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Del petróleo al hidrógeno
Resulta evidente que la decisión declarada
de invadir Irak por parte del 'eje del bien' (Bush, Blair y Aznar) no se
toma porque Sadam Hussein sea un peligro para la Humanidad, sino debido
a su petróleo y su capacidad probada de desestabilizar a sus vecinos
petroleros del golfo Pérsico. Pero aunque invadan Irak y pongan
un régimen acorde con sus intereses energéticos, el suministro
seguro de petróleo no puede garantizarse. El modelo energético
basado en los combustibles fósiles se está agotando. Hay
razones de carácter ambiental (cambio climático) y de seguridad
(no es posible garantizar el suministro a medio y largo plazo), problema
este último de clara índole económica. Analicemos
la seguridad.
Existe una demanda de petróleo creciente que va a dar lugar, si
se mantienen los precios, a un incremento del consumo del 50% para 2020.
Como los descubrimientos de nuevos yacimientos están descendiendo
desde 1962, en este momento se están consumiendo dos barriles por
cada barril nuevo descubierto. Esta proporción se irá ampliando
en la medida en que suba el consumo y se sigan ralentizando los nuevos
descubrimientos. Como los yacimientos fuera del golfo Pérsico se
están explotando muy rápidamente, su capacidad de suministro
va a alcanzar su límite en la presente década, y a partir
de entonces las reservas de petróleo se concentrarán aún
más en el golfo Pérsico (que ya suponen el 70%, según
la Unión Europea), lo que incrementará la cuota de mercado
controlada por la OPEP y su capacidad para fijar los precios. Los incrementos
de precios derivados de esta situación se van a ver reforzados por
la escala de los costes de extracción, al encontrarse los nuevos
ya! cimientos en lugares cada vez menos accesibles. Exxon estima que es
necesaria una inversión de un billón de dólares para
satisfacer la demanda en 2010. Estas tendencias alcistas en los precios
se van a agudizar en el momento en que se alcance una escasez absoluta.
Aunque no hay unanimidad, cada vez son más los expertos que estiman
que la extracción de petróleo alcanzará su techo entre
2010 y 2020. Lo mismo opinan la Agencia Internacional de Energía
y la OCDE.
Ante este panorama, la posición de la Unión
Europea resulta particularmente delicada. De seguir las tendencias actuales,
su dependencia energética va a pasar del 50% actual al 70% para
2020-2030 (para el petróleo será del 90%), debido al incremento
de la demanda y al agotamiento de los recursos comunitarios (el gas natural
y el petróleo del mar del Norte) en las dos próximas décadas.
Además, preocupa la dependencia de países suministradores
inestables: «dependencia centrada en Oriente Medio para el petróleo
y en Rusia para el gas natural». La Comisión Europea ve una
clara solución a este problema: «sólo los recursos
renovables de alta tecnología pueden limitar la tendencia hacia
una dependencia cuantitativa energética creciente».
Pero esta solución no es hipotética; es
una realidad que se confirma día a día. Estamos entrando
en una revolución energética. Esto lo afirman incluso algunas
de las mayores empresas petroleras. Jeroen van der Veer, director gerente
de Shell, declara que «estamos siendo testigos de un cambio histórico
que va del petróleo al gas y de éste a las formas renovables
de energía». El modelo energético emergente se basa,
sobre todo, en la producción eléctrica renovable y en el
uso del hidrógeno como combustible (producido a partir de la electricidad
de origen renovable), asociado a la tecnología de células
de combustible. Prodi ha declarado recientemente que desea ser recordado
como el presidente de la ampliación hacia el Este y del desarrollo
de la economía del hidrógeno.
En los cinco años que van de 1998 a 2002 se ha
incrementado la potencia eólica instalada a un ritmo medio del 35%
anual en la Unión Europea. En Dinamarca, esta fuente energética
aporta ya el 20% de la electricidad consumida. La potencia total instalada
en la Unión Europea supera los 23.000 MW, por lo que el objetivo
comunitario de 40.000 MW en 2010 se verá ampliamente superado. Las
consultoras del sector estiman que se alcanzarán los 85.000 MW.
La utilización masiva de la energía eólica y los consiguientes
avances tecnológicos han dado lugar a una fuerte disminución
de costes (desde 35 a 5 céntimos de euro por kilovatio hora en las
décadas de los ochenta y noventa en Europa), lo cual supone que
los costes de los mejores parques estén por debajo de los costes
medios del sector. Las ventas de paneles fotovoltaicos han venido creciendo
en el mundo al ritmo anual del 20% en la década de los noventa.
