El Chaco y las Yungas, las regiones más amenazadas
Los argentinos perdemos 250 mil hectareas de bosques por año

La Situación Ambiental Argentina 2005, publicación que la Fundación Vida Silvestre Argentina lanzará públicamente el próximo 23 de mayo en la Biblioteca Nacional, analiza las tendencias ambientales del país y demuestra que son preocupantes: La deforestación anual equivale a diez veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires. En esta entrega, un adelanto del trabajo que incluyó a más de 140 autores representantes de unas 50 instituciones académicas, organismos públicos, organizaciones no gubernamentales y empresas privadas de nuestro país

La deforestación no es un proceso reciente en Argentina. Desde hace tiempo nuestros ecosistemas forestales comenzaron a recibir la presión humana debido a la extracción de madera para distintos usos. Esta tendencia se ha profundizado en los últimos años debido al avance de la frontera agrícola. Al mismo tiempo, los argentinos comenzamos a percibir que éste es un problema grave.

En 2002 se calculó que quedaban en el país alrededor de 33 millones de hectáreas de bosque, pero por año se transforman 250 mil, con lo cual la pérdida es contundente. Sobre todo en el Chaco Seco donde el 70% del bosque fue eliminado por la expansión agrícola. El Chaco Húmedo y la selva pedemontana de las Yungas forman parte también de la lista de áreas amenazadas.

La Selva Misionera alberga la más alta biodiversidad del país, pero sólo queda un 7% de la superficie original, y la mayor parte se encuentra en nuestro país, ya que en Paraguay y Brasil ha sido prácticamente destruido. A la destrucción del bosque para conversión en tierra de cultivo se le suma el reemplazo de selvas por forestaciones implantadas, para uso industrial.

El proceso de deforestación conlleva una pérdida de la biodiversidad, induce a modificaciones en el clima provocando grandes sequías e inundaciones y aumenta los niveles de contaminación. Según el trabajo que publicará Vida Silvestre, la quema de los bosques chaqueños produce emisiones de CO2 superiores a las de todos los medios de transporte del país.

La implicancia no es solo ambiental sino también social y económica, y la salida de ninguna manera está en frenar el avance agrícola, sino en desarrollar un modelo productivo sustentable en el que se conserven porciones de bosque suficientes que no comprometan su biodiversidad y servicios ambientales y permitan aprovechar el potencial natural de las tierras.

Una fórmula que ha resultado exitosa en otros lugares del mundo (incluidos países latinoamericanos) ha sido el desarrollo de planes de ordenamiento territorial. Estos deberían ocurrir en el marco de una planificación ecorregional, impulsada por el Estado. El ordenamiento territorial no es, por cierto, una práctica corriente en nuestro país. Los esfuerzos realizados quedaron en intentos tecnocráticos o, en otros casos, no se contó con respaldo político para su implementación efectiva.

Si bien sólo el 7% de los habitantes considera que la deforestación es la mayor amenaza al medio ambiente, este porcentaje crece dramáticamente en las provincias donde se convive con los bosques, con 35% en Tierra del Fuego y de 23 al 26% en Chaco, Santiago del Estero, Misiones y Salta. Estos datos fueron revelados por la Encuesta Ambiental 2005, incluida en la publicación de la ONG ambientalista lanzará próximamente.

La FVSA considera que desde el ambientalismo estamos frente a una gran oportunidad: la de dialogar con los sectores responsables de la deforestación para compatibilizar nuestras visiones y metas, concretando esa compatibilidad en proyectos concretos. Es el momento de mostrar que las preocupaciones del ambientalismo y los trabajos del sector científico pueden integrarse racionalmente con las decisiones de crecimiento de nuestro país. Tenemos ese espacio y podemos hacerlo. Luego, será muy tarde.


Fuente: Fundación Vida Silvestre Argentina
Mayo 02, 2006