La historia del naturalista que hace casi dos siglos "descubrió" el país

El francés Alcide d''Orbigny llegó a Argentina en 1826, varios años antes que Charles Darwin. Era paleontólogo, geólogo, botánico y zoólogo. Descubrió numerosas especies animales y vegetales y se contactó con los indígenas.

Alcide d'Orbigny fue el gran naturalista opacado por la fama del inglés Charles Darwin. Sin embargo, el francés llegó seis años antes que Darwin a la Argentina y descubrió varias centenas de especies de vegetales y de animales, como los enigmáticos caracoles ciegos. Se contactó con los tehuelches y otras etnias. Detalló cómo eran los suelos de Entre Ríos y al regresar a su país sufrió el desaire de sus pares que no lo reconocían como paleontólogo y le rechazaban su ingreso a la Academia de Ciencias francesa.

A sus 24 años, d'Orbigny llegó a la Argentina diciendo que lo guiaba la "codicia por los tesoros naturales". Y dejó tantas huellas y aportes, que ahora el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia lo recuerda con una muestra itinerante. "Nos interesa rescatar la vigencia de la mirada de alguien que no fue el exitoso de la Historia", dice el coordinador general de la muestra e investigador del Conicet, Pablo Penchaszadeh.

D'Orbigny había nacido en 1802. Fue paleontólogo, geólogo, botánico y zoólogo. Todo a la vez. Vivió en un momento especial: las grandes naciones europeas estaban embarcadas en un proceso de expansión colonial y los ambientes naturales aún no habían sido catalogados. "Había una puja entre las potencias por conquistar tanto territorios como conocimientos", sostiene el científico Penchaszadeh.

En ese contexto, Francia despachaba naturalistas hacia todos los rincones del mundo. El Museo de Historia Natural de París les daba por escrito las instrucciones sobre cómo clasificar y enviar los fósiles u otras piezas de interés. Así, d'Orbigny fue entrenado por varios expertos, incluyendo al alemán Alexander von Humboldt. Otros exploradores europeos ya habían estado en Buenos Aires, como el francés Amado Bonpland y el español Félix de Azara.

El mejor antecedente de d'Orbigny para ser elegido para su misión fue el estudio que había desarrollado sobre los foraminíferos, unos seres unicelulares marinos que no miden más de un milímetro. Por esto, se lo considera el fundador de la micropaleontología.

Una vez que contó con las herramientas para volver cotidianos los lugares extraños, d'Orbigny partió de Brest, al este de Francia, "en una expedición solitaria, sin término de tiempo establecido, aunque con la firme convicción de que la tarea era generar el más vasto cuerpo de conocimiento sobre la Historia Natural de los territorios a recorrer", según contó en su crónica del viaje que hizo por nuestro país, Uruguay, Brasil, Chile, Perú y Bolivia.

Iba vestido con una chaqueta gris y con un sombrero de paja que a veces usaba como recipiente para guardar insectos. Y empezó a andar por la Argentina, cuando gobernaba Bernardino Rivadavia, en 1826. Se fue a una estancia de Entre Ríos y desde allí fue describiendo sus suelos. "Fue el primero en hacer una secuencia estratigráfica de un sector del territorio argentino", señala el investigador del Conicet.

Era un muy buen observador. Otros habían pasado por alto la existencia de restos fósiles del tuco-tuco (o también tucu-tucu), un roedor propio de Sudamérica. También se concentró en muchas especies marinas. "A d'Orbigny le debemos la paella argentina —dice Penchaszadeh—. Describió el pulpito y la vieyra tehuelches, el mejillón, que se utilizan hoy en ese plato de comida". Hasta su llegada, nadie se había dado cuenta de que ciertos caracoles que viven en aguas argentinas son ciegos. Se alimentan de organismos muertos a los que detectan gracias a un complejo sistema sensorial. D'Orbigny los llamó Buccinanops. También halló 332 especies desconocidas de pájaros, como el periquito andino. En 1934, d'Orbigny volvió a Francia y escribió Viaje a la América Meridional.

Mientras tanto, desde 1831, su contemporáneo Charles Darwin se había lanzado también a visitar estas tierras. El inglés sabía que d'Orbigny le había ganado de mano y escribió: "...de modo egoísta, tengo mucho miedo de que consiga lo mejor y lo más selecto de todas las buenas cosas antes que yo". Soportó un "degradante grado de desazón" al saber que d'Orbigny ya había contado sus hallazgos sobre la geología de la pampa en un libro.

Hasta que saltaron las diferencias. Darwin —cuyo viaje duró hasta 1834— tomó posición por el "uniformismo". Sostenía que las rocas y las formaciones geológicas son el resultado de procesos que actúan continuamente por largos períodos. El naturalista francés, en cambio, no estuvo de acuerdo con decir que la formación pampeana también caía dentro de esa explicación. Para él, la formación era la consecuencia de un proceso cataclísmico, producto de la elevación de la cordillera de los Andes.

También se diferenciaron en una cuestión clave: d'Orbigny tenía una visión "catastrofista" (asumía que la historia del planeta podría ser dividida en períodos discontinuos, separados por enormes catástrofes que habrían alterado la corteza terrestre y transformado el relieve) y "fijista" (opuesta a la evolución de las especies).

Darwin demostró que las formas de vida no son estáticas sino que evolucionan. Pero esta diferencia nunca fue discutida entre ambos. Darwin publicó su famosa teoría recién en 1859, dos años después de la muerte de d'Orbigny, quien nunca se enteró de la posición del inglés.

Valeria Román

Fuente: Clarín
Marzo 25, 2003