|
Pero la acción de las estrellas
de mar, el calentamiento global del planeta, la pesca indiscriminada y
la contaminación, están poniendo en peligro el equilibrio
ecológico de este ecosistema.
Las estrellas de mar "coronas de espinas"
están devastando los arrecifes que invaden. Cuando son adultas,
estos equinodermos pueden alcanzar los 80 centímetros de diámetro
y comer cada día su equivalente en coral duro. Además, sus
numerosos brazos (pueden tener hasta 21) les permiten desplazarse
ágilmente para encontrar nuevos arrecifes para devorar.
En la rápida degradación de la Gran Barrera, esta vez el
turismo parece ser más víctima que culpable. Paradójico,
pero un estudio del Instituto de Investigación CRC Reef estima que
el impacto directo de los turistas sobre la buena salud de los corales
es "mínimo". Es más, en "los últimos
5 años, el número de visitantes se ha reducido un 15%",
según afirma Col McKenzie, director de la Scuba Schools International
Australia (SSI), debido principalmente a la escasez de peces y a que los
arrecifes de coral se encuentren devastados por las estrellas de mar.
El verdadero problema es el recalentamiento de las aguas. Thomas Goreau,
presidente de la Global Coral Reef Alliance (GCRA), y portavoz del Programa
de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), afirma que el principal factor
subyacente de todo este proceso es el cambio climático. Cuando la
temperatura del agua sube por encima de cierto grado, los corales reaccionan
volviéndose blancos expulsando las algas que les dan color y los
alimentan. Y si esa temperatura alta persiste, el coral se debilita hasta
morir.
Ya en los años ochenta los científicos comenzaron a observar
que los corales se blanqueaban, pero fue en 1998, año considerado
el más cálido del siglo, cuando el fenómeno se acentuó
aún más. Los especialistas afirman que durante al menos cinco
meses de ese año, mares y océanos registraron temperaturas
más altas de lo normal, lo que dañó de un modo considerable
los arrecifes que rodean a las Seychelles, la Isla Mauricio, las Maldivas
y Sri Lanka. Lo mismo parece estar ocurriendo en gran parte del Pacífico
Sur, incluyendo Tahití, las islas Cook, Nueva Caledonia y Fidji.
"El 90% de los corales de las Seychelles y de algunas islas de Indonesia
están ya muertos", afirma Goreau.
Desde el verano austral 2001-2002 "nos hemos dado cuenta, después
de sobrevolar 640 de los 2900 arrecifes que forman la Gran Barrera y de
habernos sumergido en 27 sitios, que cerca del 95% de los corales del Parque
había emblanquecido", comenta Paul Marshall, miembro de la
Australian Coral Reef Society (ACRS).
También la contaminación marina o los huracanes dañan
los corales, pero sus efectos son mínimos comparados con los que
produce el recalentamiento del planeta. No pasa lo mismo con la pesca.
En lugares como Malasia, Vietnam e Indonesia la pesca excesiva ha destruido
casi totalmente los corales de la zona. Muchas veces la eliminación
de estos peces, que se alimentan principalmente de algas, hace que éstas
crezcan desmesuradamente provocando la exterminación de los corales.
Otro factor nefasto para los corales es la pesca con explosivos que se
utiliza en África Oriental o la pesca con cianuro, que vuelve a
los peces tropicales más lentos y torpes, lo que permite capturarlos
con mayor facilidad para alimentar la gran demanda comercial de peces de
este tipo.
La situación actual de los bosques submarinos de coral es alarmante:
en los últimos 40 años más de la cuarta parte han
sido destruidos por la actividad humana. A este ritmo nuestra generación
será testigo de la desaparición de por lo menos el 57% de
esas formaciones.
Mientras tanto, Australia no ratifica el Protocolo de Kyoto. "Si EE.UU.,
el mayor emisor de gases contaminantes, no lo ratifica, no tiene ningún
sentido que lo haga un país como Australia que emite muchos menos",
señaló el Ministro de Medio Ambiente de Australia, Robert
Hill. Pero si como está previsto prosigue el calentamiento del planeta,
en un plazo de 30 a 50 años los arrecifes coralinos habrán
dejado de existir. En ese momento será demasiado tarde para ratificar
cualquier protocolo. "Se trata de una especie de señal -advierte
Paul Marshall-. Y la alerta ya ha sido dada".
por Jacobo Quintanilla - Periodista -Agencia de Información
Solidaria
Fuente: Agencia de Información Solidaria
Marzo 19, 2003
|