Implementación de una gestión sostenible de los contaminantes.
Los contaminantes a la vista en México

Durante años, grupos ambientalistas mexicanos envidiaron el acceso a la información de que gozaban sus colegas de Canadá y Estados Unidos.

Por lo general, el silencio era la respuesta a preguntas sobre temas como las emisiones industriales o la eliminación de residuos. Pero ahora que México está estableciendo un registro de emisiones y transferencia de contaminantes (RETC) similar a los de los otros dos países, todo eso está a punto de cambiar. “Ésas sí que son buenas noticias”, manifiesta Martha Delgado, presidenta de Presencia Ciudadana Mexicana, ONG a favor de la democracia y el medio ambiente con sede en la Ciudad de México. “El gobierno ha demostrado mucha apertura y disposición para hacerlo.”

De acuerdo con las reformas a la legislación mexicana de protección al ambiente aprobadas por el Congreso en diciembre pasado, las industrias deberán elaborar informes de una amplia variedad de contaminantes que descargan o envían a compañías de manejo de residuos. Se supone que la elaboración de informes iniciará el primer trimestre de 2003, con datos correspondientes a 2002, y que la información se vaciará a un registro nacional disponible a la ciudadanía. Se incluirán emisiones al aire, agua, suelo e inyectadas al subsuelo, así como transferencias fuera de sitio, factores incluidos en la resolución de la CCA que fomenta la elaboración de informes desglosados por sitio y sustancia química.

Es impresionante la cantidad de trabajo que hay que hacer para tener el registro listo y funcionando. El primer paso, y el más importante, es redactar los reglamentos para su instrumentación. “Las reformas a la ley son tan genéricas que necesitamos los reglamentos para mayor precisión”, señaló el subsecretario de Gestión para la Protección Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales ( Semarnat ), Raúl Arriaga. De acuerdo con su calendario, los reglamentos estarán listos para agosto, lo que significa que quedan cuatro meses para distribuir información e impartir talleres a la industria.

Esta fecha límite es un tanto ambiciosa, sobre todo si tomamos en cuenta que aún no se ha convocado el comité consultivo que estará conformado por miembros de la industria y ONG —que la señora Delgado dice que se prometió. Para empezar, los encargados de la definición de políticas deberán decidir quién está obligado a informar, qué sustancias químicas se van a incluir en los informes, qué niveles de concentración desencadenará la elaboración de informes obligatorios y cómo medir los contaminantes.

Para rematar, la Semarnat debe conformar una lista inicial de industrias —de la cual se vigilará quién no está elaborando sus informes—e especificar las sanciones por incumplimiento. Sin embargo, ello se vuelve particularmente complejo porque las autoridades federales mexicanas sólo tienen competencia sobre los sectores más amplios de la industria, como el químico y el petroquímico. Los estados regulan una amplia variedad de otras industrias, desde la alimentaria hasta la textil, y los municipios regulan negocios pequeños, como tintorerías y talleres mecánicos locales. Cada gobierno necesitará crear su propio registro que alimente la base de datos federal. La Semarnat está realizando talleres con las autoridades estatales y locales para orientarlas en la redacción de sus propios reglamentos.

“Parte del trabajo es determinar qué tan grande es el universo de compañías”, manifiesta Arriaga. “Sólo tenemos lo correspondiente al gobierno federal y estamos trabajando con la Asociación Nacional de Autoridades Ambientales Estatales en los inventarios.”

La señora Delgado considera que es poco realista tratar de incluir todas las industrias en el primer registro, pero diversas ONG han comenzado a trabajar con compañías más pequeñas para ayudarlas a prepararse para el cambio. La Cooperativa Ecologista de Jalisco ha impartido talleres en Guadalajara, Querétaro, Monterrey y Aguascalientes, mientras que Presencia Ciudadana Mexicana lanzará un proyecto este mes para capacitar más ONG que trabajen con la industria.

Por su parte, los líderes empresariales parecen haber aceptado la nueva ley, no sin ciertas reticencias con respecto a la confidencialidad. “Hemos celebrado reuniones para explicar de lo que se trata”, señala Arriaga. “Lo importante es que hay transparencia.” Delgado está de acuerdo, sobre todo con relación a la ciudadanía. El registro debe ser accesible y útil, indica. “Debe estar en Internet. La información debe ser comprensible: necesitamos saber lo que significa y se tienen que explicar los efectos en la salud.”

Fuente: CCA
Junio 14, 2002