|
La resolución fue adoptada
el viernes último por el Consejo Académico de la Facultad
de Ciencias Naturales y Museo, de la que depende el organismo ubicado en
el Paseo del Bosque y que es considerado uno de los más importantes
del mundo en su especialidad.
Fundado el 17 de octubre de 1877
sobre la base de las colecciones del perito Francisco Pascasio Moreno -nombrado
su director vitalicio-, el establecimiento mantuvo durante décadas
la tradición de abrir sus puertas todos los días del año
excepto el 1° de mayo, el 25 de diciembre y el 1° de enero.
La medida, que se pondrá
en práctica desde el lunes próximo, equiparará al
museo platense con sus pares del resto del mundo, en los que, como forma
de trabajo, se cierra una vez a la semana para permitir el desarrollo de
actividades que no pueden realizarse mientras las salas están habilitadas
al público. Sin embargo, la decisión del cierre se sustenta
en problemas económicos.
El coordinador operativo del museo,
Alberto Julianello, explicó a LA NACION que "para tomar esta
determinación se tuvo en cuenta que los lunes son los días
en que concurren menos visitantes".
El principal motivo del ajuste
responde a que, desde septiembre último, el museo no recibe las
partidas destinadas a su funcionamiento, lo que le impide hacer frente
al pago de servicios básicos -electricidad, teléfono, gas
y agua- y de las tareas de limpieza del edificio, una construcción
de estilo neoclásico que forma parte del patrimonio histórico
y cultural de la ciudad.
Sólo en concepto de electricidad,
la institución adeuda 40.000 pesos por facturas atrasadas. Así
lo informó ayer a LA NACION la directora del museo, Silvia Ametrano,
quien consideró: "Para nosotros es como la deuda externa porque
es impagable". Y agregó: "Si bien el detonante es la terrible
situación económica, ésta era una idea que estábamos
analizando desde hace un tiempo". En tanto, el mantenimiento indispensable
para las piezas y colecciones depende hoy de lo recaudado en concepto de
entradas, que cuestan 3 pesos (los menores de 12 años no pagan).
Objetos de valor
Si bien las autoridades del museo
dijeron que no cuentan con estadísticas, se informó que durante
el último fin de semana ingresaron unas 2000 personas, de las cuales
sólo 700 pagaron entrada. El museo posee unos 2,5 millones de piezas
de colección, algunas en exhibición y la mayoría cuidadas
y conservadas en depósitos. Sus salas presentan, principalmente,
elementos de la fauna, flora y culturas de América del Sur.
En gran medida el prestigio de
esta institución está ligado a sus colecciones de grandes
mamíferos fósiles pampeanos del terciario y el cuaternario,
únicos en el mundo. Asimismo, sus colecciones arqueológicas
y etnográficas son de un interés notable, destacándose
las de la Argentina por su calidad y cantidad.
"Nuestra intención
es mantener el máximo nivel y la calidad del servicio, considerando
que nuestra actividad tiene como meta un fin social y educativo muy importante",
sostuvo el coordinador.
Por Pablo Morosi
Corresponsal en La Plata
Una tierra arrasada y triste
Si no fuera por su magnífico
edificio y por el magnetismo que las piezas exhibidas siguen ejerciendo
en el visitante, pese al descuido, el Museo de Ciencias Naturales de La
Plata sería el más triste canto a la decadencia. El ejemplo
perfecto de a lo que nunca debe llegar un museo.
Considerado alguna vez el quinto
del mundo en su especialidad -las ciencias naturales, la paleontología
y la arqueología-, si pese a sus vitrinas cansadas y avejentadas
aún conserva su lugar entre los grandes, se debe a sus colecciones
y al nivel de sus investigadores; no a su exposición, que, en todo
caso, corresponde a menos del 10% de su patrimonio.
La caída del museo viene
de larga data. Por supuesto, se inscribe en la decadencia general que sufrió
cualquier organismo del Estado durante las últimas décadas
y tiene que ver con el dinero escaso. Pero también -y quizás
en mayor medida- con un conflicto político que provocó algo
más grave que la falta de fondos: el abatimiento de los investigadores,
el desinterés por las exposiciones, la falta de colaboración,
en muchos casos, y una relación entre quienes se dedican a investigar
y quienes ejercen la dirección de la institución, que quedó
resentida y nunca se recuperó del todo.
El museo pertenece a la Facultad
de Ciencias Naturales (en rigor, el nombre es Facultad de Ciencias Naturales
y Museo). El conflicto estalló en 1998, cuando se desató
una pelea entre el entonces presidente de la Universidad Nacional de La
Plata, Luis Lima, y quien era decano de la facultad, Marcelo Caballé.
Los cuestionamientos a la seriedad de un proyecto de remodelación
del edificio -hoy suspendido, el relevamiento de su director legítimamente
elegido, la derogación del estatuto por parte de la facultad y la
imposición de una interventora -hoy directora- fueron parte de las
armas presentadas por cada bando. Hubo más: idas y venidas judiciales
(el rectorado intentó separar el museo de la facultad) y hasta la
toma del edificio por parte de los estudiantes como forma de protesta por
la separación, sucesos que terminaron convirtiendo el museo en un
campo de batalla.
Pero, se sabe, las batallas suelen dejar la tierra
arrasada y triste. El museo no fue la excepción y hoy agoniza.
Fuente: La Nación
Mayo 2, 2002
|