En la Unión Europea el crecimiento medio anual es del 30%, pero
Alemania tiene e! l 80% de la potencia instalada. Los costes se han reducido
por un factor superior a 2,5 en la última década y se espera
que, para mediados de esta década, las importantes inversiones en
innovación que se están produciendo den lugar a cambios tecnológicos
radicales (utilización de células de silicio amorfo, de plástico,
etcétera) que generen reducciones de costes mucho más rápidas
y permitan su producción en masa.
Se producen cada año aproximadamente 400.000 millones
de metros cúbicos de hidrógeno, lo que supone un potencial
energético equivalente al 10% del petróleo consumido. La
mayor parte es producido y utilizado por la industria petroquímica
y por la de abonos nitrogenados. Además, se emplea en la industria
espacial. Normalmente se obtiene a partir del metano, pero para muchos
la técnica más prometedora es la electrólisis del
agua, aunque sólo el 4% del hidrógeno se produce con esta
técnica. Que el hidrógeno se produzca a partir de electricidad
de origen renovable es un requisito de sostenibilidad: «El binomio
hidrógeno y electricidad constituye un concepto verdaderamente sostenible,
cuando es utilizado en conjunción con recursos energéticos
primarios sostenibles» (Comisión Europea).
La célula de combustible es «la tecnología
más prometedora de usar el hidrógeno para producir electricidad»
(Comisión Europea). El Hydrogen Fuel Cell Institute estima que para
2005 las células de combustible producirán electricidad a
5 centavos de dólar por kilovatio hora. Se están aplicando
en dos campos: para propulsar vehículos y para producir electricidad
en instalaciones fijas. En este momento la mayor parte de las grandes empresas
de energía, de automoción y de electrónica y los miles
de empresas del hidrógeno, están invirtiendo decenas de miles
de millones de dólares en diferentes proyectos de desarrollo de
la llamada infraestructura del hidrógeno. Japón, Alemania,
California, etcétera, están impulsando ambiciosos planes
de desarrollo. El Gobierno estadounidense acaba de anunciar que dota con
1.200 millones de dólares adicionales un programa anterior de desarrollo
de células para vehículos de 500 millones. El VI Programa
Tecnológico de la Unión Europea (2003-2006) con! vierte el
hidrógeno en una de sus líneas de trabajo más importantes.
Los analistas coinciden en que existe un mercado potencial
enorme para las células de combustible fijas. Se están produciendo
múltiples alianzas entre las empresas productoras de células
(Ballard, Plug, Toshiba, International Fuel Cells, Daimler-Chrysler, etcétera)
para comercializar de forma masiva células fijas en viviendas y
centros comerciales.
La utilización de las células de combustible
en la automoción es la que está acaparando gran parte de
la inversión y en la que están involucradas todas las empresas
importantes del sector y gran cantidad de empresas energéticas.
General Motors estima que los automóviles con células de
combustible pueden llegar a costar cerca de la mitad que los convencionales.
Esta compañía ha dado un giro espectacular a su política,
desde el escepticismo hasta pretender convertirse en líder de vehículos
con células. Ford los considera el Ford T del siglo XXI. La idea
dominante es que estos vehículos se desarrollarán en tres
fases a lo largo de esta década. En la primera se fabrican pequeñas
series (de no más de 30 unidades) de vehículos de prueba.
Desde finales de 2002 algunas compañías vienen produciendo
vehículos que están siendo alquilados a instituciones públicas,
institutos de investigación, compañías energéticas,
etcétera. En la segunda fase, que comenzará en torno a 2006,
se desarrollará una segunda generación de células
y se comercializarán pequeñas cantidades de vehículos.
La tercera fase, a finales de la década, supondrá el inicio
de la producción en masa.
Es indudable que aquellas empresas y países que
apuesten por seguir con el modelo energético tradicional van a encontrarse
(aparte de ampliar su contribución al cambio climático) con
crecientes problemas de costes y de seguridad de suministros y al margen
de los mercados emergentes de la energía y de la automoción.
Los que opten por el nuevo modelo harán una contribución
inestimable a la paz y al bienestar sostenible de la Humanidad.
por Roberto Bermejo (profesor de economía de la UPV/EHU y miembro
de Bakeaz)
Fuente: El Correo
Marzo 19, 2003
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