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Descontaminación del Pilcomayo
Por: Claudia Mazzeo (AGENCIA CYTA-INSTITUTO LELOIR)
La nueva planta
de tratamiento de metales pesados que se está desarrollando
en Bolivia es una obra piloto que forma parte del Plan Integral del Río
Pilcomayo, solución integrada para un problema complejo como la
contaminación de esa cuenca, compartida entre Bolivia, Argentina
y Paraguay, en la que habitan casi un millón y medio de personas.
Coordinado por el Proyecto de Gestión Integrada y Plan Maestro
de la Cuenca del Río Pilcomayo, se está desarrollando en
Chuquisaca, Bolivia, una obra que tiene por objeto mitigar la contaminación
minera. Se trata de una planta de tratamiento de metales pesados en una
localidad afectada por la contaminación de las aguas del río
Pilcomayo, que son utilizadas también para otros usos como el
riego de cultivos.
De acuerdo con el boletín “Somos Pilcomayo”, que
edita la Comisión Trinacional para el Desarrollo de la Cuenca
del Río Pilcomayo y la Delegación de la Unión Europea
en Bolivia, “la planta ha sido ubicada a la entrada del canal de
riego existente y servirá como filtro para el tratamiento de las
aguas de riego. En una primera etapa de construcción se instalará un
sistema de tratamiento primario de sedimentación acelerada que
servirá para la remoción de partículas sólidas
suspendidas en el agua. Seguidamente se ubicará una serie de humedales
artificiales”. Los humedales son ecosistemas ubicados en zonas
de transición entre sistemas acuáticos y terrestres, que
comparten características de ambos.
El emprendimiento ha sido encarado como una obra piloto. Esta clase
de obras son acciones de carácter integral que producen impactos
susceptibles de medición y evaluación a fin de que puedan
ser replicados, en condiciones similares, en otras zonas de similares
características.
Agua para todos, una meta del Milenio
Aunque la humanidad ha dado un salto significativo en los últimos
cincuenta años en lo que hace al avance de la ciencia y de la
tecnología, ese camino parece no guardar un correlato con el retraso
que se evidencia en un tema clave para la supervivencia del Planeta y
sus habitantes como es el acceso al agua potable.
A siete años del inicio del siglo XXI, el 40 por ciento de la
población mundial, es decir, más de 2.600 millones de personas,
no tiene acceso a sistemas de saneamiento, mientras que más de
1.100 millones de habitantes no alcanzan a beber agua segura, esto es,
agua potable de buena calidad. De este modo, el agua se transforma cada
día más en un lujo al que sólo accede uno de cada
seis habitantes.
Las Naciones Unidas han fijado como meta para el 2015 reducir a la mitad
el número de personas que no tienen acceso a un suministro de
agua segura. Este objetivo se amplió durante la Cumbre de la Tierra
celebrada en Johannesburgo, con la inclusión de la problemática
del saneamiento doméstico.
Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF alertan
sobre el retraso que se evidencia en el cumplimiento de dichas metas,
cada día que comienza representa una nueva oportunidad, y a la
vez un desafío. Si se quiere dar un cumplimiento real a los compromisos
adquiridos para el 2015, es necesario que cada nuevo día -y hasta
el 2015- 300 mil personas accedan al agua potable y cerca de 500 mil
dispongan de nuevos sistemas de saneamiento, según datos de UNICEF.
La mayor parte de los especialistas coincide en que para abordar de
un modo integral la gestión del agua debe partirse del análisis
de la cuenca hidrográfica. Se trata de la unidad ambiental fundamental,
donde interaccionan tanto el medio físico como las actividades
humanas, y su abordaje permite una visión global de los procesos
relacionados con el agua.
De acuerdo con una definición del catedrático Leonardo
Nanía, de la Universidad de Granada, España, la cuenca
es una zona de la superficie en donde las gotas de lluvia que caen sobre
ella tienden a ser drenadas hacia un mismo punto de salida.
La gestión por cuencas fue destacada en el Foro Mundial del Agua,
celebrado en La Haya en el año 2000, reunión en la que
se enfatizó la necesidad de estructurar los organismos encargados
de realizarla en cada país, así como la idea de reforzar
sus funciones y la participación pública.
