las bases
para que el próximo director general sea convocado por concurso",
de acuerdo con la planificación de Caeiro.
El quiebre en la relación con el resto de la ciudad
no debe relativizarse.
"Siempre se toma la Reserva como un foco de conflicto.
Y es un error. La Reserva es más que los incendios. Es una clase
abierta de educación ambiental y de naturaleza", define su
director.
Tema tabú para el área resulta, evidentemente,
este de los incendios. Para evitarlos, 21 efectivos de la Policía
Federal, más un sistema de cámaras que enfoca toda la zona
y ocho guardaparques contratados por la dirección general se ocupan
de cuidar la seguridad.
Aves y reptiles
Unas 306 especies de animales y 143 tipos de plantas
permanecen allí a salvo, en tanto no regresen las hogueras.
Entre las aves encontramos el macá y la garza
mora, patos capuchinos y sirirí, el carpintero real y cisnes de
cuellos negro. Culebras, yararás, tortugas de laguna y hasta el
lagarto overo deambulan entre los pajonales y las totoras, junto con la
rana criolla y el sapito de las cuevas. Las comadrejas coloradas y los
coipos son los principales mamíferos que eligieron el paseo para
vivir.
Para quienes trabajan en la Reserva, plantear el tema
de los incendios causa molestia. Pero resulta inevitable. Porque, como
justamente mencionó Caeiro, muchos ven el área como "un
foco de conflicto".
En todo caso, vale destacar que desde hace casi
ocho meses, ya sin fuego, la atención viró lógicamente
de un debate improductivo a un fortalecimiento de la política ecológica.
Fuente: La Nación
Abril 28, 2002
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