Ecologistas abogaron por preservación de Sistema Arrecifal Mesoamericano

Ecologistas pertenecientes al Proyecto del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM) abogaron por mayor voluntad política de los gobiernos para preservar un ecosistema del que se beneficia alrededor de un millón de personas.

Las áreas comprendidas en el SAM son una fuente importante de energía, transporte, turismo, alimentación, investigación y comercio, pero se deben adoptar acciones inmediatas para detener un deterioro acentuado de los recursos, dijo el hondureño Demetrio Martínez, oficial de comunicación del proyecto.

Martínez participa en un seminario con periodistas como parte de las labores de sensibilización sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente que se efectúa en esta ciudad, cabecera del nororiental departamento guatemalteco de Izabal.

Precisó que aproximadamente un millón de personas de diversos orígenes sociales y étnicos, y de unas 60 comunidades, se benefician de los valiosos recursos bajo atención del SAM mediante actividades relacionadas con la pesca, el turismo, y el desarrollo costero, entre otras.

A modo de ejemplo citó que la población utiliza el 33 por ciento de las semillas, raíces y cocos de la zona para la alimentación, un 41 por ciento para la medicina y un 8,53 por ciento para la artesanía, básicamente a partir de caracoles, tortugas de carey, corales, cocodrilos y otras.

Por lo mismo, se requieren normas jurídicas claras para revertir progresivamente el uso indiscriminado de esos recursos, apuntó el especialista José Robledo, dirigente de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Río Dulce e Izabal (AMASURLI), una de las áreas transfronterizas del SAM.

El referido proyecto se extiende desde la Isla Contoy, en el norte de la península de Yucatán, México, hasta las islas de la Bahía de Honduras, por lo que abarca también territorio y mares de Guatemala y Belice, siendo el segundo sistema coralino más largo del mundo con alrededor de cuatro mil especies animales.

Directivos del SAM precisaron que ese ecosistema es capaz de sostener económicamente a alrededor de 60 comunidades costeras, y sólo en lo concerniente a los corales que posee puede generar unos 375 mil millones de dólares anuales por alimentación, turismo y producción de medicinas.

De acuerdo con Robledo, los principales problemas en la cuenca de los ríos Dulce, Polochic e Izabal -aplicables también para el resto de las áreas del SAM- son la ausencia de planes de manejo concretos, sobre todo por la carencia de fondos, así como la pesca indiscriminada, la erosión y la desertificación.

A lo anterior se añade la falta, al menos en la parte de Guatemala, de plantas para el tratamiento de residuos sólidos, lo cual provoca contaminación fuerte en la bahía de Amatique, y alteraciones en otros ecosistemas con aparición de nitrógeno, fósforo, metales pesados, biocidas y suelos con desechos.

Autoridades del ámbito ambiental mencionan, además, afectaciones para los recursos costeros y marinos debido al alto crecimiento poblacional, elevado nivel de pobreza, que obliga a pobladores a buscar alternativas de ingreso mediante el sobreaprovechamiento de recursos naturales.

Igualmente, mencionan las industrias de beneficio económico rápido, que degradan los recursos y entran en conflicto con los habitantes locales, junto a la falta de conocimiento de alternativas de manejo dentro de la zona.

El SAM nació de una idea concebida en la denominada Declaración de Tulum, localidad mexicana de Quintana Roo, donde el 5 de junio de 1997 se reunieron los gobernantes de los países involucrados para abogar por un marco institucional para la conservación del entorno.

De hecho, la meta de ese mecanismo es promover la protección de los ecosistemas marinos únicos y vulnerables, asistiendo a los países miembros para consolidar y coordinar políticas, regulaciones y arreglos institucionales para la conservación y el uso sostenible de ese recurso público global, aseguró Martínez.

Al respecto, la jurista en temas ambientales Jeannette de Noack, del Centro de Acción Legal y Ambiental (CALAS), defendió un marco jurídico para obligar a la utilización de recursos naturales que -dijo- son compartidos con otros países.

Guatemala tiene suscritos 59 convenios y tratados internacionales en materia ambiental, pero no cumple con la mayoría de ellos debido a falta de recursos, poca coordinación o, a veces, insuficiente voluntad política de sus autoridades, admitió De Noack, al ejemplificar una situación similar en otras naciones del SAM.

Fuente: Prensa Latina (México)
Mayo 02, 2005