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Según estudio británico la fauna silvestre está amenazada
por el empleo de semillas transgénicas en la agricultura
El empleo de semillas transgénicas en la agricultura
supone una amenaza para la fauna silvestre, según un estudio
británico que ha durado tres años.
El estudio, cuarto de una serie, indica que las cosechas
transgénicas han causado daños importantes a las flores,
las mariposas, las abejas y quizás también a ciertas aves
canoras.
Los herbicidas ultrapotentes que esas semillas manipuladas
son capaces de tolerar acelerarían la degradación del
medio rural británico, ya fuertemente afectado por la agricultura
intensiva.
David Gibbons, de la Sociedad Real para la Protección
de la Aves, declaró al diario "The Independent" que
los herbicidas para proteger las cosechas de colza eliminan una serie
de flores silvestres que constituyen una dieta importante de ciertos
pájaros.
Los científicos que participaron en el estudio
contaron menos abejas y mariposas en los campos cultivados con semillas
de colza transgénica que en los cultivos normales.
La colza transgénica está manipulada para
aumentar su resistencia a un potente herbicida capaz de matar las semillas
no transgénicas, lo que significa que los agricultores pueden
usar herbicidas de amplio espectro.
Según Christopher Polock, presidente del comité científico
que supervisó el estudio, "lo que puede ser bueno para el
agricultor, no lo es muchas veces para las poblaciones naturales de
plantas, insectos, aves y mariposas que comparten el mismo hábitat".
El debate sobre las ventajas e inconvenientes de las
cosechas transgénicas dura va varios años en Gran Bretaña:
en 1987 una patata se convirtió en la primera planta transgénica
introducida en este país.
En 1997 se produjo un escándalo cuando se encontró soja
transgénico en alimentos procesados que no llevaban, sin embargo,
la advertencia correspondiente en la etiqueta.
En 1998, el propio heredero de la corona británica,
el príncipe Carlos, se metió de lleno en el debate al
afirmar que nunca produciría, consumiría ni serviría
transgénicos a su familia o amigos.
Ese mismo año, el consejo asesor británico
sobre la vida silvestre abogó por una moratoria en las cosechas
transgénicas mientras se investigaban los efectos de los correspondientes
herbicidas sobre la fauna silvestre.
En la primavera del año 2000 comenzaron los primeros
ensayos con cosechas transgénicas, y en tres años más
tarde, un estudio llegó a la conclusión de que dos de
tres cosechas de ese tipo perjudicaban al medio ambiente.
Pese a ello, en marzo de 2004, el Gobierno aprobó la
plantación de la primera cosecha transgénica no experimental
en el Reino Unido, un maíz conocido como "Chardon LL, patentado
por el consorcio alemán Bayer.
Sin embargo, sólo tres semanas más tarde,
la propia Bayer retiró la solicitud que había presentado
tras quejarse de la excesiva reglamentación del sector.
Desde entonces, la industria de las semillas transgénicas
ha adoptado en el Reino Unido un papel más bien pasivo pese a
que el propio primer ministro británico, Tony Blair, y algunos
influyentes miembros de su Gobierno se muestran en privado favorables
al sector.
Fuente: Agro informacion
Marzo 23, 2005
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