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El mercurio contamina las regiones polares.
Cuando llega la primavera se detecta
un fenómeno que puede hacer que peligre la Antártida.
Dos estudios científicos recientemente publicados han descubierto
que durante la citada estación del año se registra un incremento
sensible en la cantidad de mercurio que contienen las precipitaciones registradas
en el Continente Helado. Los combustibles fósiles liberan
cada año unas 6.500 toneladas de mercurio, que acaban en la Atmósfera.
Este vapor de mercurio permanece en el aire, siendo transportado hacia
múltiples zonas del planeta, incluyendo las zonas polares.
Los científicos ya sabían que en sólo 5 semanas de
esta estación, la costa norteña de Alaska, una región
que incluye el Artic National Wildlife Refuge, recibe más del doble
de mercurio que durante otra época del año.
Las nuevas investigaciones muestran un fenómeno similar en la Antártida,
constituyendo un triste hito, puesto que ha sido la primera vez que se
ha detectado esta contaminación en la región polar del hemisferio
sur. Los dos estudios que han registrado este fenómeno, publicados
en la revista Environmental Science and Technology, una revista
de la Sociedad Americana de Química, presentaron nuevos datos sobre
lo que se había denominado como mercury sunrise.
Cuando el sol se eleva y termina la larga noche polar, se desencadenan
diversas reacciones químicas que hace que se precipite en la Antártida
grandes cantidades de mercurio. Este elemento químico se acumula
en los hielos, siendo liberado en el momento en que éstos se derriten.
En uno de los estudios, el profesor Ralf Ebinghaus, químico ambiental
del Instituto Geesthacht de Alemania, describe la detección del
mercury sunrise en la estación alemana situada en la Antártida,
registrada en el periodo comprendido entre Enero de 2000 y Enero del 2001.
El otro estudio, elaborado por Steve Lindberg, del Oak Ridge National Laboratory
de Tennessee, presenta las primeras evidencias de cómo este fenómeno
provoca un incremento en la acumulación de mercurio en la nieve.
Investigadores canadienses, que colaboraron con Lindberg, determinaron
que parte de ese mercurio contenido en la nieve puede ser transformado
por bacterias en una forma que puede pasar a la cadena alimenticia. El
equipo de Lindberg afirma que estos nuevos descubrimientos podrían
explicar por que los niveles de mercurio en aves ártica, focas y
ballenas belugas se han incrementado en las últimas décadas,
incluso después de que las emisiones atmosféricas de mercurio
se hayan reducido.
Este fenómeno, mercury sunrise, depende de la presencia
de la luz ultravioleta, de las aguas abiertas y de la actividad del hielo
marino. Los datos de Barrow muestran que la aparición del sol en
la Antártida desencadena una serie de reacciones que convierten
el vapor de mercurio en una forma soluble de óxido de mercurio,
que puede acumularse en la nieve. Las estimaciones de Ebinghaus y Lindberg
sobre la cantidad de mercurio que está llegando a los ecosistemas
polares varían entre las 50 y las 300 toneladas anuales.
Fuente: Ayaba
Marzo 25, 2002
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