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Opinión
Un método anticuado
Una de las críticas principales que podemos hacer al modo en que
se enfocó la privatización de los servicios de agua corriente
y saneamiento fue la subestimación del tema ambiental. Orientada
por administrativistas, no percibieron la diferencia central entre éste
y otros servicios públicos: cuando los trenes se atrasan, cuando
los teléfonos no funcionan, cuando las autopistas se embotellan,
la gente se enoja. Pero cuando los servicios de agua y saneamiento tienen
fallas, la gente se muere.
A escala mundial, las variables que más
influyen sobre las tasas de enfermedad y muerte en una comunidad, son
la calidad del agua que
beben y el modo en que evacuan sus excretas. Potabilizar agua es un proceso
industrial que, como cualquier otro, genera residuos que deben ser tratados.
La Auditoría General de la Nación reporta que "se
ha generado en dichos procesos un vertido residual que es evacuado fuera
de las instalaciones de las plantas potabilizadoras con destino a cursos
de agua sin ningún tipo de tratamiento, superando los valores
permitidos por la normativa tanto nacional como provincial".
¿Qué se está volcando al Río de la Plata?
Residuos peligrosos, en cantidades superiores a los valores admitidos
por las leyes: aluminio, cromo total, plomo, mercurio, sustancias fenólicas,
DDT, heptacloroepóxido. Además de importante cantidad de
bacterias, también por encima de los valores permitidos.
Algunos son tóxicos, otros son cancerígenos, otros son
ambas cosas. O sea que las plantas potabilizadoras funcionan como fábricas
contaminantes. El que se contamine el agua al mismo tiempo que se la
potabiliza es el sinsentido de una operatoria que nadie quiso controlar
hasta ahora.
El único material que aportan las plantas es el aluminio. Los
demás ya estaban antes en el agua captada del río. Y, como
sabemos, el procedimiento de potabilización es de la época
de Sarmiento y no está pensado para depurar los residuos peligrosos.
En otras palabras, que la planta depuradora capta agua contaminada del
río, le saca el barro, le pone cloro y la manda por la red. ¿Qué pasa
con todos esos residuos peligrosos? ¿Los estamos tomando? ¿O
desaparecieron por obra de algún milagro que uno no es capaz de
comprender?
El autor es profesor de Ciencias Naturales en la Universidad de Buenos
Aires y en la Universidad de Belgrano.
Por Antonio E. Brailovsky
Fuente: La Nación (Argentina)
Mayo 17, 2006 |