SON DE GREENPEACE, FUERON LIBERADOS Y RETOMARON LA PROTESTA EN SANTAREM
Los activistas argentinos presos en Brasil denunciaron violencia policial

Dijeron que la Policía tomó por asalto un barco y disparó gases lacrimógenos.

Hace un mes y medio estaba en Gualeguaychú. Desde el sábado, permanece atracado en el puerto de Santarem, la segunda ciudad del Amazonas brasileño. Es el buque "Artic Sunrise" de Greenpeace que protesta contra una multinacional de la soja por destruir selva para cultivar la oleaginosa. El sábado, tres argentinos que estaban a bordo, entre ellos, Hernán Giardini, activista de la ONG, sufrieron la violencia de la Policía provincial del estado de Pará, que invadió la embarcación.

Los activistas de Greenpeace son cerca de treinta y entre ellos hay brasileños, canadienses, alemanes y norteamericanos. Al capitán de la nave, Waldemar Wichmann, se lo llevaron preso con "una pistola que le apuntaba directo a la cabeza". Así lo relató Giardini a Clarín. Para este militante ecologista, que desde hace un año trabaja en la filial porteña de la organización, las agresiones policiales parecieron absolutamente desmedidas: "Entraron al barco disparando gases lacrimógenos y pateando puertas y rompían lo que encontraban a su paso. A Wichmann lo esposaron por atrás y si caía al río no hubiera podido nadar."

¿Cómo se explica la ferocidad? Según Giardini, nada lo justifica: "Nuestra manifestación tenía un único propósito: denunciar la presencia de la multinacional Cargill en medio del Amazonas que ha construido allí un puerto ilegal". Desde allí, la empresa escurre la producción sojera regional, que aceleradamente sustituye a la floresta. Según las autoridades policiales, los jóvenes de Greenpeace fueron detenidos por "obstruir las actividades portuarias". Del otro lado, los ambientalistas subrayaron que "el puerto en cuestión fue construido sin satisfacer las leyes brasileñas para el medio ambiente". Esas instalaciones portuarias, que incluyen varios silos, fueron erigidas a orillas del río Amazonas, desde donde la soja es transportada a Europa. En febrero de 2006, un tribunal ordenó a la multinacional que realizara una evaluación de impacto ambiental en la región; pero la compañía no cumplió con la demanda.

Ayer, Giardini percibió qué cerca estuvo su grupo de que pasara lo peor. "Vinieron varios barcos con estancieros de la zona y funcionarios de Cargill. Estaban enfurecidos, nos agredieron a golpes y tiraron al agua a algunos de nuestros compañeros". Ayer, la solidaridad se hizo sentir. Por la mañana, unas mil personas se movilizaron en la Marcha por la Floresta en Pie delante del Artic Sunrise. Fue en defensa de los jóvenes, pero también por sus propias reivindicaciones: contra el monocultivo de la soja y en defensa de la producción familiar. La Policía no hizo comentario alguno sobre el accionar de sus efectivos. En esa marcha por Santarem, que queda 3.500 kilómetros al norte de San Pablo, se vio a ribereños, pescadores, indios, campesinos, estudiantes y trabajadores rurales.

En uno de los numerosos casos estudiados por el Ministerio Público Federal brasileño, se comprobó que la soja que llegaba a las instalaciones de Cargill procedía de la Hacienda Lavras, que se asienta en terrenos adquiridos ilegalmente y parte de los cuales se habían deforestado para plantar soja. Greenpeace posee una copia del contrato firmado entre Cargill y los propietarios de la hacienda. "Esto demuestra que la razón está del lado de Greenpeace y no de las cerealeras. La soja destruye la economía regional, básicamente extractiva de los frutos amazónicos y por eso, preservadora de la selva". Giardini y sus compañeros dijeron que lo ocurrido "blanquea" frente al mundo que parte de la soja brasileña se obtiene a costa de la destrucción de la selva.


Por Eleonora Gosman



Fuente: Clarín (Argentina)
Mayo 22, 2006