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Realizarán el segundo censo de la contaminación costera
En el año 1995, Fundación Patagonia Natural realizó el
1º Censo de Contaminación Costera de la República Argentina.
Para lograrlo, contó con el acompañamiento voluntario de ONGs,
gobiernos municipales y provinciales de los estados que cuentan con litoral
marítimo, instituciones académicas y de investigación,
y miles de argentinos de distintas edades, diversos oficios y múltiples profesiones. El 3 de septiembre de aquel año, 3219
personas relevaron 2.110 kilómetros de costa marítima. Los voluntarios
registraron los datos sobre basura hallada en la zona intermareal, en planillas
elaboradas para tal fin.
Fundación Patagonia Natural está abocada a la tarea de replicar
aquella experiencia en septiembre de 2007, convocando nuevamente a voluntarios
preocupados por el impacto de las actividades del hombre sobre el frágil
ecosistema costero. A partir de la reedición de esta experiencia, se
estima que una frecuencia bianual del Censo de Contaminación Costera
sería adecuada para obtener datos que permitan actualizar el diagnóstico
sobre el estado del sistema costero, y que, de ser necesario, permitan redefinir políticas públicas
y acciones privadas para su remediación y conservación.
Se trabajará para lograr la máxima difusión del evento,
con el objetivo de que la comunidad de todo el país se involucre y comprometa
con la situación ambiental de un ecosistema que se extiende a lo largo
de casi 4.000 Km. de territorio argentino. Asimismo, compartir una jornada
de trabajo voluntario con varios miles de personas para conocer mejor parte
de nuestra realidad ambiental, es un fuerte estímulo al perfil más
solidario y comprometido de la sociedad.
Fundamentacion
El 1º Censo de Contaminación Costera, realizado el 3 de
septiembre de 1995, aportó datos de gran valor acerca del nivel
de contaminación costera que si bien se percibía como importante,
nunca había sido medida en un mismo día a lo largo de la
zona intermareal de nuestro extenso litoral marítimo. Se pudo
evaluar el tipo y procedencia de la basura acumulada en las playas, y
se cuantificó la presencia de aves marinas y costeras con petróleo.
Todas las aves marinas utilizan las costas para anidar y procrear, pero
mantienen un importante ritmo de incursiones al mar para obtener alimento.
Es allí donde a veces se encuentran con manchas de petróleo
causadas por actividades humanas. Cuando ello ocurre, generalmente las
aves buscan regresar a la costa porque su plumaje deja de ser impermeable
al agua y comienzan a sentir frío. El evaluar la cantidad de estas
aves contaminadas es, por lo tanto, un claro indicio de la presencia
de petróleo en el mar. Este último dato tuvo una importancia
superlativa a la hora de redefinir la ruta de los buques de transporte
de crudo, para alejarla a varias millas de la costa y mitigar el efecto,
sobre la fauna y la flora, de potenciales derrames.
Al mismo tiempo, la experiencia aportó otra información
tan valiosa como aquella: demostró que los pobladores costeros
estaban dispuestos a caminar tramos de su territorio para medirlo, tantearlo,
evaluarlo, conocerlo. Miles de voluntarios se comprometieron con la propuesta
de relevar la zona costera, con la expectativa de que los datos obtenidos
permitieran diseñar estrategias para mejorar su calidad ambiental.
Es grave que una comunidad se habitúe a la contaminación,
al punto de percibirla como aspecto intrínseco del paisaje. Lo
cierto es que la cotidianeidad no mitiga sus efectos.
Es bueno, entonces, recordar que contaminación significa todo
cambio indeseable en las características del aire, agua o suelo,
que afecta negativamente a los seres vivos del planeta; estos cambios
se generan, principalmente, por acción del ser humano, dañando
a veces en forma irreversible, poblaciones animales y vegetales que van
desde el microplancton hasta las especies superiores.
La basura, es decir la acumulación de residuos sólidos,
es uno de los rasgos de contaminación de mayor presencia a escala
mundial. Por otro lado hay una tendencia a que las poblaciones se radiquen
en las costas del mundo, siendo éstas las zonas de mayor riqueza
productiva. Estas dos características, juntas, demuestran el serio
riesgo que corre el ecosistema de la zona costera: creciente impacto
antrópico por alto desarrollo regional, y creciente contaminación.
Durante milenios, las poblaciones eligieron el inmenso mar como destino
final de sus desperdicios.
Pero que sea inmenso no significa que sea infinito. El crecimiento de
la población mundial, y las actividades asociadas a su desarrollo
no siempre sustentable, arrojan datos estremecedores.
En el año 2002, durante la “Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Sostenible” realizada en Johannesburgo, Sudáfrica, los estados
participantes subrayaron la necesidad de promover la conservación
de los océanos, en vistas de que su biodiversidad está siendo
mermada drásticamente por el aumento y descontrol de las actividades
humanas. A modo de ejemplo, podemos decir que cada año, el océano
recibe el vertido deliberado de 2 millones de toneladas de contaminantes.
Además de la basura vinculada con actividades industriales y asentamientos
urbanos, el vertido de hidrocarburos al medio marino siempre tiene impacto
negativo sobre los ecosistemas, dañando de modo irreversibles
grandes poblaciones vegetales (praderas de algas sobre las que sedimenta
el hidrocarburo) y de especies animales (principalmente aves marinas,
como el pingüino).
Esta contaminación puede llegar al ser humano a través
de la ingesta de productos del mar. En la costa marítima argentina
hay aproximadamente 40 asentamientos poblacionales de distinta envergadura,
desde pequeños poblados como Oriente o Rada Tilly, hasta grandes
ciudades como Mar del Plata, Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia
o Río Gallegos. Millones de argentinos viven sobre el frágil
ecosistema costero, y otros varios millones lo visitan cada año
con fines turísticos, laborales y recreativos. Se trata de una
extensa zona del país que genera un alto impacto económico
y ambiental a través de sus diversos perfiles, como la actividad
portuaria, la pesca, la extracción de hidrocarburos, el turismo, etc. Recostadas sobre la ribera, tanto las grandes como las
pequeñas ciudades han desarrollado otros tantos basurales, la
mayoría de los cuales sigue estando a cielo abierto.
Fuente: Tiempo
Sur.
Mayo 8, 2007
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