Geografía compartida
Suscripto en 2000, el Convenio 'Proyecto de Gestión Integrada
y Plan Maestro de la Cuenca del Río Pilcomayo' tiene por objeto
técnico definir las condiciones para un uso racional del agua,
ejecutar y validar acciones para estabilizar la erosión e implementar
acciones para asegurar la sostenibilidad (del Proyecto).
Más de 1.400.000 habitantes viven en la Cuenca del Río
Pilcomayo, que cubre una superficie de 270.000 km2 compartida entre Bolivia,
Argentina y Paraguay. De ese total, el 64 % habita en Bolivia, el 28%
en Argentina y el 8% restante en Paraguay.
El Pilcomayo es un curso de agua resultado de la unión de varios
ríos, que nacen en la Cordillera de los Andes, desde la región
de Sucre hasta el extremo noroeste argentino. Luego, el río busca
y determina su cauce propio hacia las planicies de Argentina y Paraguay.
Desde la Cordillera, desciende en forma tumultuosa transportando tanto
los productos naturales de la erosión, como los originados por
la actividad minera desplegada en el área. A consecuencia de ello,
su cauce se ve alterado por la acumulación de enormes cantidades
de sedimentos, que obstaculizan su flujo. Por otra parte, el derrame
de productos químicos y tóxicos de la industria minera
en su curso está causando una alta contaminación de las
aguas, haciendo difícultoso precisar su aptitud para los usos
actuales y otros previstos en el futuro.
Las comunidades que componen la Cuenca del Pilcomayo se relacionan con
el río de diferentes modos. Mientras que para los agricultores
de Chuquisaca el río es sinónimo de agua de riego para
sus cultivos, para los habitantes de la ciudad de Potosí el río
Pilcomayo es sinónimo de diques de colas, ingenios mineros y contaminación.
Ya en el territorio chaqueño, las poblaciones ribereñas
se relacionan con el río a través de la pesca como un recurso
económico, hecho compartido por las poblaciones vecinas de las
riberas salteñas del Pilcomayo.
En territorio paraguayo, en cambio, el río está ligado
a la producción ganadera en pequeña escala. En los campos
formoseños -Argentina- el río desdibuja su geografía
transformándose en bañados, y se vincula con la producción
agrícola del este de la provincia, y con un Parque Nacional, que
por su valor ambiental ha sido incluido en la lista de Humedales de importancia
internacional.
Los diferentes usos del agua se ven afectados por problemas que requieren
un abordaje simultáneo y consensuado entre los tres países
que la integran. Los cambios en el cauce del río ocasionan desbordes
e inundaciones y sequías, causando frecuentemente pérdidas
considerables de cosechas y ganado, así como demorando inversiones
productivas en la cuenca, que afectan a la población. Los pescadores
de la cuenca sufren las consecuencias de la variabilidad del caudal por
la inestable cantidad de peces y por la posible contaminación
de los recursos ictícolas. De igual modo, ganaderos y agricultores
de la cuenca ven afectados la calidad de sus productos a causa de los
procesos de erosión y sedimentación, y por la contaminación
del agua y del suelo.
Gestión integrada
“En el marco de la dimensión social, uno de los desafíos
del Proyecto Pilcomayo es lograr -a través de procesos educativos
informativos y de gestión - que los habitantes de la Cuenca adquieran
la significación compartida de cuenca trinacional”, señala
un documento de la Comisión Trinacional para el Desarrollo de
la Cuenca del Río Pilcomayo. “La gestión integrada
del recurso hídrico posee aristas políticas, económicas
y socio-ambientales donde el eje fundamental está constituido
por los actores sociales, genuinos destinatarios de las acciones que
se realizan”, destaca.
Los tres países han decidido abordar las problemáticas
del Rió Pilcomayo desde un punto de vista de cuenca, respetando
las fronteras políticas, pero aunando esfuerzos para la búsqueda
de soluciones. A tal fin, se está construyendo un andamiaje institucional
en el que interactúan la Comisión Trinacional, la Unión
Europea, que se desempeña como entidad gestora, las Unidades de
Seguimiento del Proyecto en cada país, los Comités de Coordinación
nacionales y el comité de Coordinación Trinacional, entre
otros protagonistas.
El Proyecto promueve, a su vez, un alto nivel de participación
de la sociedad civil, a través de la conformación en cada
país de un Comité de Coordinación integrado por
distintas organizaciones comunitarias, como asociaciones de mujeres,
cooperativas y comunidades indígenas.
Fuente:Argenpress
Junio 13, 2007
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