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Las inundaciones
Crecen en Santa Fe los focos de infección
por el agua contaminada
Hay sarnas, micosis, pediculosis y diarreas; es la
peor crisis sanitaria de su historia
SANTA FE.- El río Salado no sólo se llevó vidas y
barrios enteros. También minó la salud de la población
y puso a esta ciudad en una situación sanitaria crítica,
la más grave de su historia. No son pocos los que aquí especulan
que cuando bajen las aguas el número de muertos sume algunos centenares.
El agua contaminada y los animales muertos o enfermos son un foco de infección
permanente y el hacinamiento y la falta de higiene no hacen más
que inducir los contagios. Hay sarnas, micosis, pediculosis, diarreas y
cuadros respiratorios agudos. También una gran cantidad de brotes
psicóticos y de drogadictos con síndrome de abstinencia.
Los médicos y enfermos se desviven. En un esfuerzo descomunal -muchos
directamente no duermen-, hacen lo imposible para detener la propagación
de enfermedades. Santa Fe es, por estas horas, una inmensa sala de emergencia
en la que todo es urgente.
El subsecretario de Salud de la ciudad, Daniel Tardivo, dijo que hasta
el momento no hay brotes epidémicos y que en las próximas
horas se terminará de vacunar a los evacuados. Los hospitales tienen
puestos sanitarios en los centros de evacuados y móviles que recorren
las calles y las zonas inundadas para asistir a los que se quedaron en
los techos de sus casas.
Los especialistas del hospital Iturraspe tuvieron que aislar a dos chicos
con hepatitis y detectaron otros tres casos más, según informó
Adriana Miller, supervisora de Atención Primaria de ese centro.
Siguen de cerca a los que tienen tuberculosis, para que continúen
tomando los remedios. Buscan y buscan entre los evacuados a los pacientes
diabéticos insulinodependientes y recorren casas particulares y
bares cercanos para que les guarden la insulina en la heladera. Las enfermeras
son las encargadas de inyectárselas.
No pueden perder de vista a las embarazadas. Tienen que hacer nuevamente
todos los controles. Ya nació un chico en un centro de evacuados.
"Tenemos una cantidad impresionante de mujeres que empezaron a menstruar
de golpe y todas juntas porque dejaron de tomar los anticonceptivos. Ni
siquiera teníamos tantos apósitos -contó la supervisora
del Iturraspe-. Los drogadictos son un drama; están todos con síndrome
de abstinencia. Hay una brigada de psiquiatras que está tratando
de ubicar a quienes los atendían. Y pensá en las personas
que tienen una colostomía y no tenían bolsitas para cambiarse.
Ahora ya se las estamos entregando. Los casos de varicela se tratan de
aislar hasta que pase el peligro de contagio. Es muy difícil, pero
lo estamos controlando."
Miller recuerda el caos del primer día, cuando los inundados se
volcaron en masa al hospital. Llegaban desesperados, muertos de frío,
con hipotermias severas y cortes en todo el cuerpo. Ahora están
mucho más organizados. Hay médicos que se suben a los botes
y navegan por los barrios con su botiquín. Uno se trepó a
un techo para darle la antitetánica a un hombre que se había
cortado y no quería ir al hospital. Lo cosió ahí mismo.
El médico clínico Arturo Viola atiende a los que se quedaron
en sus casas inundadas en el barrio Santa Rosa: "La situación
es muy grave. Es difícil conseguir los remedios para la gente que
tiene que seguir un tratamiento".
En los centros de evacuados hay muy pocos baños. Poquísimos.
Y la limpieza y asepsia es un tema que aún no han logrado dominar,
de acuerdo con el subdirector del Hospital Psiquiátrico, Gustavo
Dasenzo. Gustavo Ferrero es un médico emergentólogo cordobés
que, ni bien se enteró de lo sucedido, viajó a Santa Fe.
Desde hace cinco días está a cargo del puesto sanitario de
Campo Universitario, al norte de la ciudad. En ese centro de evacuados
hay dos baños del predio y otros cuatro baños químicos
para 550 personas.
Tienen, al igual que en los demás centros, una gran preocupación
por aquellas personas que requieren dietas especiales, como diabéticos,
celíacos o chicos desnutridos.
"Menos bichitos de luz, acá encontrás lo que quieras.
Hay muchísimas enfermedades de la piel. Chicos con sarna, micosis
graves o piojos. Encima, la gente trae a sus perros enfermos, que son un
foco infeccioso peligrosísimo", dijo el especialista en emergencias.
Cabezas rapadas
Los chicos con piojos hacen cola para ver al peluquero, un voluntario que
los rapa porque la pediculosis crónica hace escaras en el cuero
cabelludo. Además de que sería imposible detener el contagio
en un gimnasio en el que unos duermen pegados a otros. "Vimos muchos
casos de diarrea por el agua contaminada, pero ya están bien",
dice Ferraro. Con él trabajan seis profesionales de la salud mental.
Fernando, psicólogo, es uno de los encargados de contener a la gente,
que no sale de su estado de shock: "Hay muchísimas fobias,
pero el mayor drama son los brotes psicóticos, porque esta situación
actuó como un detonador. Calculamos que en el hospital psiquiátrico
ingresa una persona con un brote por hora".
Además hay que tratar los nervios y la conmoción. Germán
Eir, enfermero, atiende gente en un centro de evacuados de Santo Tomé:
"Hay muchas personas con la presión alta y con crisis nerviosas,
así que les damos algo para calmarlos".
También hay gente hemipléjica y discapacitados que están
solos, dijo la supervisora del Iturraspe: "Buscamos voluntarios y
estamos esperando a que reabra el hospital Vera Candioti, que se inundó,
para derivarlos".
Y lo que podría decirse de los pacientes oncológicos, de
los hipertensos, de los enfermos mentales, que requieren atención
especial. Es realmente muy difícil. Pero, una vez más, hay
que destacar el esfuerzo de médicos y enfermeros. Se están
matando por ellos.
Por Marta García Terán
Fuente: La Nación (Argentina)
Mayo 05, 2003
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