|
Por un desarrollo que tenga sustento
Por Carlos E. Merenson
Desde siempre, el desarrollo ha significado uno de los principales objetivos
del hombre. Evolucionar, mejorar, ampliar el dominio sobre la naturaleza
han sido en todas las épocas los principales móviles de las
acciones humanas.
Sin embargo, el desarrollo puede perseguirse por distintos caminos, y el
camino elegido signa decisivamente cuál es el resultado final al
que se arriba.
Los llamados países desarrollados eligieron en su momento un camino
que los llevó al desarrollo que hoy ostentan, caracterizado por
una gran pujanza económica y, pese a evidentes contradicciones,
con grandes avances desde el punto de vista social. Pero, ¿cómo
puede calificarse este desarrollo desde un punto de vista ambiental?
La "huella ecológica"
Es necesario hacer una diferencia crucial entre el escenario local y el
global, puesto que se deben tomar en consideración tanto los "flujos
ocultos" de las economías como la "huella ecológica"
( ecological footprint ) de sus poblaciones.
Los países desarrollados tienen inmensos "flujos ocultos"
de insumos materiales que, en la mayor parte de los casos, no tocan siquiera
su propio territorio, y por otra parte, la "huella ecológica"
de sus poblaciones -que muestra cuántos recursos necesitan para
satisfacer el consumo y para absorber todos los desechos que generan- resulta
ser, en el nivel global, un 30 por ciento más grande que el espacio
ecológico que el mundo puede ofrecer, lo que muestra la existencia
de profundas disparidades entre el mundo desarrollado y nuestro mundo en
desarrollo.
El ambiente es esencialmente global y no se puede aislar la cuestión
ambiental en sólo una parte del planeta.
Las consecuencias de los daños ambientales las compartimos todos.
El cambio climático nos afecta a todos por igual. La pérdida
de una especie viva nos afecta a todos por igual.
Por todo lo anterior, podemos afirmar que el desarrollo alcanzado por el
mundo industrializado ha sido esencialmente "insustentable".
Las ganancias de una parte hicieron perder sus oportunidades a la otra.
En tal escenario, el desarrollo sustentable emerge como el único
correcto desde el punto de vista global, ya que los tres pilares del desarrollo
deben crecer simultáneamente para que el edificio no se incline
y para que sus cimientos sigan siendo sólidos.
Son tan importantes el crecimiento económico como el desarrollo
social, la protección del ambiente y los recursos naturales.
Dicho en otras palabras, toda política que persiga aumentar la producción
sin tomar en consideración la sustentabilidad de los recursos en
que se basa esa producción, tarde o temprano se enfrentará
con una disminución de la productividad, lo que también desembocará
en un aumento de la pobreza.
La Argentina tiene hoy la oportunidad de relanzar su desarrollo bajo los
cánones de la sustentabilidad. Y desde el punto de vista ético,
tiene la obligación de hacerlo.
La condición internacional de sustentabilidad -por la cual, entre
otras cosas, el financiamiento para el desarrollo queda fuertemente ligado
al crecimiento económico, el desarrollo social y la protección
ambiental- puede ayudarnos a lograrlo. Más aún: casi puede
decirse que no lograremos apoyo para ningún desarrollo si no lo
encauzamos de esta manera.
El sector ambiental está en inmejorables condiciones de ser el vehículo
para transitar por un camino hacia la sustentabilidad del proceso de desarrollo,
hacia una verdadera reactivación, captando financiamiento y cooperación
internacional, promoviendo inversiones y también generando trabajo.
La mitigación del cambio climático, la utilización
sustentable de la diversidad biológica y el ecoturismo resultan
claros ejemplos de las posibilidades concretas en tal dirección.
El desafío nacional de consolidar un desarrollo sustentable es altamente
motivador. Los argentinos estamos en condiciones de enfrentarlo con éxito.
Los logros que se alcancen en el desarrollo de esta política beneficiarán
a todos y permitirán cuidar el patrimonio ambiental de la Nación,
generando un país más vigoroso y una mejor calidad de vida
para las actuales y las futuras generaciones.
Valores compartidos
Vivimos momentos fundacionales y, como nunca antes en nuestra historia,
el destino común nos llama a redefinir prioridades y a buscar un
nuevo comienzo. Urge consolidar un diálogo constructivo en busca
de un fundamento común y valores compartidos para encaminar nuestros
pasos hacia una Argentina sustentable.
En esta empresa común, todos tenemos un papel sustancial por jugar.
Nadie puede quedarse con los brazos cruzados. Por último, haciendo
propias las palabras finales de la Carta de la Tierra, podemos decir: "Tendremos
éxito porque debemos tenerlo".
El autor es secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.
Fuente: La Nación (Argentina)
Mayo 08, 2003
|