Sorpresivo anuncio dela Casa Blanca: tras seis años sin política ambiental Giro de Bush: propone límites para los gases contaminantes

Finalmente, admitió que existen problemas derivados del calentamiento global

WASHINGTON.- Ni Al Gore, su archirrival de las elecciones de 2000 y eterno contrapunto político, lo hubiera soñado hace unos meses.

Pero el presidente George W. Bush volvió ayer sobre sus pasos de los últimos seis años y propuso que los 15 países más contaminantes del planeta fijaran metas para las emisiones de gases que causan el efecto invernadero.

Bush aclaró que esa meta sería "de largo plazo" y que sólo se fijaría a fines de 2008, para aplicarse a partir de 2012, cuando concluya la vigencia del Protocolo de Kyoto, del que el propio mandatario retiró a su país años atrás.

Pero también reconoció la validez del problema, algo que hasta ahora había hecho con cuentagotas. "Mi propuesta es ésta: para fines del año próximo, Estados Unidos y otros países establecerán un objetivo global de largo plazo para la reducción de los gases de efecto invernadero", explicó, e incluyó en su propuesta a las potencias europeas, China, India, Brasil, Australia, Sudáfrica y Corea del Sur, entre otras naciones.

Todos esos países también deberían establecer "objetivos y programas nacionales de mediano plazo", dijo, de acuerdo a "su propia mezcla de fuentes energéticas y futuras necesidades energéticas", aunque aclaró que esas metas no serían obligatorias.

Su anuncio llegó ayer como anticipo de la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8), que se celebrará desde el miércoles próximo en Alemania, donde se espera que el calentamiento terrestre ocupe un lugar dominante en la agenda, aunque su propuesta fue recibida con cautela.

Desde su arribo a la Casa Blanca en enero de 2001, Bush se negó a fijar cualquier tipo de techo a las emisiones de gases contaminantes en Estados Unidos, como los acordados en Kyoto.

A lo sumo, expresó su interés en los avances tecnológicos para solucionar el problema, aunque sin comprometerse tampoco con esa alternativa.

Su posición colocó a Estados Unidos, el país más contaminante del planeta, a la defensiva en las cumbres del G-8, donde trababa los avances sobre cambio climático. Al igual que ocurrió con la guerra de Irak, Estados Unidos quedó en el papel de la superpotencia que actúa unilateralmente.

Pero con el plan anunciado ayer, Bush buscó ofrecer su respuesta. "Estados Unidos trabajará para establecer un nuevo marco sobre las emisiones de gases invernadero para cuando venza el Protocolo de Kyoto en 2012", afirmó, consciente de la presión internacional que toma forma.

El Protocolo de Kyoto obliga a los países industrializados que lo ratificaron a reducir para 2012 las emisiones a los niveles de 1990. Pero Alemania, que preside el G-8 y la Unión Europea, propuso que los ocho líderes que se reunirán en Heiligendamm comiencen a definir qué pasará después de 2012.

Por eso, la canciller Angela Merkel fue una de las primeras en darle la bienvenida al anuncio norteamericano, que también cosechó críticas. "Esto establece un terreno en común desde donde avanzar", dijo Merkel desde Berlín.

Pero otros, como la demócrata Nancy Pelosi, no piensan así. "[El anuncio] no responde a la gravedad de la crisis que la mayoría del resto del mundo reconoce desde hace mucho tiempo", afirmó.

"Hipócrita"

Lo notable es que el anuncio tampoco cosechó apoyos entre los sectores empresariales norteamericanos, que temen mayores costos, ni de las entidades ecologistas, como el Fondo Nacional del Medio Ambiente (NET, por sus siglas en inglés) y el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC). El presidente de la NET, Philip Clapp, calificó la propuesta de Bush de vaga e hipócrita.

"Es un esfuerzo por quitar del foco de atención la negativa del presidente a aceptar propuestas de reducción de gases en la reunión del G-8", acusó.

"La Casa Blanca intenta esconder el hecho de que Bush está completamente aislado en el G-8, al convocar vagamente a algún acuerdo el año próximo, justo antes de que él concluya su mandato", añadió.

Pese a las críticas, el anuncio pareció reflejar un cambio dentro de la Casa Blanca, que durante años evitó hablar del calentamiento global y puso en duda los estudios científicos que lo reflejaron, además de ordenar el retiro del país del Protocolo de Kyoto.

El golpe de timón se debió a múltiples factores. Entre ellos, el devastador impacto que tuvo el huracán Katrina en 2005, cuando mostró a la sociedad norteamericana las profundas alteraciones climáticas que afectan al planeta.

Y en el ínterin, además, se sumó la sombra de Bush, Al Gore, con la enorme difusión que en 2006 tuvo su documental La verdad incómoda.

Sólo luego de esos y otros alertas inocultables, Bush reconoció por primera vez en su discurso sobre el Estado de la Unión, de enero pasado, que el cambio climático es un "desafío serio" para Estados Unidos y el mundo.

La intención de Alemania es que el G-8 se comprometa a limitar el aumento de la temperatura mundial a dos grados, antes de que comience a caer, y a reducir la emisión de dióxido de carbono y otros gases en 2050 a la mitad de los registros de 1990.

Sin embargo, el principal asesor ambiental de la Casa Blanca, Jim Connaughton, rechazó esa opción porque piensa que "no es muy práctica", lo que abrió el camino para otro contrapunto diplomático con Alemania.

Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.

Fuente: El ciudadano
Junio 1, 2007