INVESTIGACIÓN ESPECIAL
Lagunas y manchas en un municipio ecológico

En la zona norte de Madryn, a pocos metros de la ruta 1 y la cota 130, aún quedan lagunas de residuos líquidos de las sentinas de los barcos. En la ciudad, los transformadores eléctricos que contienen PCB, generan sospechosas manchas en su estructura y suelos.

La creciente preocupación de la gente por las cuestiones relacionadas al medio ambiente es un buen síntoma de madurez, pero es malo que en su nombre se impida el crecimiento conciente y el progreso responsable. Los últimos descubrimientos de la ciencia en distintos campos demostraron que muchas cosas que fueron útiles en el pasado inmediato, son nocivas para la salud del ser humano y el medio ambiente, recomendándose su reemplazo para evitar males mayores.

La defensa del medio ambiente no implica que se adopten actitudes contrarias a las actividades industriales propias de una determinada zona, que como es el caso de Puerto Madryn, generan fuentes de trabajo y bienestar para la población, pero producen determinados grados de contaminación que necesariamente deben ser controlados. En el caso de la actividad portuaria, son conocidos los “residuos de sentina”, que necesariamente deben ser tratados en forma adecuada para evitar la contaminación, agravándose si son arrojados en áreas inapropiadas.

En la ciudad de Puerto Madryn se encuentra instalada desde hace un tiempo, una empresa que se dedica a este tipo de servicios, satisfaciendo las demandas de empresas pesqueras, cruceros turísticos, talleres mecánicos y otras similares que generan estos residuos, proporcionando a los mismos el tratamiento adecuado conforme a las actuales leyes y reglamentaciones. Pero ¿qué ocurría anteriormente? ¿Dónde se arrojaban este tipo de residuos? ¿Cuántas “lagunas” negras como la que el lector puede observar en la fotografía existen actualmente en los alrededores de Puerto Madryn?

También se observan preocupantes irregularidades en otras actividades. En el tema de la electricidad, por ejemplo, se ha detectado que de los casi 180 transformadores eléctricos instalados en la ciudad de Puerto Madryn y sus alrededores, 21 contienen el refrigerante nocivo denominado “PCB”. También sabemos que 17 de ellos, instalados cerca de clínicas, supermercados y carnicerías, tienen problemas técnicos, generando sospechosas manchas en su estructura y suelos.

Debemos dejar en claro que la sustancia “PCB” forma parte de los transformadores que eran utilizados normalmente hasta hace algunos años. Posteriormente, se descubrió que afectan la salud de la población, cuando por desperfectos técnicos, derraman su líquido y la gente toma contacto directo con ellos. No es delito haber usado este tipo de materiales, pero si lo sería si conociendo su estado, no se adoptan las medidas para reemplazarlos y se miente a la población encubriendo la realidad.

Por otra parte, Puerto Madryn es un municipio que se autodenomina “ecológico”, pero sin embargo incurre en ciertas contradicciones: A diario, se distribuyen en sus comercios más de 60.000 bolsas de plástico, que formarán parte del “paisaje plástico” que ofrece la ciudad, porque nunca se degradarán. ¿A ningún empresario o funcionario se le ocurrió fabricar bolsas de papel común? ¿Cuántos puestos de trabajo se generarían con un emprendimiento de este tipo? Los beneficios serían muchos y no hablamos solamente en lo económico, sino en la protección del medio ambiente e inclusive, promocionaría a nuestra ciudad por ser pionera en la región en esa iniciativa.

En varios países y regiones del mundo, la ecología fue adoptada como una forma de vida. En otros, en cambio, como una religión, pero con cierto perfil “fundamentalista”, el entusiasmo por hacer flamear la bandera de la protección del medio ambiente se transformó en ideología, que en muchos casos se vio atenuado por subsidios y donaciones que fueron usadas para elaborar proyectos, que poco tienen que ver con la protección del medio ambiente pero mucho con las apetencias personales.

Nadie puede ignorar la necesidad que tiene nuestra región de fuentes genuinas de trabajo, como por ejemplo la Mina de Oro “El Desquite”. El problema es cómo se ejecutan este tipo de proyectos. Si se cambia el método cuestionado, quizás festejaríamos la ejecución de estos emprendimientos, pero de la forma planteada, con el uso del cianuro de por medio, el precio a pagar parecería ser demasiado caro.

Toda actividad industrial genera algún tipo de riesgo para la gente y el medio ambiente, pero los especialistas en el tema buscan y proponen las alternativas para que sean ejecutadas en forma responsable, sana y saludable. Son las autoridades quienes tienen la responsabilidad de exigirlas, sin permitir que crezcan lagunas y manchas que ponen en peligro la salud de la población.

Fuente: Diario de Madryn
Marzo 20, 2003