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Los botánicos, nuevos impulsores del auge
de los biocombustibles
Stephen Long ha dedicado toda su carrera
al estudio del pasto, en especial una hierba que se parece a la caña de azúcar llamada Miscanthus X
giganteus. Pero hasta este año, el biólogo de la Universidad
de Illinois ha pasado apuros para conseguir becas de investigación
y podía contar con los dedos de una mano la cantidad de invitaciones
que recibía al año para asistir a conferencias académicas.
En febrero, sin embargo, Long fue uno de los dos biólogos botánicos
que recibieron una invitación a la Casa Blanca para discutir con
el presidente de Estados Unidos George W. Bush cómo las plantas
como el Miscanthus podrían empezar a sustituir el petróleo
importado. Ese mismo mes, el gigante energético británico
BP PLC anunció una donación de US$ 500 millones a la Universidad
de California, en Berkeley; la Universidad de Illinois; y el Laboratorio
Nacional Lawrence Berkeley para desarrollar combustibles a partir de
plantas. Long fue nombrado subdirector del proyecto, llamado el Instituto
de Biociencias de la Energía.
Long dice que ahora recibe más invitaciones a conferencias —unas
50 al año para lugares tan lejanos como Australia y Japón—,
de las que puede aceptar. También se ve inundado de llamadas y
correos electrónicos de estudiantes interesados en su campo de
investigación. "Cuando le cuento a la gente lo que hago,
no piensan que estoy loco", dice el biólogo de 56 años.
Nuevo protagonismo
Los altos precios del petróleo y los temores que causan los gases
de efecto invernadero han servido de trampolín para los proyectos
de combustibles alternativos, como el etanol celulósico producido
a partir de plantas, que experimenta un auge sin precedentes. Esto ha
colocado a los biólogos en la vanguardia de la investigación
energética. A diferencia del etanol de maíz, el cual se
produce a partir de azúcares fermentados, el etanol celulósico
se hace desglosando la celulosa, las moléculas fibrosas de carbono
que dan estructura a las plantas. Los biólogos botánicos
juegan un papel clave a la hora de identificar y diseñar una planta
de alto rendimiento y resistente a las sequías, además
de idear un método efectivo y barato de transformar la celulosa
en biocombustibles. El etanol celulósico se puede producir a partir
de materiales como la planta de arroz, virutas de madera, álamos
y el miscanthus.
El problema es que compañías energéticas como BP,
Chevron Corp. y ConocoPhillips —normalmente bien equipadas de geólogos
e ingenieros petroleros— carecen de las habilidades para crear
biocombustibles. Como resultado, las empresas están destinando
grandes cantidades de dinero a las universidades, con la esperanza de
aprovechar la experiencia de los biólogos botánicos, ingenieros
químicos, biólogos moleculares, ingenieros agrónomos
y genetistas.
En abril, ConocoPhillips dedicó US$22,5 millones a la fundación
de un programa de investigación especializado en los biocombustibles
en la Universidad Estatal de Iowa. Chevron ha donado más de US$
60 millones a proyectos similares.
"Todo el cruce entre la biología y la energía es
un territorio sin explorar", dice Steven Koonin, científico
jefe de BP en Londres. "Las universidades son el mejor lugar para
esa clase de investigación". Pese a que BP cuenta con menos
de cuatro biólogos entre sus 97.000 empleados, Koonin espera contratar
a más de 50 en los próximos dos años.
Otros interesados
Las grandes energéticas no son las únicas en reclutar
a los biólogos botánicos.
Las firmas de biotecnología como Mendel Biotechnology Inc. y
Ceres Inc., ambas de California, están tratando de comercializar
plantas, semillas y enzimas para desglosar la celulosa.
Otro interesado es el gobierno. En febrero, el Departamento de Energía
de Estados Unidos se comprometió a invertir US$ 385 millones en
los próximos cuatro años a la construcción de seis
refinerías de etanol celulósico. El mes pasado, este departamento
anunció una inversión adicional de US$ 375 millones en
tres Centros de Investigación de Bioenergía para desarrollar
biocombustibles.
Aun así, pocos científicos creen que se pueda producir
etanol celulósico de forma rentable en los próximos cinco
años.
Koonin, de BP, dice que espera conseguir algunos adelantos importantes
a partir de la inversión de US$ 500 millones que su compañía
le dio al Instituto de Biociencias de la Energía.
De todos modos, reconoce que la producción a gran escala podría
tomar hasta 10 años.
Fuente: Por Malia
Wollan
The Wall Street Journal
Julio 11, 2007
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